C.I. 17 Diciembre 1950

CÁTEDRA DEL DIVINO MAESTRO – 015

¡MI PAZ SEA CON VOSOTROS!

01. Mi Rayo de amor desciende y penetra en vuestro corazón. Allí se asienta mi Divino Espíritu en su santuario, aspira el néctar de vuestra ofrenda y el tributo de los que me aman. En las bóvedas de ese santuario escucho la voz de vuestro espíritu que revela vuestra satisfacción.

02. A pesar de las pruebas y de las vicisitudes, sabe elevarse para mostrarse fuerte y confesar a su Señor, que se siente dichoso de ser el discípulo en la mesa del Maestro. Os veo venir de diferentes caminos y lugares de la Tierra, caminando espiritualmente por un solo sendero, empeñados en la lucha como labradores de lo espiritual y de lo material, aprovechando el tiempo que Dios os ha concedido.

03. Día por día recogeréis el fruto de vuestra siembra. Vuestra lucha terrestre da su rendimiento cada vez que vais en pos del descanso; pero la cosecha espiritual no la podéis recoger todavía, porque de ello se va a encargar vuestro espíritu cuando el tiempo sea llegado.

04. Analizando vosotros vuestros sufrimientos, pruebas, luchas y sinsabores, llegáis a comprender que son menores que las penas que otros hombres sufren. Entonces deja de haber lágrimas en vuestros ojos y quejas en vuestro corazón, aceptáis vuestro cáliz y decís al Maestro: “Gracias te doy, Señor, porque todavía mi cáliz no es tan amargo como el que mis hermanos están bebiendo.”

05. Cuando llegan los rumores de exterminio, de muerte, de desolación y terror a vuestros oídos, vuestro corazón se llena de pena y vuestro espíritu solloza. Es cuando se eleva la oración de mi pueblo, es cuando lo contemplo lleno de temor, no solamente por vuestra vida y tranquilidad y la de los vuestros, sino porque sabes ya sentir el dolor de vuestro Semejante, porque presientes la prueba y el juicio a que estás sujeto. Sientes la responsabilidad que el Padre ha depositado en vuestro espíritu y no sabes entonces qué méritos, qué obras dignas presentarle para alcanzar de Él su perdón, su misericordia y su paz.

06. Cuando contemplo esa confesión sincera, esa humildad en mis discípulos, a pesar de vuestra imperfección, me complazco en atender vuestras peticiones, en coronar vuestros deseos y en ser un mensajero vuestro, de paz y de caridades.

07. Materialmente, estáis habitando en el corazón del nuevo mundo. Aquí me ha placido traer a vuestro espíritu Israelita, le he confiado y preparado una tierra semejante a la Palestina que mana leche y miel. Una tierra abundante y pródiga, con un espléndido sol, con un cielo luminoso, con valles y montañas cubiertos de verdor, con hermosos y caudalosos ríos. Con maravillosas flores y todo cuanto pueda recrear, enriquecer y embellecer vuestra vida terrestre; pero en medio de este esplendor y de estas gracias, veis en vuestro rededor solamente amenazas de muerte y de exterminio, sólo palpáis en el ambiente el espíritu de muerte y de guerra.

08. Llegan espiritualmente a vosotros los ayes de dolor, las imprecaciones, las blasfemias, las ofensas. Os dais cuenta de todo cuanto ocurre sobre el haz de vuestro planeta; pero en vuestra mano no veo el arma fratricida para defenderos, no veo en vuestro corazón el espíritu de guerra. Veo solamente la resignación ante la justicia, vuestro temor ante el odio y la maldad humanos; pero Yo quiero ver algo más que éso en vosotros, pueblo. Quiero ver tu confianza en Mí que soy tu espada, tu escudo y quiero ver también tu preparación espiritual para permanecer firme y fiel, no indiferente ni frío, no cobarde o temeroso, sino valiente, confiado y luchador.

09. Hoy la humanidad, como en los tiempos pasados, vive envuelta en guerras. No ha querido que la semilla de la paz divina florezca y fructifique en el corazón. Desde los primeros tiempos el hombre con su espada de odio ha cortado de raíz la simiente de la paz; pero esa semilla, como el maná de los desiertos, ha caído siempre en el corazón desierto de la humanidad.

10. Yo he enviado espíritus a encarnarse al seno de los hogares con mensajes de paz, ángeles para que en la niñez dobleguen y dulcifiquen el corazón de los hombres y sin distinciones de pueblos, razas y religiones.

11. ¿Qué ha hecho la humanidad con mis enviados? Los ha perseguido, ha puesto en duda su mensaje; los ha calumniado y les ha dado muerte. Yo contemplé en los primeros tiempos las guerras fratricidas en la antigua Fenicia y Siria, y entre los romanos y los griegos. No existió el respeto, el amor y la justicia ni entre ellos mismos, ni de un pueblo para el otro.

12. Nunca vi que el fuerte levantara al débil; nunca vi que el poderoso tendiera su mano al menesteroso. No contemplé que aquel que ostentó la luz de la civilización la llevase con amor, con verdadero ideal a los pueblos que estaban en tinieblas. Siempre sus conquistas han sido por la fuerza, por el odio, por la ambición, por la injusticia.

13. Contemplando el Padre las tinieblas en unos y en otros, envíe al seno de los países, distantes por sus ideologías y por sus costumbres diversas, a mis profetas y precursores, que habían de hablar de la única verdad y habían de conducir a las naciones bajo distintas formas a un solo fin, que soy Yo.

14. Había de hacerme hombre en aquella Era llamada ahora: Segundo Tiempo. Y lo que aquellos dijeron se cumplió, Yo vine a confirmarlo con mi presencia. Mi Doctrina no fue solamente para el pueblo judio, él era el preparado espiritualmente, acrisolado por grandes pruebas desde los primeros remotos tiempos para recibir al Mesías en su seno.

15. Mas el Testamento confiado no era solamente para él, era para todos.

16. Mis discípulos, después de mi partida, se levantaron a cumplir aquella misión de amor, de fraternidad. De entre mi pueblo surgieron mártires, apóstoles, profetas y a su ejemplo, en otras tierras y en otros países, el número de ellos se multiplicó; los servidores de Cristo aumentaron y la semilla del Maestro cundió en el viejo mundo.

17. Fue mi mensaje de paz, que nace del amor, porque la máxima más grande que os enseñé y os envié por conducto de mis discípulos fue la de Amarse los unos a los otros, con el amor con que el Maestro ama a sus discípulos. Fue entonces cuando aquel pueblo el Maestro les abrió el camino, les iluminó para encontrar un nuevo mundo, poblado también por creaturas humanas poseedoras de espíritu, que como todos, son destellos de mi propia Divinidad.

18. Era menester que en las tinieblas espirituales de este nuevo mundo se hiciera la luz. En el antiguo continente estaban los discípulos, poseedores de la semilla, los conocedores de la verdad, que poseían una luz más radiante que la que podían poseer éstos que también se elevaban a Mí, me buscaban ardientemente y llegaban al sacrificio por agradar a su Dios.

19. Su culto imperfecto siempre fue recibido por el Padre; pero Él deseaba que todos los hombres penetrasen en el verdadero camino y construyesen el verdadero santuario, para que todos se amasen sin distinción de colores, de razas, de mundos; entonces aquellos hombres atravesaron montañas, tierras y mares y fueron en el nuevo mundo.

20. ¿Acaso la conquista de ellos fue por el amor? ¿Fue la luz y la simiente del Maestro depositada con la pureza con que Yo la había confiado? No. El nuevo mundo, el hermano pequeño, el hijo fue sometido por la crueldad, por la injusticia, por la impostura.

21. Sobre su paganismo se edificó una nueva idolatría; en su corazón, que era virgen, no penetró mi semilla con su original pureza y sí los malos hábitos y las malas costumbres. La mala herencia que procedía de la decadencia de aquellos pueblos, echó raíces en este nuevo mundo, que es un espejo de lo que fue el antiguo, con su despertar, con su esplendor en las ciencias, y en el poder y con su declinar que ya se aproxima.

22. Y después de muchos siglos, ¿qué derecho tiene a reclamar el hermano mayor justicia, obediencia y respeto al hermano pequeño? ¿Qué cosecha puede esperar de su mala siembra? Y ese resultado ya lo ha visto y no es todo, porque es el tiempo del juicio ya.

23. En el nuevo mundo contemplo la Sodoma y la Gomorra, la idolatría y la prostitución desatadas. El abandono, el olvido de las cosas esenciales del espíritu, el relajamiento de las grandes instituciones, la hipocresía, el egoísmo. Todo su esplendor científico y su poderío humano no le bastara para encontrar en ello su salvación.

24. Vosotros que tenéis confianza y creéis que sois aquel mismo pueblo de los primeros tiempos, os preguntáis: ¿Qué debemos hacer? El Maestro os dice: Os contemplo como os vi en aquellos primeros tiempos, rodeados de pueblos fuertes que se hacían siempre la guerra, amenazados y codiciados siempre por vuestra heredad. Vi vuestro esplendor en aquel tiempo y vuestro letargo. Vi como vuestros adversarios os sorprendieron durmiendo, os sometieron a la esclavitud muchas veces y os liberté, para daros testimonio de mi verdad e inspiraros confianza en mi justicia y en mi poder.

25. Así os contemplo ahora, vuestra tierra, vuestra heredad codiciada, rodeados de pueblos, de mundos que se hacen la guerra. No habéis llegado a vuestro esplendor, pero lo contemplaréis y no quiero que después caigáis en letargo. Para eso he venido a prepararos; no será en balde mi venida, mi manifestación, como no lo ha sido ni lo será, la de los tiempos pasados.

26. Mi semilla no muere, puede ser azotada por fuertes vientos, pero si sus espigas son cortadas por los elementos, los granos caen en la tierra y vuelven a germinar. Mi semilla de los tiempos pasados, unida a la que ahora estoy sembrando en vuestro corazón siendo la misma, dará su fruto; la cosecha será hermosa y abundante. Yo, el Divino Segador vendré a segar la mies cuando esté dorada y la depositaré en mis propios graneros, que es mi seno de perfección.

27. Ahora os preparo como a labradores, os estoy haciendo nacer en la verdadera confianza, en la herramienta de trabajo espiritual, para que llegado el instante os levantéis plenos de conocimientos y de fortaleza, al contemplar que tiempos inclementes os azotan, porque vosotros pueblo, en lo espiritual seréis antorcha entre el mundo. Y en lo material, vuestra nación antorcha también delante de las demás naciones.

28. La luz del Espíritu Santo no sólo ilumina a los que oyen su voz a través del entendimiento humano, penetra en todo espíritu; estoy preparando a unos para entregar y otros para recibir.

29. Ya están entre vosotros aquellos que han de dar pasos de firmeza en el camino de la paz, su corazón y su Conciencia he preparado para que esa luz florezca en sus labios y en sus dictados. Unos y otros, unidos espiritualmente para un solo fin, formaréis como una fuente en la que vengan a abrevar los sedientos de paz, de verdad y de justicia. No importa que haya quienes no crean en mi Palabra, la mofa no puede herir mi Corazón divino.

30. En todos los tiempos mis revelaciones, mis profecías han sido puestas en duda y han sido befadas. Ahora os digo, que muchas de mis profecías no esperan el paso de los milenios ni de los siglos, tan sólo los instantes, las horas o los días, para que hasta los más reacios e incrédulos se sorprendan, al verlas cumplidas y despierten a la luz.

31. Vosotros sois aquellos, que por mano providente habéis venido a ser en este nuevo mundo, para cumplir con ese destino eterno de ser bendición entre la humanidad. Si penetráis profundamente en mi Palabra veréis que también estáis recogiendo vuestra propia cosecha. Es la restitución, es la justicia, ¡oh pueblo!; pero mira que en ellas no está la muerte, la condena eterna ni el fuego del infierno.

32. Es el fuego de amor del Espíritu Santo que alarga vuestro camino, proporciona nuevas ocasiones para el arrepentimiento, para la conclusión de lo que habéis solamente iniciado, para la restauración de aquello que habéis hecho imperfectamente.

33. ¡Ved que en mi Justicia hay amor! Os he rescatado con mi propia sangre y quiero que también os salvéis por vuestros propios méritos. No reclaméis a vuestros antepasados su mala herencia. Está llena la historia de hombres que os han legado un buen ejemplo, de seres que os he enviado con mensajes de elevación espiritual, a ellos imitad.

34. De aquellos que hayan sembrado el mal, que hayan solamente dejado errores, leed en ese libro abierto también, para que no caigáis en esos errores. Para que la luz de la experiencia sea grande y forméis para el futuro un pueblo fuerte, un verdadero nuevo mundo, una nueva humanidad y contempléis también una nueva aurora.

35. Tampoco reclaméis a los presentes que en otros continentes viven y os amenazan; espiritualmente no sabéis vosotros quiénes seáis, quiénes sean primeros, si aquéllos o vosotros.

36. La luz simbólicamente vino de oriente a occidente. Ahora del occidente irá al oriente la luz y cuando ambos se encuentren, cuando las razas se fundan, cuando las civilizaciones, la luz y todo se confunda, entonces diréis:“La luz no ha venido de los hombres a los hombres; ha venido del Padre hacia los hijos”. Yo tendré que ser reconocido, ¡oh pueblo!

37. Hoy muchos me rechazan, me niegan y muchos tratan de crear nuevos caminos; pero el camino estrecho está en todas partes: en el corazón, en la Conciencia o en el talento. Enmedio de las tinieblas se abre paso, en la luz misma de los hombres y a cada momento éstos se cruzan con él; es el camino que invita siempre, que ama siempre, porque es el único en donde se puede caer, levantarse y llegar con paso firme hasta la cumbre. Es el que no lleva al abismo ni a las tinieblas; es aquel que por medio de la lucha de ideales y del sacrificio remonta al espíritu hasta la cumbre, y aunque en la misma cumbre los nubarrones le azoten, viene el momento en que la tempestad llega a la luz y todo es esplendor y gloria.

38. En medio de este juicio, confiad, tened paz, pueblo amado; pero no declinéis en el trabajo, no permanezcáis indiferentes.

39. ¿Queréis ir a aquellos campos de dolor lejanos a sembrar un poco de paz y de consuelo? Os lo concedo en esta forma: Si queréis sanar a aquellos enfermos, buscad al más próximo; tomadlo como una representación de aquel ausente y en él depositad vuestro amor y caridad, y en el instante en que vuestro corazón lo esté ungiendo, mi mano poderosa estará acariciando y sanando a grandes multitudes.

40. Si queréis la paz para un pueblo, que os conmueve por su falta de paz, hacedla en vuestro corazón y hogar. Desechad al espíritu de discordia, que vuestra alcoba sea un santuario y vuestra mesa un templo. Yo en ese instante extenderé mi paz y envolveré al Universo. Y os digo que un soldado, en medio de la contienda más feroz, haré que experimente la paz, la confianza y no tema a la muerte ni al dolor; haré también que presienta su retorno al corazón de los que lo esperan. Haré que los hogares desolados, donde falta el padre, donde la madre se ha convertido en hombre para amasar el pan para los hijos, allí llegue el mendrugo, se encienda el hogar y se alegren los corazones de los niños, para que la paz de mi Espíritu que deseáis para aquéllos, sea sentida.

41. Se acerca un día de recordación, de comunión espiritual en que esta humanidad conmemora el nacimiento del Mesías. Los pueblos que aún viven en paz, en paz lo celebran. Los que ya han penetrado en la hora de zozobra, también tratan de olvidar esforzándose, de la angustia y el temor. E invocan a aquel Espíritu Divino, atraen a su propio corazón el recuerdo de aquel advenimiento divino y olvidan lo que pasa en la Tierra.

42. Mas hay muchos que no están en su hogar; muchos se encuentran en el lecho del dolor; otros en el campo de la muerte; otros en las tinieblas de la desesperanza. Y ellos, ¿qué pueden sentir o recibir en esta hora bendita de los que aún conservan paz?

43. Vosotros que ya tenéis Conciencia de muchas cosas, porque el Espíritu Santo os ha revelado misterios, os digo, que os preparéis en esos instantes y elevéis vuestro espíritu al Padre. En esa comunión en que penetréis Yo haré prodigios, penetraré como el buen ladronzuelo en el corazón de cada una de mis creaturas.

44. Llamaré a todas las puertas, la Estrella de Belén brillará y los perdidos, los caminantes, los pastores humildes, los patriarcas, los padres de familia, los buenos y los pecadores, los grandes y los pequeños, la verán brillar en su interior. Aún en aquellos que me presentáis más duros y reacios, Yo haré que sientan la paz de mi Espíritu como una caricia divina.

45. ¡Velad, oh pueblo!, para que la humanidad pueda convertirse en el humilde pastor que llega ante el portal, para que se doblegue, se arrepienta, se sensibilice en esos momentos de conmemoración y llegue ante la humildad de su Señor, de Aquél que no vino a buscar palacios, templos ni pompa para hacerse hombre. Aquél que solamente encontró la humilde gruta en donde los elementos, antes que el corazón del hombre, abrieron su seno para recibir aquel Divino depósito. Fue la roca, fue la paja y fueron las humildes bestias, las que dieron abrigo y calor al Divino Redentor.

46. Hoy quiero humanidad, que la humildad de vuestro corazón sea el cálido pesebre, que la aspereza de él, sea la paja; allí quiero Yo, no nacer porque soy eterno y nací en cuanto hombre en el Segundo Tiempo, y no volveré a hacerme hombre. Quiero renacer en aquellos que me llevan como muerto y que sintáis que Dios se hizo niño, se hizo hombre y fue vuestro Maestro, que con su vida, ejemplos y palabra todo os enseño.

47. ¡Velad, orad y en estos días todo aquello que solicitéis del Padre en vosotros será! Os he enseñado cómo en uno, podéis hacer que alcancen muchos.

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MATRIMONIO

48. Estoy recibiendo de todos vuestra ofrenda; pero hay entre esta multitud una pareja: un mancebo y una doncella que se presentan ante la mirada del Señor para que su amor, su unión sean bendecidos y sancionados.

49. El Maestro no os recibe en esta hora porque en verdad, siempre habéis estado Conmigo y Yo siempre con vosotros.

50. Venís para que mi mano poderosa os unifique y os digo: Ha mucho tiempo que estáis unidos por el destino; pero es menester que los hombres todavía celebren un acto, obedezcan una ley espiritual y una ley humana, para que su unión, su Matrimonio sea reconocido y respetado.

51. No es una ceremonia la que viene el Maestro a celebrar, es solamente una caricia que vengo a daros; es un consejo de Padre y una enseñanza de Maestro.

52. Sois dos espíritus, sois dos corazones a los que vengo a unir en un solo espíritu, en un solo corazón, en una sola voluntad. Habéis estado distantes, en diferentes mundos. Habéis llegado primero el uno, la otra después a este planeta y en ese trayecto, habéis sido probados en vuestro amor; vuestro destino ha sido puesto a prueba y habéis sido fieles al Padre. Habéis sabido cumplir vuestras propias promesas, venciendo con vuestro amor y vuestra fe todos los obstáculos.

53. He aquí, en estos momentos estáis ante la presencia de vuestro Señor, que engalana vuestro espíritu, que lo conforta una vez más para que cumpláis con esta delicada misión, la más sublime que Dios le ha señalado al género humano dentro de lo humano.

54. Vais a penetrar en esta institución de amor, de sacrificio y de vida, de renunciación por el ideal y de obediencia al destino; para que vuestro paso sea firme en la nueva senda, venís en pos de mi fuerza y de mi luz que a raudales se derrama en vosotros.

55. Varón: Lo que pude entregarle al primero en esta Tierra, te lo he dado, te lo confío una vez más en esta hora: El talento, la voluntad, la energía, la fuerza, la vida y la simiente. Llevas simbólicamente en tu diestra una espada, en tu siniestra un escudo.

56. La vida terrestre es una lucha. Los hombres sois los defensores de la humanidad, sois los soldados, los guardianes de la paz, de la justicia y de la virtud. Yo te hago soldado de estas cosas y pongo en tu siniestra, junto a tu corazón a una doncella. Espiritual, moral y corporalmente es una flor, cultivada por mi mano en un huerto ameno; jardín codiciado por el corazón y por las pasiones de los hombres; jardín por el cual María, la Madre Universal, vela siempre y cubre con su manto; jardín que es regado con las aguas cristalinas y puras de aquella Virginidad divina, y son siempre fecundadas con el rocío de la castidad.

57. Esta flor me habéis pedido con humildad y el Padre, con amor y con gracia, te la entrega; es tuya, es lo único que puede poseer el hombre de bienes humanos en esta vida. Ni vuestros mismos padres están ligados a vosotros; ellos se van y os dejan en la senda de la lucha. Ni vuestros hijos, porque ellos como tiernos polluelos cuando sienten que las alas han crecido, abandonan el nido paternal y solamente queda cerca del corazón del hombre, la compañera de su vida, solamente queda la mujer aquella que él eligió.

58. Es mi verbo de amor quien os está fundiendo, quien está enlazando y dando fuerza a vuestro propósito en este instante. ¡Levantad vuestra frente! ¡Caminad con paso firme! ¡Sed el uno de la otra cirineo! ¡Sed el uno para el otro báculo! ¡Sed manto que enjugue su llanto!, porque espiritualmente sois iguales. No existe sexo ni diferencia en el espíritu. No está ninguno de los dos espiritualmente antes que el otro; pero ya encarnados ambos, he colocado primero al hombre y después a la mujer.

59. Ser hombre para un espíritu, es prueba a que Dios le sujeta. Ser mujer para un espíritu es restitución también.

60. En el hombre está la fuerza y debe estar siempre la comprensión. En la mujer, en su corazón preparado con ternura y sensibilidad, anida el espíritu de sacrificio.

61. Ambos se complementan, ambos forman una sola cosa y de esa unión, de esa comunión de espíritus y de cuerpos brota la vida, como un río eterno, inagotable. De esa semilla y de esa tierra fecunda, brota también el trigo que no tiene fin.

62. Yo os bendigo y os uno con mi abrazo divino, con mi ósculo de Maestro. Os dejo como un ejemplo entre este pueblo. Sois de los últimos matrimonios que bendigo a través del entendimiento del hombre, los que habéis llegado con preparación espiritual, con respeto y consciencia.

63. Este pueblo os sirve de testigo y lo hago también responsable de vosotros. Es vuestra sociedad dentro de la cual vivís. Quiero que ellos con su elevación espiritual en este instante, siembren de ventura vuestro sendero, se regocijen siempre al contemplar vuestra sonrisa y vuestra paz, y os bendigan siempre en vuestra multiplicación como Yo os bendigo, y os hago simiente y tierra fecunda, ¡porqué esta es mi voluntad!

64. No ha sido la mano del ministro la que ha sancionado vuestra unión. Es mi Ley eterna, que es mi amor. Os bendigo y os conduzco por el camino de la Ley, del cumplimiento; al finalizar vuestra jornada rendiréis cuentas a vuestro Señor. En ese instante recordaréis claramente esta Obra y escucharéis nuevamente el eco de esta Palabra, no el eco humano, sino aquel que se escucha en lo más profundo de la Conciencia y diréis:“El Padre que trazó el camino a nuestros espíritus, hoy nos dice que hemos llegado al final para rendir cuenta y tributo”.

65. Allí os espero en mi morada, en la cumbre del monte para que podáis contestar a vuestro Señor. Quiero recibiros como en este instante, con mis brazos abiertos, quiero bendeciros una vez más cuando lleguéis.

66. Hoy os doy la simiente, una sola; mañana vais a entregármela en multiplicación. Que esa simiente sea grata al Señor, podéis confirmarlo en vuestro paso, si es grata también a vuestros corazones.

67. ¡Yo os bendigo y os uno!

68. El manto de María os bendice, os da calor, os embelesa, os impulsa para ir por la senda de la virtud, paso a paso, como Ella os ha dicho siempre con esa mansedumbre, con esa humildad de que ha dado ejemplo la Madre entre sus hijos.

………………..

69. He aquí pueblo, todavía me tenéis a través del entendimiento humano y vuestros audífonos dejan pasar al corazón y a la mente esta Palabra; pero se acerca el tiempo en que más no me tendréis así y en esos tiempos, ¿cómo podréis celebrar este acto de la unión Matrimonial? No quiero dejar duda ni incertidumbre entre mi pueblo y os digo: Aquellos que la vida, las pruebas, las vicisitudes, no os hayan permitido llegar ante mi planta y escuchar mi bendición a través de los Portavoces, no temáis, no sollocéis, porque una gracia muy grande tengo preparada para vosotros.

70. Ya veis hoy, el momento de celebrar este acto no es el de vuestra unión, ya veníais destinados por mi mano; pero sí es permitido y mandado por Mí que celebréis delante de los ojos y de la Conciencia de los vuestros, este acto para que seáis en vuestro Matrimonio respetados, reconocidos.

71. Todavía la intuición y la elevación del espíritu humano, no es tan grande como para contemplaros unidos por mi mano, aún no estando unidos por las manos de los hombres.

72. Ese tiempo llegará y entonces no habrá la duda en el hombre ni en la mujer cuando se encuentren; ellos conocerán también la hora y sabrán penetrar con confianza y firmeza en su unión Matrimonial, y los hombres no se levantarán para desgarrarlos ni juzgarlos, por no haber sido sancionada por un ministro, ante un altar. Ese tiempo es futuro, pueblo, y estas cosas así serán mientras la verdadera elevación llega a vosotros.

73. Hacedlo en vuestra congregación delante de los que como apóstoles del Espiritualismo caminan. No tendréis delante de vosotros ningún ministro, ni los que fueron Portavoces ni los Guías os unirán, porque ellos no son poseedores de vuestro destino. Yo espiritualmente os bendeciré. Vosotros os elevaréis de espíritu a Espíritu, y los videntes profetizarán dando testimonio de esta mi verdad. Aquella elevación de espíritus será un acto sublime, en el cual Yo os bendiga y os llene de mi gracia.

74. Si en aquel instante solemne, en que dos espíritus se funden en uno solo para marchar en esta senda de sacrificio, de abnegación y de amor, queréis dar lectura a mis Cátedras y enseñanzas pasadas sobre estos casos, podréis hacerlo y ante mis palabras, vuestra Conciencia y vuestros pasos se afirmarán en vuestra senda.

75. Dentro de esa sencillez quiero contemplaros el mañana. ¡Bienaventurados aquellos que llenos de conformidad y alegría celebren así su acto, porque ellos tendrán una gracia muy grande durante toda su jornada!

76. Vendrán entonces de otras religiones y otras sectas, y mientras unos despierten y comprendan la verdad, otros se escandalizarán; pero si vosotros tenéis fe y confianza en mi Obra divina, en que voy siempre delante y estoy en todos vuestros actos. Mostrad antes que con los labios, vuestras virtudes y obras a lo largo de vuestra vida, y así, daré a comprender a la humanidad que en verdad un lazo de gracia, de amor y de eternidad os une.

77. En el Segundo Tiempo penetré en el hogar de los muchos Matrimonios unidos por la ley de Moisés y, ¿sabéis como encontré a muchos? Riñendo, destruyendo la simiente de paz, de amor y confianza en el corazón; contemplé guerras y discordia en el interior de esos corazones, en su mesa y en su lecho. Penetré también en el hogar de muchos que, sin haber sido su Matrimonio sancionado por la ley de Moisés, se amaban, vivían como las alondras en el nido, dándose siempre caricia y calor.

78. ¡Cuántos hay que viviendo bajo un mismo techo no se aman y al no amarse no están unidos, están distantes, separados espiritualmente; mas no lo hacen en lo material, por temor a un castigo divino o a las leyes humanas, al juicio de la humanidad. Eso no es Matrimonio, no es unión, eso no es verdad.

79. Sin embargo, penetran entre las multitudes, visitan los hogares y los templos, transitan por los caminos y la humanidad no les juzga, porque ellos ocultan la mentira. Y, ¡cuántos tienen que ocultarse para esconder su verdadero amor, su verdadera unión, en el rincón de su alcoba!

80. Hoy todavía la humanidad no está elevada para juzgar bien estas cosas. Los hombres de las leyes espiritual y humana, sancionan y juzgan sin verdadera justicia; pero esos tiempos que os anuncio vendrán.

81. Entonces volveréis a ver como en los tiempos patriarcales antes de Moisés, en que las uniones se hacían como he hecho con estos mis hijos en este instante: espiritualmente. Como vais a hacerlo en los tiempos venideros, en la presencia de los padres de los desposados, de los amigos y de los parientes, en el seno de aquella Espiritualidad, de aquella fraternidad, de aquel regocijo.

82. Cuando los hombres de paz y de buena voluntad abunden en la Tierra, mis divinas instituciones y mis leyes, veréis florecer y endulzar vuestra vida. Los tiempos de la paz, concordia y bienestar, volverán sin mengua de vuestra civilización, de vuestras ciencias y adelanto en otros ordenes.

83. Por el contrario, si el hombre mucho ha descubierto, si ha arrancado a la Naturaleza muchos de sus secretos, aún en medio de su impreparación, de su falta de elevación, de su carencia de amor y caridad espiritual, ¿qué será cuando él ya se eleve a Mí para que Yo, como Espíritu Santo, le revele los secretos? Entonces haré que mis hijos hagan de este Valle, un mundo de verdadera elevación y de luz para recreo, redención y bienestar de todos, con lo que el Padre que es Luz se recreará, porque Él quiere que sus hijos sean los hijos de la luz.

84. He estado como Padre, como Maestro, como Doctor y como Juez. ¡Llevadme así!, y si queréis llevarme de por siempre, no me encerréis en vuestro corazón, quiero que él me abra las puertas cuando ante vosotros se presente aquél que me busca.

85. Que Yo esté solamente allí, porque si el egoísmo penetra, Yo tendré que salir y os sentiréis solos, débiles, sentiréis frío y vacío en vuestro corazón. Quiero que él siempre esté lleno de mi Espíritu, como en este instante os he llenado. Al Universo le he envuelto en la luz de mi Rayo Universal, que es rayo de paz y de amor.

86. ¡MI PAZ SEA CON VOSOTROS!

17 DICIEMBRE 1950.

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