C.I. 01 Octubre 1950
CÁTEDRA DEL DIVINO MAESTRO – 006
¡MI PAZ SEA CON VOSOTROS!
01. Pueblo amado, sois vosotros los que en verdad habéis creído en mi venida en este tiempo y aún en las postrimerías de mi comunicación venís presurosos, sin fatiga, en pos de mi Palabra. Muchos han sido los llamados y pocos los que me han creído, comprendido y sentido mi presencia en este tiempo; pero mi fuente la he brindado a todos. Sus aguas se han desbordado con prodigalidad.
02. Si en aquel Segundo Tiempo os dije: ¡Bienaventurados los que han creído sin ver! Ahora os digo a vosotros: ¡Bienaventurados los que habéis creído y perseverado sin verme!
03. No vine a sorprenderos en este Tercer Tiempo con mi venida, porque Yo os lo anuncié. Después de que partí entre los hombres de aquel Segundo Tiempo, cada generación esperaba ansiosa mi venida; cada generación creía ser la agraciada para tener el cumplimiento de la promesa. Mas las generaciones pasaron.
04. Multitudes de seres vinieron a encarnarse a esta Tierra y tornaron al Más Allá, sin que sus ojos pudieran haber contemplado el cumplimiento de aquella promesa del Maestro. Los siglos transcurrieron y aún los milenios, y cuando la humanidad había borrado de su corazón la promesa, cuando muy pocos velaban esperando el advenimiento del Espíritu Santo, el Señor llegó entre los hombres nuevamente.
05. Mas la forma que el Señor escogió para estar entre sus nuevos discípulos a los hombres sorprendió; pero en verdad os digo: Cualquiera forma que Yo hubiese escogido para comunicarme entre vosotros, hubiese confundido a unos, hubiese sido causa de duda y aún de mofa para otros. Solamente los que saben perseverar con el espíritu despejado y preparado, son los que pueden sentirme a través de cualquiera forma que Yo elija. De entre esos que han perseverado en la preparación, estáis vosotros.
06. La promesa fue hecha a todos, en verdad. Cuántos y cuántos que habían llegado en este tiempo a escuchar mi voz divina a través de los Pedestales, bajo la humilde techumbre de estos recintos, son de aquellos mismos que supieron de mi promesa, que la guardaron en su corazón, que la llevaron en sí mismos por largo tiempo y cuando tuvieron el cumplimiento de ella dudaron, no sintieron, no creyeron ni comprendieron lo que he venido a revelaros en este Tercer Tiempo.
07. Es Revelación del Espíritu Santo. No ha sido obra humana ni inspiración de hombre alguno.
08. Muchas pruebas os he dado, de que por sobre las obras de mis hijos persiste y palpita con toda perfección, la Obra del Padre. Elegí como instrumento y como medio para mi comunicación en este Tiempo al mismo hombre por razones divinas, por razones de amor a vosotros, razones que no son ni deben ser un misterio, ya que muchas veces os he dicho: Sois algo muy valioso para el Padre, y aun cuando en vuestro fondo os sentís muy indignos de mi amor y de mi gracia por vuestras faltas, Yo veo más allá de ellas y de vuestras imperfecciones, a algo que es parte mi propio Espíritu, a mi hijo.
09. ¿Acaso vosotros como humanos amáis solamente a vuestros hijos buenos y desconocéis a los malos? Yo he visto que como padres, sois muchas veces más solícitos con el perverso, más pacientes con aquel que más os ofende. Y si vosotros como humanos hacéis estas cosas, ¿qué no podéis esperar del Padre que es todo perfección en su amor?
10. Yo no os veo indignos. Yo os contemplo, en verdad, con amor perfecto y no cierro nunca mi camino a la salvación y a la redención vuestras. Mis puertas siempre están abiertas y estarán para el arrepentimiento. Por eso es que os escogí para hablar por vuestro propio espíritu y el eco de mi voz pasando a través de vuestro espíritu, hiciera hablar a la carne con el lenguaje humano, para que mi Palabra quedará humanizada entre vosotros.
11. Si el Padre no vino en este Tercer Tiempo a tocar con suplanta el polvo de la tierra, si no vino a encarnar su Verbo como en el Segundo Tiempo, ¿por qué había de escoger algún otro medio de hablar a los hombres, que no fuera vuestro propio conducto? Esa ha sido mi voluntad y a través de esta comunicación por el conducto humano he sido creído, comprendido, sentido y amado por muchos; pero muchos otros más han dudado por causa de esta mi comunicación.
12. He ordenado y concedido a mi Mundo Espiritual comunicarse en la forma en que el Maestro lo hace por medio de las Facultades agraciadas y destinadas para este servicio, y por muchos que han llegado a conocer mi Obra, ha sido creído el Mundo Espiritual y por muchos otros, ha sido puesta en duda.
13. Yo he recibido a todos con el mismo amor. Invisibles mis brazos han estado abiertos, recibiendo uno a uno de los que van llegando ante la presencia de la Obra del Espíritu Santo. Sin embargo, pueblo, una vez más os digo: No todos han dejado que su corazón sienta mi He visto que los unos han llegado con los ojos del espíritu abiertos y sin contemplar la parte exterior, las formas superficiales de mis servidores, han logrado encontrar la esencia de la Palabra del Maestro en donde habita su propio Espíritu.
14. Pero otros muchos han llegado con mirada escrutadora juzgando la parte exterior, juzgando la indumentaria de mis siervos, su palabra, sus actos, su vida privada. Cuando han encontrado imperfecciones en mis labriegos, han puesto en duda mi Obra, mi presencia y aún han llegado a la mofa y a la blasfemia. Otros han tomado la palabra que vierten los labios de los Portavoces para escudriñarme cual jueces severos y cuando han encontrado en el exterior de la palabra, en la forma de ella alguna imperfección, la han atribuido injustamente a mi Obra, sin estudiar aquellas palabras que el Maestro siempre os ha dicho.
15. Yo he venido en este tiempo a comunicarme por conducto del pecador. No he buscado al virtuoso ni al justo, ni al sabio, sino al torpe y pecador y aún más, os he dicho siempre a través de todo Ruiseñor y en todo recinto: ¡Oíd bien mi Palabra! Penetrad al fondo de ella para que encontréis su esencia en la que Yo estoy, para que podáis dar a Dios lo que es de Dios y dejar a estas materias lo que a ellas corresponde.
16. Mas como no todos han sabido estudiar ni perseverar en mis enseñanzas, como no todos han sabido penetrar como párvulos, que quieren convertirse en discípulos para luego ser los maestros, he ahí porqué muchos me han vuelto la espalda, porque muchos que deberían ahora ser mis grandes labriegos, Yo los contemplo arrastrando un fardo pesado, que es la vida, un vacío en su corazón y un reclamo en su Conciencia. No supieron ir directamente al Maestro para contemplar su faz, para entender su Palabra, para sentir su amor y recibir su verdad.
17. Quisieron llegar a la verdad a través de las imperfecciones de mis discípulos y la verdad del Padre muchas veces se empaña con los actos de sus párvulos. Por eso a los que han permanecido firmes en mi camino les he entregado mi sabiduría, les he corregido, les he puesto de manifiesto los grandes misterios que antes estaban vedados; he desbordado el mundo del Más Allá en gracia y en complacencias espirituales sobre los labriegos, sobre mis nuevos discípulos y no solamente enseñanzas he derramado, sino también pruebas en el camino de la vida de cada uno de ellos.
18. ¡Cuánto os he probado, mis pequeños! Os probé a todos para que llegaseis al conocimiento de esta mi venida, con pruebas sabias, de acuerdo con el destino, con los sentimientos y con la evolución de cada espíritu, y así por medio de esas pruebas llegasteis a conocer mi nueva venida, a escuchar la Palabra del Maestro a través de los Portavoces humano
19. Los que habéis permanecido fieles a Mí y os habéis ido convirtiendo de párvulos en discípulos, habéis seguido siendo probados por mi mano con pruebas sabias en verdad. No os dejo morir en las pruebas; no os dejo perecer ni flaquear, mi fuerza os acompaña y mi luz os ilumina siempre. Mi bálsamo se desborda en todos y mi consuelo.
20. Cada prueba, va dejando su simiente de fortaleza en vuestro espíritu y en vuestra materia y, ¿por qué os prueba tanto el Maestro? Porque quiero, oh discípulos, que cuando os deje en mi lugar, ya convertidos en maestros vayáis a predicar mi Doctrina entre los hombres, a todo el mundo más con vuestros ejemplos, con vuestros actos que con la palabra.
21. En verdad os digo, tiene más fuerza una obra vuestra que mil palabras de vuestros labios, porque vuestros labios pueden proferir mis palabras que son perfectas, mas si no les dais cumplimiento, si vosotros como mis discípulos no las vivís, si vuestro corazón no las siente, esas palabras no encontrarán eco en el corazón de vuestros hermanos. Mas si vosotros dais ejemplo, sea de fortaleza espiritual, de fe, de paciencia, de amor, de perdón o cualquiera de las virtudes que Yo os he venido enseñando, ello estremecerá y conmoverá el corazón de vuestro hermano por reacio y duro que sea.
22. Quiero que todos aquellos que vayan penetrando en el seno del pueblo de Israel y quieran contemplarme a Mí y creerme a través de vosotros, puedan en vuestro ejemplo, en vuestra palabra y en vuestro pensamiento encontrarme a Mí, hallar mi verdad. Quiero que cuando Yo os deje mi lugar no dudéis de vuestra fortaleza en las pruebas, no tengáis temor de flaquear en las vicisitudes. Quiero que entonces vosotros estéis plenos de confianza y estéis satisfechos de vosotros mismos.
23. En el Segundo Tiempo Jesús hablaba a las multitudes. Su palabra era plena de perfección. La mirada perspicaz del Maestro descubría la vida interior de cada creatura que a Él se acercaba; descubría la duda en los unos, la fe en otros, las necesidades espirituales o corporales; la burla que se ocultaba detrás de la faz, las vanidades humanas y todo aquello que necesitaba de su luz, de sus enseñanzas. Mas, a pesar de que Su palabra era tan clara, de que el Maestro sabía hacerla sentir en todos los corazones, también en aquel tiempo los hombres persistían, en buscar la verdad del Señor a través de los actos de los que a Él seguían.
24. Antes que ir la mirada espiritual en pos de la esencia, iban los ojos materiales al exterior y juzgaban al Verbo Divino a través de la túnica humilde que Jesús vestía. Veían sus pies desnudos como los de cualquier caminante y dudaban. Juzgaban los actos de los discípulos del Maestro y no todos sus actos les parecían buenos; los escudriñaban en su palabra, los seguían también cuando ellos se sentaban a la mesa; se escandalizaban al contemplar que sus manos no lavaban para tomar el pan y no se conformaban con juzgar, sino que les hacían reclamos al Maestro.
25. Mas Yo no les había dicho todavía a las multitudes: ¡Oíd a estos! Yo nunca les dije a ellos en el tiempo que Yo prediqué: “Estos ya son maestros.” Eran los párvulos que no llegaban todavía a la perfección. Eran las rocas que estaban siendo pulimentadas con el cincel divino del amor del Maestro.
26. Cuántas veces mis apóstoles, en su inocencia trataron de apartar a los niños que venían con las madres a oír mi Palabra, creyendo que con ello rodeaban a su Señor de mayor recogimiento; creyendo que aquellos niños nada tenían que recibir del Señor y cuando estas cosas hicieron, cuánto dolor llevaron los corazones de las madres y con cuánta presteza volvieron su espalda, renegando y dudando de la presencia del Mesías.
27. El pueblo estaba atento a los actos del Señor y a las obras de sus discípulos. Cierta vez uno de mis discípulos trató de defenderme esgrimiendo el arma homicida y su acto fue censurado por las multitudes y así como eso, la vida privada de ellos era también seguida, escudriñada y juzgada por el pueblo y por causa de ello no fui creído por muchos; pero el instante llegó en que los discípulos se convirtieran en maestros y el Señor los dejará ocupando su
28. El Maestro derramó la gracia de su Espíritu sobre aquellos que habían perseverado, sobre aquellos que le habían seguido con firmeza y fidelidad hasta lo último y ya ungidos, los envió como ovejas entre lobos. Las imperfecciones, los errores, la ignorancia habían caído de todos ellos. Ya podían representar entre la humanidad a su Señor; ya sus pensamientos, sus palabras y sus obras podían todas dar testimonio de Aquél que los enviaba; ya podían ser escudriñados por todos, que ellos siempre estarían presentando la verdad de su Maestro a través de todas sus manifestaciones, y esto es lo que quiero de vosotros pueblo.
29. Voy a dejarme de comunicarme como lo he hecho a través de estos tiempos, y os voy a revestir de mi gracia, os voy a llenar de mi fortaleza, y os voy enviar también como ovejas entres lobos; pero no os parezca imposible vuestra misión, ni os creáis incapaces dar un ejemplo bueno a la humanidad.
30. Insensiblemente iréis penetrando a la vida virtuosa y vuestra vida toda será un ejemplo y un testimonio de que estuvisteis en este tiempo de enseñanzas, de que sois mis discípulos. Yo en verdad, os reanimo y os digo que sois capaces de muchas cosas, porque de cierto os digo, que Yo he contemplado maravillas que en mi Nombre habéis hecho. Que no ha sido en vano la Enseñanza ni mis dones, que en cuantas ocasiones los habéis puesto en práctica con toda fe, con toda confianza en Mí, vuestros ojos se han maravillado y habéis maravillado también a los incrédulos.
31. Mi ojo contempla aún aquello que vosotros no contempláis, aún cuando ello está muy cerca de vosotros. No sabéis la fuerza de vuestro ejemplo, la influencia de vuestra virtud, de vuestros actos, en los demás. Yo sí lo contemplo; Yo sí veo brotar esa simiente de vuestro espíritu, la veo sembrarse en el corazón de vuestros hermano
32. Esa es la siembra espiritual, la que muchas veces no harán vuestros labios con la palabra; pero las miradas de la humanidad, que están fijas en vuestros actos para conocer si en verdad vosotros estáis en el camino de la verdad, esas miradas son las que descubren vuestros ejemplos de paciencia, de fortaleza, de amor.
33. ¡Cuántos altares levantados al fanatismo y a la idolatría han caído por virtud de vuestra propia Espiritualidad! ¡Cuántos corazones desavenidos se han tenido que unir contemplando vuestro ejemplo! ¡Cuántos espíritus débiles por los vicios de la carne, se han fortalecido también contemplando vuestra fortaleza ante las tentaciones y pruebas de la vida!
34. Eso es lo que quiero que vosotros vayáis hacer entre la humanidad: Sembrar el ejemplo espiritual, sembrar de paz este mundo, predicar la paz con el ejemplo, inundar de paz los caminos y los corazones, llevar mi Doctrina de paz en la mirada, en los labios, en el corazón, en todas las células de vuestro cuerpo y en todas las potencias de vuestro espíritu; y una vez más os digo:
35. Que la ausencia de mi Palabra entre vosotros no sea causa de vuestro enfriamiento; que la desaparición de estas manifestaciones no vaya a ser causa de distanciamiento entre vuestros corazones. Todavía está lejano el tiempo en que vosotros podáis vivir desunidos como discípulos del Señor, es menester que los unos y los otros os sigáis dando calor, vida y fortaleza.
36. Quiero contemplaros por un tiempo más, después de mi partida, reunidos, porque Yo estaré presente. Yo siempre acudiré a derramar la inspiración de mi Espíritu Divino sobre los que se congreguen para atraer mi luz. Quiero contemplar a vuestro corazón latiendo con impaciencia, como ahora lo hacéis por venir a escucharme; que así también os levantéis para reuniros y en esa reunión sea analizada mi Palabra; que nunca la discusión, que nunca la violencia presida vuestras reuniones.
37. Yo os doy la llave para que cerréis la puerta a toda tentación, para que esa misma llave abra la puerta a toda inspiración de mi Espíritu Divino, y así en vuestras reuniones recibiréis, como un rocío incesante, como un fecundo rocío, mi Palabra, mis nuevas revelaciones, mi bálsamo.
38. Que la Espiritualidad, el recogimiento y la elevación sean con vosotros en esas ocasiones; pero no os concentréis solamente en vosotros. Si habéis traído siempre nuevos corazones ante la presencia de la Palabra del Maestro, en aquellos tiempos también atraed a vuestro seno a los enfermos, a los débiles o cansados en la vida, a todos los que sufren, a los hambrientos y sedientos de sustento espiritual, a los desengañados de las falsas doctrinas, a los humillados.
39. A todos ellos atraed al seno de vuestras reuniones y allí dadles consuelo, sanadles sus heridas, elevad todas vuestras oraciones ante el Padre, buscándolo como Doctor para que Él derrame su bálsamo divino sobre aquellos enfermos y os digo, en verdad, que me bastará vuestra oración para hacer milagros, para hacer maravillas entre vosotros, para que el ciego vea, para que el paralítico camine, para que el leproso se limpie, y el sordomudo oiga y hable.
40. ¡Cuánto más espiritual sea vuestra reunión, mayores prodigios veréis! Yo haré para ese tiempo que entre vosotros se levanten los que os ayuden a analizar mis pasadas enseñanzas. Ellos meditarán lo que van a decir; mas cuando estén diciendo lo que ya meditaron, Yo los sorprenderé y diré lo que ni siquiera saben.
41. Esa es comunicación de Espíritu a espíritu. No hablará ninguno de mis hijos por vanidad. No adulareis vosotros a ninguno de ellos. No dejaréis que la mala simiente de la envidia o de la intriga penetre en vuestro seno.
42. Así como en estos últimos años he premiado vuestra preparación, vuestro recogimiento, con mi Palabra divina llena de esencia y con mis beneficios, así quiero en aquellos tiempos premiar vuestra elevación y vuestro celo en mi Obra.
43. Quiero que los ignorantes de las cosas espirituales lleguen entre vosotros y se llenen de sabiduría, se interesen por mi Obra y entonces pregunten, ¿qué os dijo y enseñó el Maestro? Y ese álbum que en lo material mis Plumas de Oro forman y escriben por mi inspiración divina, será testamento para todos, será tesoro poseído por todos vosotros. No quedará como escrituras de tiempos pasados, ocultas en el corazón de unos cuantos. Mi sabiduría, como esa fuente de que os hablo, se desborda sobre todo corazón y espíritu.
44. Mas sed celosos de esas páginas, oh pueblo. No las releguéis en el rincón de vuestro olvido, porque ellas serán armas en los días de lucha, cuanto todavía vuestros labios no adquieran todo el desarrollo debido para hablar entre la humanidad. Cuando vuestra memoria sea frágil y olvide mis lecciones, acudiréis a esas páginas y en ellas hallaréis mi luz, la misma con que os hablé y esa luz penetrará en el corazón de aquellos a quienes estáis dando testimonio o doctrina, y ellos, por medio de estos escritos y de vuestras palabras, también se estremecerán y creerán.
45. Todo esto os dejo para vuestra preparación, preparación que vais a alcanzar en ese tiempo, que desde ahora Yo os concedo, después de la partida de mi Palabra, para que estéis unidos analizando y meditando la Obra del Señor; veréis cómo llega el instante en que el espíritu del pueblo se sienta fuerte, valerosos y ferviente para la lucha.
46. No tendréis que preguntar en este mundo si ya es hora de levantaros. Vosotros mismos los sentiréis. Los profetas de este tiempo lo testificarán, porque para ese tiempo tienen ellos grandes responsabilidades. Para ese tiempo sus pupilas espirituales aún más penetrarán de lo que hasta ahora han penetrado y su testimonio, limpio, sin vanidad, sin deseo de grandeza propia, sino plenos de humildad y mansedumbre, servirá también de guía a vuestros pasos.
47. Los acontecimientos del mundo también os llamarán; ellos os pondrán en alerta y os dirán que la hora es ya. Entonces, llenos de sumisión vosotros y en armonía, os levantaréis a cumplir con la misión de la que en verdad ahora os estoy encargando. ¿Qué podéis ignorar para aquellos tiempos? ¿Qué interrogación humana podrá hacer callar vuestros labios?
48. Yo os digo que mi Obra que os he enseñado con palabra tan sencilla, todo lo resuelve y todo lo explica. Mas con la sencillez con que Yo os he enseñado quiero que también vosotros contestéis las preguntas de la humanidad. Así seréis, en verdad mis apóstoles, así seréis mis verdaderos discípulos. Así la humanidad os podrá contemplar como verdaderos consejeros y maestros.
49. Las comarcas verán en vosotros un baluarte. Los profetas serán creídos. Vuestras manos balsámicas, saludables, serán buscadas; vuestro consejo solicitado y vuestra oración e intersección, pedidas también en los momentos de prueba por la humanidad.
50. ¡Qué hermosos tiempos para vuestro cumplimiento, oh pueblo! ¡Qué gran oportunidad para que vosotros solacéis vuestro espíritu en mi Obra! Gocéis de los dones que el Espíritu Santo en vosotros ha posado y llore de dicha vuestro corazón contemplando la redención y la conversión de los pecadores. Mirando cómo aquellos que como parias habían caminado por los caminos de abrojos del mundo, se van levantado tras de vosotros, plenos también de los mismos dones vuestros, porque es lo que vais a labrarle a la humanidad, ¡su redención y la recuperación de sus dones!
51. Yo os he dicho: Lo que doy, jamás lo quitó, pero que sí retengo. De todo aquello que en la humanidad se encuentra retenido de todo ello volverá a recrearse, volverá a poseerlo, de todo ello volverá alimentarse.
52. Ya es tiempo, Israel, que comprendas tu misión. Ya es tiempo que en verdad te consagres y te prepares, porque tu nueva preparación va a ser limpia, no va a llevar fanatismo ni idolatría, no va encerrar misticismo, ni teorías humanas; no vais a ser los ministros de las formas ni de los ritos, sino los humildes maestros que vais a penetrar en el tiempo de los hechos.
53. Os dice el Maestro que ya es el tiempo de vuestra preparación, porque la humanidad ya está en el tiempo de despertar, ya está a punto de renunciar al mundo y quiero que cuando ese despertar sea entre la humanidad vosotros ya estéis preparados.
54. Vais a ser los testigos de muy grandes acontecimientos sobre el haz de vuestro planeta. Veréis como naciones que por mucho tiempo fueron enemigas, se unirán. Muchas razas opuestas su fusionarán. Muchas doctrinas que dominaron pueblos serán abolidas por los mismos hombres. Nuevas doctrinas surgirán entre la humanidad. Yo permito el surgimiento de ellas, porque las nuevas doctrinas de lo humano van a tender a lo espiritual; van a ser movimientos o agitaciones precursoras de la Espiritualidad entre los hombres. Para ello os preparo, para que cuando veáis el cumplimiento de estas cosas, sepáis que momentos de grande transcendencia estáis viviendo, y que en esos instantes, algo también grande vosotros debéis hacer.
55. Muchos llamados sabios veréis confundidos y quebrantados en su sabiduría, como también muchos que han sido perseguidos y humillados por su amor a la justicia, brillarán en aquel tiempo.
56. La vida espiritual se manifestará con plenitud en vuestro planeta. Hará sentir su influencia y su vida sobre los hombres y los grandes materialistas callarán sus labios, cerrarán sus libros y abrirán sus ojos espirituales, para contemplar la vida que han negado y las puertas que han cerrado a grandes multitudes.
57. Mas Yo a nadie le negaré mi La puerta está abierta. La luz que hay en el interior de aquel recinto que es el Más Allá, que es la eternidad, por esa puerta invito a todo espíritu a elevarse.
58. Una vez más afirmo en vuestro espíritu la confianza, la certeza de que el Espiritualismo puede estar en cada uno de vuestros actos, siempre que vuestros pasos estén en la senda de la justicia, del amor y de la virtud.
59. El Espiritualismo, que es mi propio Reino, cuando él se asiente en el corazón de todos los humanos, iluminará la vida del hogar, fortalecerá a los padres en la virtud, a los matrimonios en la fidelidad, a los hijos en la obediencia y en la honra a sus padres. A los maestros los colmará de sabiduría terrestre para el bien de vuestra vida humana. A los gobernantes de magnanimidad, a los jueces de verdadera justicia. A los científicos de potente luz que les revele las nuevas y grandes cosas que mi arcano guarda para todos los tiempos venideros, para la humanidad del futuro; luz que ha de revelar a los hombres de la ciencia cosas para el bien, para el perfeccionamiento, para la evolución de todos los espíritus en el haz de la Tierra.
60. Espiritualismo no quiere decir misticismo ni fanatismo. Es la simplificación y la elevación de todas las cosas. A ese camino os he llamado y os he ido haciendo penetrar paso a paso.
61. ¡Cuán pocos me han comprendido! ¡Cuán pocos van vislumbrando la verdadera esencia de la Doctrina del Espíritu Santo! ¡Cuánto letargo puedo contemplar todavía en el seno de mis nuevos discípulos! ¡Cuánta persistencia en las tradiciones y costumbres pasadas! ¡Cuánto temor a renunciar a muchos hábitos y a muchos ritos, que son obstáculo para que el espíritu del pueblo avance, que son como un abismo que ha estacionado el paso de esos discípulos!
62. Pero Yo los probaré. Yo los ayudaré, en verdad a salir de ese abismo de ignorancia y de fanatismo, para que se levanten y contemplen en plenitud la Obra Espiritualista. Y así, todos podáis estar unidos en un solo propósito, bajo una sola preparación, para orar por la paz del mundo, para predicar la paz de mi Espíritu, para sembrar de paz esta morada que os he confiado. Porque es una de las más altas misiones que el pueblo de Israel tiene, esa paz que es en verdad reflejo de la felicidad espiritual del Más Allá; porque todavía la oración de este pueblo no es lo suficientemente fuerte por la falta de unificación y armonía. Aún es débil la elevación del pueblo.
63. Por eso os reclamo y os sigo enseñando; pero no seáis jueces los unos de los otros. Recordad que en el Segundo Tiempo, Yo eso no permití entre mis apóstoles. Yo era el único que podía corregir y juzgar los actos de mis discípulos. Mas cuando alguno de ellos, escandalizado por lo que otro había hecho, llegaba y al oído le preguntaba al Maestro: “Señor, ¿por qué ha faltado aquel mi hermano? ¿Qué le va acontecer en su camino?” Yo entonces le decía: “En verdad, si él ha faltado, tú no cometas esa falta, pero no esperes las consecuencias, no esperes el castigo sobre tu propio hermano, para sentir que tú eres más perfecto y más digno de Mí que él”.
64. Y el mismo día en que por última vez cené con mis discípulos fue conocida la obra de Judas, fue conocida por todos los demás, pero mi presencia impuso el silencio. ¿Quién de ellos le juzgó? Ninguno. ¿Quién de ellos le llamó injusto o traidor? ¿Quién le dijo ingrato? Nadie. El silencio se impuso, porque ya los discípulos mucho habían aprendido de su Maestro. ¿Quién reclamó solamente a aquél? Su propia Conciencia.
65. Así vosotros en este tiempo no juzguéis ni sentenciéis a vuestros hermanos, por ignorantes o errados que les contempléis. Dejadme esa causa a Mí; pero podéis dar buen ejemplo, que si ese ejemplo dais con sinceridad, exento de toda vanidad, ello encontrará eco en el corazón de vuestros hermanos. Ellos se convencerán de que estáis pisando con firmeza en el sendero y presto, muy presto, los veréis unidos dando los mismos pasos de firmeza, comprendiendo, analizando lo mismo que vosotros y recibiendo las mismas inspiraciones del Señor.
66. ¡Velad y orad, pueblo! ¡Velad por vuestra unificación y vuestra paz! Ya estáis en los últimos días de mi Palabra y Yo he querido que mi Palabra, la última que os dé, os encontréis unidos. Yo he sido la alondra bajo cuyas alas se han cobijado todos los polluelos. Así quiero seguiros cobijando. Así voy a dejar que mi calor se siga sintiendo, para que no os disgreguéis.
67. Muchas enseñanzas os he entregado para que no dejéis partir a ninguno de vuestros hermanos. Mirad que entre los postreros, puede haber aquellos que no estén todavía muy firmes. A ellos dad la firmeza,y aún de los que mucho me han escuchado también puede haber algunos frágiles. A ellos entregadles mis palabras, a ellos dadles calor y vida para que no partan del seno de la Obra del Padre.
68. Velad también por la paz del mundo, que vuestra oración iluminará la Conciencia de vuestros hermanos, que vuestro espíritu también convertido en alondra de paz, volará formando parvadas sobre el haz de la Tierra, llevando mi mensaje de paz.
69. No esperéis el resultado al instante. No. Vuestra misión de labriegos es sembrar y esperar que la simiente germine. Ya os he dicho que la simiente espiritual no tiene el plazo que la semilla material para germinar. Si la semilla de la tierra en siete días germina, la semilla espiritual no tiene ese plazo; puede ser lo mismo en siete segundos, que en siete eternidades.
70. Mas vosotros sembrad y cultivad con amor y un día vuestro espíritu, que pertenece a la vida eterna, se recreará contemplando la germinación de la simiente que sembró; su crecimiento, su florecimiento y su fructificación también, y no solamente eso, sino la multiplicación de aquel fruto del cual una sola semilla sembrasteis. Esa será la dicha del espíritu, porque el espíritu es semejante a una semilla, así como el Pedestal es semejante a un fruto.
71. Todo esto lo estáis aprendiendo en este tiempo del Maestro. ¿Por cuál conducto? Por el de los Portavoces humano Yo convierto a los Portavoces en fruto para que ellos se entreguen a su servicio, a su cumplimiento, den solamente substancia, sabor y vida. Y ese fruto, ¿a quiénes el Padre se lo ha confiado? A los guías de multitudes y al pueblo mismo, para que unos y otros lleven a sus Portavoces a la madurez, a la evolución y a la perfección.
72. ¿Por qué muchas veces no habéis recibido de vuestros Portavoces todo lo que de ellos habéis esperado y querido? Porque muchas veces ese fruto, lo habéis tomado del árbol cuando se encuentra verde, cuando no ha llegado a su madurez, cuando no lo habéis llevado paso a paso a su sazón. La impotencia de unos y de otros, o la vanidad de ellos mismos, les han hecho muchas veces dar pasos precipitados en el camino y, ¿qué es lo que han vertido sobre los pueblos? Acidez o amargura propias del fruto que no se encuentra en madurez.
73. ¡Cuántas veces el descuido de los encargados de velar por estos frutos, los han dejado contaminarse y han dejado que en ellos penetre la podredumbre! ¿Qué salud puede ofrecer a unos labios hambrientos un fruto contaminado, un fruto en estado de descomposición? Y después también a través de estas cosas, las muchedumbres han juzgado mi presencia y mi Palabra sin estudiar, sin escudriñar el fruto por el cual habéis recibido la savia, la vida, la simiente.
74. En estos últimos tiempos habéis aprendido vosotros a llevar paso a paso a su madurez a mis Portavoces y por conducto de ellos habéis ido recibiendo sabor, dulzura y savia. Cuando hayáis terminado de comer estos frutos, veréis que en el corazón está la semilla que vuestras manos van a poseer y que van a sembrar más adelante en los caminos.
75. Estas son mis enseñanzas, mis revelaciones de este tiempo, lo que tenéis que testificar a las multitudes venideras y con lo que vais a recrear sus audífonos.
76. Como ejemplo para Portavoces, Yo puse a Roque Rojas y a Damiana Oviedo, dando a comprender a vosotros que en este tiempo no venía Yo distinguiendo a los seres humanos por su sexo. Lo mismo mi Rayo Universal, pudo inspirar la Facultad del varón, que la Facultad de la mujer.
77. Lo que Yo entregué por conducto de Roque Rojas no fue todo lo que Yo os había de decir; pues si así hubiere sido, lo que dije por su conducto estuviese contenido ya en un álbum material y no hubiese habido más Pedestal que él. Él fue el precursor, él fue el iniciador de esta comunicación por mi voluntad.
78. Bajo mi mandato, por mi inspiración continuó esta Obra, Damiana Oviedo y en los largos años de servicio que dio al Padre no dijeron sus labios todo cuanto el Maestro había de entregar; pero muy grandes cosas por conducto de aquellos Ruiseñores, Yo os dije:
79. La Ley, dividida en 22 preceptos fue inspirada por conducto de uno. La revelación de que vosotros estabais dentro de la Etapa del Sexto Sello, también por ellos fue dada a conocer. La iniciación de la Tercera Era, por sus labios también fue vertida. El acto simbólico de la Marca y el número de Marcados también por sus labios floreció. El año en que mi comunicación a través del entendimiento humano había de cesar, fue señalado también por conducto de ellos. El nombre con que os distinguí en este tiempo también. El conocimiento de los símbolos que en lo espiritual existen y que hablan de cosas eternas, también os lo di a conocer por mediación de ellos.
80. Esas fueron las bases en conocimientos para mi Obra en el Tercer Tiempo, y el ejemplo de celo, de preparación y de humildad que ellos dejaron, fue simiente que penetró en el corazón de todos los Portavoces. ¡Cuán pocos los han sabido imitar! ¡Cuán pocos han sabido continuar aquella obra de elevación y de humildad! Por esos pocos, muchos me han creído. Y por los muchos que no se han sabido preparar, ¡cuántos y cuántos me han vuelto la espalda!
81. Pero aún a través de los que menos se han preparado, de los que menos han comprendido sumisión, su infinita responsabilidad, aún por ellos Yo me he manifestado por mi Rayo. Como un relámpago, he atravesado por sus tinieblas de ignorancia y de impreparación, para hacer luz en las multitudes, para no dejarlas ir al abismo de las tinieblas; pero he ahí que el Padre una vez más os dice: Muchos han sabido recibir en su espíritu la luz centelleante de aquel relámpago y otros, solamente han contemplado la dureza de las materias.
82. Así os enseña el Maestro, y así os explica muchas cosas que en vuestro seno han acontecido. Fortaleceos más y más en mi Enseñanza, oh discípulos, porque quiero contemplaros fuertes de espíritu y de materia sanos también.
83. Todo aquel que con flaqueza o enfermedad, con pesares, haya penetrado en la congregación de este día, sienta mi consuelo, satúrese de mi fuerza y levantase en el camino, pleno de fe y de confianza. Su propia confianza y fe será su báculo para sostenerse y el eco de mis pasos escuchará siempre tras de sí, como el buen compañero de viaje que le cuide, que vele por él en todo instante.
84. Soy vuestro Doctor. Si por momentos vuestras dolencias se prolongan, sobreponeos a ellas mismas. Si contempláis el dolor en vuestro hermano y ese dolor se hace vuestro, elevaos a Mí. ¡Venid a mi fuente de consuelo y de bálsamo, y muy presto aquel dolor lo convertiréis en paz y en sonrisa! No miréis muerte en donde no haya muerte, porque Yo soy la vida y vosotros en ella vivís.
85. Este mes que vosotros vais atravesar, gran parte de la humanidad lo consagra al recuerdo, a la evocación, a la oración por los espíritus. Vosotros, pueblo, para evocar al Mundo Espiritual, para acercarlos a vosotros o acercaros a él, no fijéis meses ni días. Lo espiritual no pertenece al tiempo, no se encuentra bajo la acción de los tiempos. Lo espiritual es la misma eternidad.
86. ¡Vivid ya en comunión con lo espiritual! ¡Vivid cerca los unos de los otros! Estrechad vuestros lazos, en verdad, porque si aquellos a quienes recordáis en el Más Allá, como moradores de aquellos mundos se encuentran más elevados que vosotros en la escala espiritual, grandemente os podrán ayudar. Si por el contrario, aquellos que se encuentran retrasados y necesitan vuestro apoyo y vuestra oración, necesitan vuestro ejemplo y vuestra ayuda, entonces en vosotros la encontrarán.
87. No guardéis impaciencia por volveros a encontrar. Esa impaciencia es del corazón humano y es del sentido de vuestra vista. Vuestros ojos ansían volver a contemplar la forma de los seres queridos, recuerdan la faz, recuerdan la actitud y quisieran recrearse aún cuando fuere por un solo instante, contemplando aquellos seres que amáis, que estuvieron cerca o junto a vosotros en la Tierra en materia.
88. Retened esa impaciencia humana y esperad con verdadera paciencia espiritual, que el instante pleno de felicidad espiritual marcado está para vuestro encuentro; no solamente para el encuentro, sino para que caminéis unidos por esa jornada que os ha de llevar a todos hasta mi diestra, a lo profundo de mi seno, en verdad. Pero si velad y orad por los seres del Más Allá; para aquellos que no necesitan nada de vosotros, vuestra oración sea un saludo, un ósculo, un estrecho abrazo espiritual.
89. Para los que necesitan de vuestra ayuda, de vuestra luz, sea vuestra oración un bálsamo y una liberación; sea una caricia y una voz de estímulo en el camino de las pruebas y de la restitución, porque el Mundo Espiritual en estos días, atraído por la oración de los humanos, viene entre ellos. Porque muchos seres desencarnados que habitan entre los hombres, que aún no han podido reintegrarse a su propia morada, al Valle que los espera y al que pertenecen, despiertan también de su aparente muerte, se levantan de sus tumbas y van en pos del llamado que los hombres les hacen. Entre algunos se encuentra la luz, entre otros la tiniebla.
90. Todavía la humanidad no sabe entregar la luz espiritual a los espíritus turbados, todavía no sabe arrancar de ellos su materialización. Todavía su índice no sabe extenderse para señalarles el camino de la luz. Todavía las manos espirituales de los hombres no saben romper las cadenas de restitución, de remordimiento, de tiniebla, que pesan sobre los turbados que han desencarnado; pero vosotros que sabéis estas cosas, que sí poseéis esa luz y lleváis esa facultad, ¡velad y orad!, os dice el Maestro y tened caridad de aquellos que sentís, de aquellos que los videntes miran, de aquellos que sabéis que se agitan en su dolor y en sus tinieblas.
91. ¡Velad y orad pueblo, para que el ambiente se despeje, para que el mundo se limpie, para que la cizaña vaya al fuego y el trigo a sus graneros!
92. De este modo el Maestro os inspira, porque a lo largo de estas albas voy a escuchar vuestra oración. Voy a pesarla en la balanza de mi justicia y a través de vuestra oración voy a complacerme, desbordándome entre las multitudes y legiones de espíritus que necesitan, que ansían luz para su espíritu.
93. Por eso, una vez más, el Padre os dice: ¡Velad y orad! ¡Comunicaos de espíritu a espíritu, que Yo, en verdad, presto quedo a entregaros mi divina luz!
94. ¡Bendito seáis! El Maestro os dice: Las tradiciones del Primer Tiempo y del Segundo se han borrado de vuestro corazón. Va quedando presente solamente mi Ley, que es mi Doctrina. Eso es lo que el Padre quiere que cumpláis: ¡La Ley! Que no la olvidéis por el cumplimiento de las tradiciones ni de los ritos.
95. Os dice esto el Maestro, pero una orden va entregar: En este mes en que la humanidad evoca al Mundo Espiritual y los espíritus se levantan de su letargo, ¡velad por ellos! ¡Atraedlos a vuestras reuniones! ¡Encontradlos en vuestro paso! ¡Descubridlos en vuestros hogares! Encontradlos también en los lugares de dolor en la Tierra, en los lugares de expiación, en los caminos y en todo lugar. Sin fanatismo, sino con toda Espiritualidad, recibidlos. Entregadles la luz con vuestro ejemplo. Dejad que penetren en vuestra propia vida y la escudriñen. Yo os acerco para que oren junto a vosotros y se eleven al mismo tiempo que vuestro espíritu.
96. ¡Recibidlos con los brazos del espíritu abiertos! ¡Derramad bálsamo de curación sobre las enfermedades invisibles! ¡Llenadlos de paz y haced que abran sus ojos a la verdad!
97. Esto es lo que el Maestro os ordena a vosotros. Mas no cumpláis porque Yo os lo he ordenado. No cumpláis como por obligación. Hacedlo por caridad. Mas si os lo he dicho es por recordaros estas cosas y avivar la sensibilidad de vuestro espíritu, para ese mundo que desconocido de la humanidad, sí es conocido vuestro en el cual podéis penetrar con la oración.
98. Os dejo estas cosas, oh pueblo, para que veléis y oréis por los que pertenecen a este mundo y los que pertenecen a otros mundos. Y entonces mi paz sobre unos y otros y sobre todos, porque todos sois mis hijos, se extenderá como un solo manto de amor, de caridad y de perdón.
99. ¡MI PAZ SEA CON VOSOTROS!
1 DE OCTUBRE 1950.
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