Cristo y Jesús

¿Quién es Cristo, quién fue Jesús?

No es la primera vez que los hombres luchen por definir una revelación divina o por alcanzar claridad en algo que a su mente se presenta como un misterio. Ya en el Segundo Tiempo, después de mi predicación en el mundo, los hombres deliberaron sobre la personalidad de Jesús, queriendo saber si era o no divino, si era Uno con el Padre o era una persona diferente; juzgaron y escudriñaron en todas formas mi Doctrina.

Ahora volveré a ser objeto de análisis, de discusiones, de luchas y de escrutinio. Se juzgará si al presentarse el Espíritu de Cristo, éste se encontraba independiente del Espíritu del Padre, y habrá otros que digan que es el Espíritu Santo el que ha hablado y no el Padre ni el Hijo.

Si Cristo es el Amor, ¿podéis creer que Él sea independiente de Jehová, si Yo soy el Amor? Si el Espíritu Santo es la Sabiduría, ¿creéis que ese Espíritu sea independiente a Cristo si Yo soy la sabiduría? ¿Pensáis que el Verbo y el Espíritu Santo sean distintos entre sí?

Por el nombre de Cristo conocisteis a quien manifestó el amor de Dios entre los hombres, mas cuando Él vino a la Tierra, antes ya se había manifestado como Padre, por lo tanto no debéis de decir que Cristo nació en el mundo, quien nació fue Jesús, el cuerpo donde se albergó Cristo.

Meditad y concluiréis por comprenderme, aceptando que antes que Jesús, ya era Cristo, por eso cuando Él se manifestó a través de Jesús, os turbasteis y os confundisteis; y aun mirando sus prodigios no le creísteis, porque es infinito su poder para que lo comprenda vuestra limitada razón. Por eso es que unos me niegan, otros se confunden y otros más me estudian y analizan de acuerdo con su manera de pensar y de entender. Pocos, muy pocos son los que algo alcanzan a comprender a Cristo, os digo esto porque encuentro poco amor en los corazones, ya que no os amáis ni entre hermanos. Cristo, al que una multitud rechazó, es el mismo que ahora viene a manifestarse a vosotros, porque fue el cuerpo el que destrozaron los hombres, mas no al Verbo que por Él habló.

Fue Cristo el que vino a vosotros y es Cristo el que os habla, mas no tratéis de separarme de Dios, ni mirarme fuera de Él, porque Yo soy y he sido siempre Uno con el Padre. Por lo tanto os digo que el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, son un solo Dios.

En el principio era el Verbo, y el Verbo era Dios. (Juan 1:1)

Cristo fue uno con el Padre, porque el Verbo que se hizo hombre para ser oído en el mundo, siempre ha estado en Dios. La verdadera esencia de mi enseñanza la han ocultado los hombres para mostraros un Cristo que ni siquiera es imagen del que vino a daros tantos ejemplos a través de Jesús.

Cristo, el Verbo de Dios, fue el que habló por boca de Jesús, el hombre limpio y puro. Jesús, el hombre, nació, vivió y murió, mas, por lo que toca a Cristo, Él no nació, ni creció en el mundo, ni murió; porque Él es la voz del Amor, el Espíritu del amor, la palabra divina, la expresión de la sabiduría del Creador, que ha estado siempre en el Padre.

Jesús nació y murió en la pobreza, pureza y perfección y hubierais deseado que permaneciese eternamente en la Tierra, por ello lo habéis querido perpetuar en imágenes fabricadas por la mano del hombre; debéis comprender que desapareció su forma humana para dejar tan sólo la esencia purísima de su palabra y de sus obras, que fueron la expresión perfecta del divino amor.

Hay quienes han atribuido a Jesús las debilidades de todos los hombres, gozando con arrojar sobre el hombre divino y sin mancha, el cieno que llevan en su corazón. ¿No pensáis que el cuerpo de Cristo es la materialización de un pensamiento sublime de amor de vuestro Padre? Entonces Cristo os amó con el Espíritu, no con la carne. Mi verdad nunca podrá ser falseada porque ella contiene una luz y una fuerza absolutas.

¿Por qué Jesús llamándose el hijo de Dios, no había de llamar hermanos a los hombres cuando ellos también son hijos de Dios? ¿Cuándo tendréis la elevación suficiente que os permita dar su justo sentido a lo divino y a lo humano? Comprended que es la única forma de que sepáis dónde están los errores y dónde brilla la verdad.

Dos naturalezas hubo en Jesús, una material, humana, creada por mi voluntad en el seno virginal de la Virgen María, a la que llamé el Hijo del Hombre, y la otra divina, el Espíritu, el cual fue nombrado el Hijo de Dios. En ésta fue el Verbo Divino del Padre, el cual habló en Jesús; la otra fue tan sólo material y visible.

Sólo en cuanto hombre nací y morí, porque en cuanto Dios no tuve principio ni tendré fin. Jesús nació de la pureza del amor del Padre hacia la humanidad, tomando forma humana en el seno de una casta doncella, previamente escogida por el Creador.

En los tiempos pasados, un pueblo fue preparado para recibir en su seno la presencia del Hijo de Dios; el anhelo de que llegara, nacía de su dolor, de su tristeza, por la esclavitud y la humillación en que había caído; y la promesa del Señor a aquel pueblo fue cumplida. Si un hombre justo, limpio y puro le había sido prometido como Salvador, natural era que su cuerpo proviniese de un seno casto; y así fue, pues María, aquella que fue llamada bendita entre las mujeres, fue una flor celestial trasplantada a la Tierra por voluntad de Dios, para que dejara en el corazón manchado y triste de los hombres, el perfume de su ternura maternal, de su divino consuelo.

Fue Jesús humana criatura, pero concebida sin mancha, ni impureza, para servir de instrumento a Dios, encarnado en Él, el Verbo, que es la divina palabra. A la edad de treinta años, cuando se hallaba Jesús en plenitud, el Cristo que habitó en él, manifestó su gloria, su verdad y su amor.

Era el mismo Dios que vino al mundo para dar su Ley y su enseñanza a través de una envoltura. Hoy quisierais saber como fue formado el cuerpo de Jesús, a lo que Yo os digo: Debéis saber que aquel cuerpo fue engendrado y concebido por obra del amor infinito que os tengo.

En verdad os digo, que Jesús nada tuvo que venir a aprender de los hombres, porque entonces no hubiese sido Yo el Maestro Divino, sino el discípulo del hombre. Si alguien os ha dicho que Jesús el Cristo fue instruido por teólogos, teósofos o sabios, no está diciendo la verdad. Las lecciones del Cielo no se vienen a aprender al mundo, y lo que Cristo enseñó, fue la verdad que existe en el reino eterno del espíritu.

Dicen los hombres en sus libros, que Jesús estuvo entre los Esenios buscando su saber, mas quien todo lo sabía y fue antes que los mundos, nada tenía que aprender de los hombres; no podía lo divino aprender de lo humano. Donde quiera que estuve fue para enseñar. ¿Puede haber en la Tierra alguien más sabio que Dios? Cristo vino del Padre a traer a los hombres la sabiduría divina. ¿No os dio prueba de ello vuestro Maestro cuando a los doce años de edad, dejó absortos a los teólogos, a los filósofos y a los doctores de la Ley de aquel tiempo?

¿Qué tenía que aprender de ellos quien en su infancia confundió a los doctores de la ley? Aquel tiempo, del cual los hombres nada saben, fue tan sólo un tiempo de espera.

Y se maravillaban los Judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado? (Juan 7:15)

Sólo Yo puedo revelaros lo desconocido. Así puedo deciros que en vano los hombres de ahora tratan de conocer la juventud de Jesús. Escudriñan e imaginan, mas sólo se conoce mi niñez y el tiempo de mi predicación. A vosotros os digo: Jesús, antes de levantarse a anunciar el Reino de los Cielos, nada aprendió de los hombres.

Hoy vengo en Espíritu y no podrá la humanidad llamarme el hijo del carpintero, mas en verdad os digo, que ni en aquel tiempo hubo justicia para llamarme así. Escrito esta que una virgen concebiría y en su seno tomaría carne el Verbo. José el patriarca, fue en la senda de la virgen y del niño, sólo un ángel guardián visible a los ojos de los hombres; en cambio María, fue la encarnación del amor maternal divino y Madre de Jesús, que es la parte humana de Cristo.

Y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. (Mateo 1:16)

Si Yo hubiese deseado que me adoraseis en la figura de Jesús, os hubiese dejado su cuerpo, para que le rindierais culto, pero si concluida su misión hice desaparecer aquella materia, ¿Por qué los hombres le adoran? Yo os revelé que mi Reino no es material, mas a pesar de ello los hombres aún quieren retenerme en la Tierra, y me presentan las riquezas y el poderío de un reino que es pasajero y limitado. Si el cuerpo de Jesús no brotó de la tierra, ¿por qué había de rendirle tributo como todos los hombres? Él os había dicho: Mi reino no es de este mundo.

Desaparecida de la Tierra aquella forma humana, sólo quedó flotando en las conciencias la esencia divina del Verbo, que habló en Jesús. Eso es lo que debéis de buscar, la esencia, el sentido espiritual de aquel mensaje de vida y amor.

Ved que Yo, siendo el Verbo, no sólo soy palabra sino también obra; prueba de ello os di encarnando en aquel tiempo para vivir con vosotros y daros ejemplo. Fui hombre en verdad, mas aquel cuerpo no tuvo en su formación el más leve pecado ni la más ligera mancha. Fue un verdadero templo, de cuyo interior brotó el Verbo de Dios. Aquel que levantó a los humildes y con una palabra sanó a los enfermos, aquel que bendijo a los niños y se sentó a la mesa de los pobres, es el que ahora viene, es el mismo Verbo. Es la luz de la verdad que visteis aparecer por oriente y cuyo resplandor está iluminando al occidente.

Cristo desapareció como hombre y ha aparecido como Espíritu triunfante, sin materia, todo amor; es la revelación constante de la misericordia divina delante de la humanidad.

Significado de la salvación por la sangre de Jesús el Cristo

He aquí al Cordero que voluntariamente se inmoló, para que su sangre cayera en todos sus hijos, trazando con su huella el camino de la evolución espiritual de la humanidad.

Vengo a deciros cuál es la esencia de aquel sacrificio.

Aquí está de nuevo mi palabra, no la palabra del hombre que no ha sabido explicar aquel mensaje, sino mi palabra que viene a enseñaros la esencia inmortal de mi Doctrina y de mis obras, explicación divina con la que los hombres sabrán el valor espiritual de aquella sangre derramada en el Calvario por amor a la humanidad.

En mi sangre lavaréis todas vuestras manchas porque, ¿qué significa mi sangre? Sino mi amor.

Si el polvo de la tierra bebió aquel líquido que fue vida en el cuerpo del Maestro, fue para que comprendieseis que mi Doctrina habría de fecundar la vida de los hombres con el divino riego de su amor, de su sabiduría y de su justicia.

El mundo, incrédulo y escéptico de las palabras y ejemplos del Maestro, combate mi enseñanza diciendo: ¿Por qué si Jesús derramó su sangre por salvar del pecado a la humanidad, el mundo no se ha salvado? ¿En dónde está el poder de aquella sangre de redención?

Muchos han sido los hombres que han aceptado que todas las lágrimas de este mundo han sido causadas por un pecado de los primeros pobladores y en su torpeza para analizar la parábola, han llegado a decir que Cristo vino a lavar con su sangre toda mancha. Si tal afirmación hubiera sido cierta, ¿por qué a pesar de que aquel sacrificio ya fue consumado, los hombres siguen pecando y también sufriendo?

Mi sangre fue derramada para que reinara la paz y la justicia entre los hombres, mas no he sido bien comprendido; si hubieseis aprovechado esa lección habríais alcanzado mayor grado de evolución y la luz que he derramado en el transcurso de los tiempos, iluminaría plenamente a vuestro espíritu.

Os digo una vez más, que en Mí será salva toda la humanidad. Aquella sangre derramada en el Calvario es vida para todo espíritu, mas no es la sangre en sí, puesto que ella cayó en el polvo de la tierra, sino el amor divino que en ella está representado. Cuando os hable de mi sangre, ya sabéis cuál es y qué significado tiene.

Existen quienes dicen: ¿Qué relación tiene el dolor de Jesús con vuestra salvación? Su dolor no puede darnos la gloria. Y el Espíritu de Verdad os dice: Yo fui entre los hombres a través de Jesús, como esas plantas de olor que perfuman las manos del que les arrancó la vida.

Aquel madero que me disteis y que Yo acepté, fue prueba de mi amor por vosotros y prueba también de que os salvaríais con mi ejemplo. ¿Por qué creéis que, si Yo hubiese sabido que mi sacrificio iba a ser inútil, os lo hubiese ofrecido? ¿No recordáis que os he dicho que en la Obra del Padre no se pierde ni una semilla? Cuando el costado del Maestro fue abierto, quise que en él vieseis la puerta que se abría para que todos moraseis en la eternidad, y el primero en contemplar esa puerta, fue el soldado que hundió su lanza en el cuerpo de Jesús.

He venido a trazaros el camino que ha de conduciros a vuestra salvación, en medio de este mar anchuroso de maldad. Comprended que esa sangre no ha cesado de derramarse ni por un instante sobre vosotros, sobre vuestro ser, para trazar con su huella el camino de vuestra evolución.

Sin embargo, el mundo está pidiendo una vez más mi sangre y voy a dársela, pero no aquélla que vivifica el cuerpo, sino la que le da vida eterna al espíritu. En mi luz enviaré vida y salud a los hombres, ella será como un sol que hará llegar su calor a los fríos corazones de esta humanidad.

En el Segundo Tiempo fue mi sangre, de mi sacrificio, la que se derramó en los corazones para iluminar a los espíritus.

Por eso os digo que me busquéis en todas las formas en que me necesitéis, ya sea como Dios; como Padre, como Juez, como Maestro, como hermano, como amigo, como doctor, lo que quiero es vuestra paz y vuestra salvación, humanidad amada.

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