¿Qué es el Espiritualismo?
¿Qué es el Espiritualismo?
He llamado Espiritualismo a la revelación que os habla de la vida del espíritu, que os enseña a comunicaros directamente, con vuestro Dios, Padre y Creador y os eleva por sobre la vida material.
En verdad os digo que el Espiritualismo no es nuevo, ni pertenece a este tiempo, sino que ha sido una revelación que se ha venido desenvolviendo, de acuerdo con la evolución espiritual de la humanidad.
¿Qué de nuevo viene a enseñaros, si la Doctrina de amor dada por Jesús el Cristo en el Segundo Tiempo os mostró el camino a seguir? Ha venido a haceros entender aquella palabra y a explicárosla con mayor amplitud y enseñaros a practicarla espiritualmente.
Os aseguro que ninguna de mis palabras se perderá y que los hombres de este tiempo, llegarán a saber qué fue lo que os dije en los tiempos pasados. Entonces dirá el mundo cuando conozca el Espiritualismo: en realidad, ya todo lo había dicho Jesús, pero no fue comprendido.
Efectivamente todo lo dije ya, aun cuando de muchas de las verdades reveladas, sólo os manifesté el principio de ellas; os las dejé para que empezareis a entenderlas, porque en aquel tiempo aún no estaba capacitada la humanidad para comprender todo lo que ahora he venido a mostraros en plenitud.
Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de Verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. (Juan 16:12-13)
Es la misma revelación del Primero y Segundo Tiempos. Es la base de todas las religiones, la que he venido a recordar a la Humanidad para que no se olvide de sus principios.
El Espiritualismo viene a destruir costumbres y tradiciones impuestas por los hombres las que han retrasado al espíritu. Espiritualismo es evolución y elevación incesante del espíritu.
El Espiritualismo no viene a borrar una sola de las palabras que Cristo predicó en aquel tiempo, ya que estaría oponiéndose a la verdad. ¿Cómo podría estar esta palabra en contra de aquella, si es el mismo Maestro quien la inspira?
El Espiritualismo carece de formas materiales, no necesita de esas manifestaciones, ni de ritos. El Espiritualismo es universal; la Doctrina o revelación del Espíritu Santo no es sólo para un pueblo, sino para toda la humanidad.
Yo, el Maestro, el Padre, he descendido a través de esta luz hasta vuestro espíritu y por esa causa habéis llamado Espiritualismo a esta revelación, la cual no es una religión, no es una secta, no es una nueva Doctrina, es la Ley de todos los tiempos. Es el amor, el perdón y la luz que Jesús el Cristo dejó al mundo en el Segundo Tiempo. Cuando comprendáis mi enseñanza y la practiquéis, entonces seréis digno de nombraros Espiritualistas.
El Espiritualismo nada tiene que ver con ritos, tradiciones o ceremonias religiosas, está por sobre todo culto externo, por lo que os digo que quien mezcle a mi Doctrina las prácticas aprendidas de sectas o religiones, se convierte en un profanador.
Quien no me comprenda, aún habiéndome escuchado, es porque mezcla a mis enseñanzas sus teorías e ideologías. Es porque confunde el Espiritualismo con credos dogmáticos y costumbres religiosas, impuestas a ellos por sus antepasados.
Se aproxima un tiempo en el que se abrirán vuestros ojos y comprenderéis la verdadera esencia del Espiritualismo. Cuando la humanidad comprenda la verdad de esta enseñanza, su justicia y los infinitos conocimientos que revela, desechará de su corazón todo temor, todo prejuicio y la tomará como norma de su vida.
Sirva esta lección de hoy como voz de alerta para quienes la han escuchado, para que inspirándose en ella, se revistan de energía, de celo, de amor y fe, para romper las redes que por mucho tiempo les han aprisionado y surja en su espíritu la concepción verdadera de lo que significa Espiritualismo y nazca en su corazón el noble ideal de convertirse en verdadero discípulo de esta Doctrina de luz y perfección.
De cierto os digo que en la historia de la humanidad, estará la historia de Espiritualismo, escrita con letras luminosas.
¿No se inmortalizó Israel al libertarse del yugo de Egipto? ¿No se inmortalizaron los Cristianos en su conquista por el amor? ¡Así se inmortalizarán los Espiritualistas en su lucha por la libertad del espíritu!
¿Qué significa ser un buen Espiritualista?
¿Sabéis qué quiere decir Espiritualista? Yo os lo digo en una breve frase: quiere decir discípulo del Espíritu Santo. Es un cristiano puro, quien reconoce y practica la Doctrina de Cristo.
El verdadero Espiritualista no acumulará en abundancia los bienes materiales; pero procurará ser siempre rico de los tesoros del espíritu. Él sabrá siempre lo que tiene y lo que es. Sufrirá como todo mortal, pero nunca se desesperará ni renegará.
No buscará el bien propio, sino sabrá darse enteramente a los demás, vendrá a llenar un hueco en el corazón de la humanidad y ayudará a sus hermanos a perfeccionar su idea respecto a Dios. No construirá templos de piedra, ni levantará altares.
De su palabra y oración, brotará el bálsamo divino que será gozo y liberación de los enfermos del espíritu o del cuerpo. De los verdaderos Espiritualistas, no pedirá ya sangre la humanidad, para creer en su testimonio; pero les pedirá verdad, quien así hable y actúe, será Espiritualista aunque sus labios no lo digan. El Espiritualista será reconocido por su palabra humilde y sencilla en su forma, pero profunda en su sentido.
Recordad que Yo no necesité del bello lenguaje exterior para cautivar el corazón de las multitudes, sino que supe llegar a ellas con el amor, con la verdad, con el bálsamo y la sabiduría. Ese es el ejemplo que quiero que toméis en cuenta e imitéis. Así seréis reconocidos no tanto por vuestras palabras, sino por los buenos ejemplos.
Todos aquellos que sean espirituales en su manera de vivir y rendirme culto, son Espiritualistas. Hombres preparados que contribuirán a la paz de la humanidad.
A vosotros, Espiritualistas, os confío la tarea de derribar esa barrera que la humanidad levantó entre Dios y ella, barrera de falsa fe, de aparente creencia en lo eterno, de materialidades y de cultos superfluos.
Si queréis que vuestros hermanos descubran que sois mis discípulos, daos a conocer por la nobleza de vuestro corazón. Dejad que la humildad se refleje en vuestros actos, que el que es manso de corazón, lo es también de espíritu. El soberbio y vanidoso aparenta ser fuerte, mas en realidad es pobre de espíritu.
De los falsos Espiritualistas
¡Qué fácil es decir: «Soy espiritualista», pero qué difícil es serlo en verdad!
Cuántos hay que dicen ser Espiritualistas y aún no conocen el poder y la sabiduría del Espiritualismo, ni las potencias y atributos del espíritu y con sus obras van negando mi Doctrina que como luz radiante ilumina espiritualmente a la humanidad.
No queráis ser Espiritualistas sólo por el nombre, sino de obras, porque de falsos seguidores y de falsos discípulos está lleno el mundo.
¿Cómo podéis llamaros Espiritualistas, mientras no sepáis lo que es un espíritu y lo que significa y vale ante Dios? ¿Sois Espiritualistas? Pues necesitáis demostrarlo en vuestro culto limpio hacia Dios, en vuestra vida y en vuestras relaciones de los unos para con los otros.
Meditad en todo lo que os digo, para que cuando digáis que sois Espiritualistas, sea porque verdaderamente vivís lo que vuestros labios predican.
Veía a los prevaricadores, y me disgustaba, porque no guardaban tus palabras. (Salmos 119:158)
No todo el que se dice Espiritualista, verdaderamente lo es. No es el cumplimiento aparente el que hace grandes a los discípulos, aunque delante de sus hermanos aparezcan como los más cumplidos, fervientes y perseverantes.
Quiero entre mis filas soldados firmes y fuertes que sepan defender la verdad, no legiones de fanáticos que en su ignorancia, en vez de honrar mi Obra, la profanen. No os creáis perfectos por llevar el conocimiento de una Doctrina perfecta.
Los buenos sembradores del Espiritualismo, jamás se distinguen por algo exterior o material. Ni hábitos, ni insignias, ni vestiduras especiales ni ninguna forma especial de hablar hay en ellos. No existen jerarquías ni distinciones, sin embargo, sí por algo se distinguen es por su caridad, su espiritualidad, su respeto y verdadero amor a sus semejantes.
¿Para qué os cubrís con túnicas y ornamentos y no revestís mejor vuestro espíritu de pureza? Yo sólo quiero contemplar en vosotros ese ropaje. Vosotros no sigáis en esa tendencia, ni uséis vestidos especiales para distinguiros, porque todo eso es culto idólatra.
Tampoco levantéis altares y símbolos; ni hagáis representaciones de hechos sagrados. Mi Doctrina está libre de todo ritualismo, si así no fuere, perdería su esencia.
Todo lo que entreguéis deberá ser sin temor al mundo; de esta manera todos los que hayan engañado a sus hermanos con manifestaciones ilícitas, reconocerán su error y sólo quedarán a mi servicio los que con buena intención y buena preparación estén dispuestos a entregar a la humanidad mi verdad, mi caridad y mi paz.
Con cuánta dulzura y amor enseñaron a la humanidad los primeros maestros del Cristianismo. La fuerza de su palabra estuvo en la verdad de sus obras, con las cuales convertían e invitaban a la espiritualidad. Los llamo maestros, porque enseñaron según mi ejemplo.
Vosotros, como discípulos de esta Enseñanza, preguntaos con frecuencia si estáis haciendo un esfuerzo por llegar a llamaros dignamente Espiritualistas.
El verdadero Espiritualista no sorprenderá a nadie con poderes misteriosos o facultades extraordinarias.
Quiero que todos vuestros actos sean un destello de la verdad, porque la Doctrina que he venido a entregaros es como el agua cristalina, sencilla en su exterior y profunda en su fondo, por lo que mi Obra nada presentéis confuso ante los hombres, porque todo tiene una explicación clara y una razón de ser.
Os digo que la unión entre los Espiritualistas de todo el mundo, no se hará por medio de la organización de una nueva iglesia, porque su fuerza no es material. Su unión es de pensamiento, de ideal y de obras y de esta manera será invencible, porque tomarán la fuerza espiritual de la fuente eterna que está en mi Espíritu.
Sólo se les podrá distinguir por la espiritualidad en su vida, en sus obras, en su forma de pensar y de comprender las revelaciones divinas. No practican ninguna religión y sin embargo, de ellos se eleva un culto interior, puro y limpio entre su espíritu y el de su Señor.