La verdadera paz
La verdadera paz
¡Qué distantes se encuentran los hombres de comprender la paz espiritual que reinará en el mundo! Ellos tratan de imponerla por medio de la fuerza y de amenazas, es el fruto de su ciencia, de la cual hacen alarde.
La paz que firman las naciones, es falsa porque no hay en sus palabras amor ni buenos propósitos. Detrás de esa aparente paz, está el rencor, el anhelo de venganza y la guerra acechando.
La paz verdadera no podrá levantarse sobre cimientos de temor o de conveniencias materiales. La paz tiene que nacer del amor, de la fraternidad, esa paz que el mundo en apariencia logra no será duradera porque no es verdadera. Yo la destruiré con mi espada de justicia, como destruyo todo lo que es falso. Esa paz de que os hablo será aparente, porque se fundará en el temor de unos para otros; la verdadera paz no puede brotar de corazones impuros, la verdadera paz, vendrá después, y descenderá del Reino de los Cielos al corazón de la humanidad.
Hace cerca de dos mil años que repetís aquella frase que escucharon los pastores de belén: «Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad», mas, ¿cuándo habéis puesto en práctica la buena voluntad para haceros merecedores de la paz? En verdad os digo, que más bien habéis hecho lo contrario. Habéis perdido el derecho de repetir aquella frase.
En el Segundo Tiempo os dije: «Más fácil es que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico al Reino de los cielos», y ahora lo estáis mirando. Quisieran los poderosos poder comprar con sus riquezas la paz y no lo logran.
Así la humanidad comprenderá que los bienes espirituales son indispensables en la vida del hombre, bienes que no se pueden adquirir con monedas, sino con espiritualidad.
La humanidad necesita paz en su espíritu, tranquilidad en su corazón, pero esa riqueza no se consigue por la fuerza, ni se compra a ningún precio. Es una gracia que se alcanza mediante la constancia en el bien. No hay paz en la Tierra, ni aun en aquellos días que consagráis a recordar la natividad y la pasión de Jesús el Cristo. Yo propongo al mundo la paz, pero la soberbia de las naciones engrandecidas con su falso poder y su falso esplendor, rechaza todo llamado de la conciencia, para dejarse arrastrar sólo por sus ambiciones y odios.
Por sobre vuestros sufrimientos Yo os haré sentir mi paz, esa gracia divina, que no consiguen gozar los poderosos, a pesar de todos sus caudales.
Mejor es un bocado seco y en paz, que casa de contiendas llena de provisiones. (Proverbios 17:1)
Vosotros no privéis a vuestro corazón de todas aquellas alegrías sanas que aunque fugaces, las podéis disfrutar, comed en paz vuestro humilde pan y de cierto os digo que lo encontraréis más dulce y substancioso.
Vosotros atraed la paz con la regeneración, con la oración y la práctica de mi Doctrina. Si anheláis paz para las naciones en guerra, haced la paz en vuestro corazón o en vuestro hogar y esto bastará para que reflejéis en el espíritu de esos pueblos la concordia y la unificación.
Yo os digo que el secreto consiste en llevar una vida tranquila, sencilla, en vivir con amor, en cultivar en vuestro hogar la simiente de la virtud.
En el seno de otras congregaciones, lo mismo en esta nación, que en otros países, existen hombres que oran por la paz, que anhelan el bienestar para su semejantes, y para lograr su ideal, trabajan afanosamente.
Mirad que os trato como Maestro justo y amoroso, que pone a vuestro alcance todos los medios para que alcancéis la paz que debéis conquistar.
¡Cultivad la paz y amadla, porque de ella cuán necesitada se encuentra la humanidad! No os dejéis perturbar por las vicisitudes de la vida, para que os conservéis siempre fuertes y prestos a dar lo que poseéis. Esa paz que es patrimonio de todo espíritu, ha huido en este tiempo para dar paso a la guerra y torturar naciones, destruir instituciones y anonadar a los espíritus.
Es que el mal se ha enseñoreado del corazón humano, el odio, la ambición insana, la codicia desenfrenada se extienden haciendo daño, pero cuán breve será ya su reinado. Yo os anuncio para vuestra alegría y tranquilidad, que ya está próxima vuestra liberación que en pos de ese ideal trabajan multitud de seres anhelosos de respirar un ambiente de fraternidad, de pureza y de salud.
Desde el principio de la humanidad han sido pocos los que han buscado la paz o los que han permanecido en ella una vez que la han alcanzado, porque el hombre sólo la busca cuando el dolor lo ha vencido. Por eso veis como después de cada una de vuestras guerras inhumanas, fratricidas e injustas, se levantan millares de seres sedientos de la paz, que antes no supieron estimar, porque no se habían dado cuenta del valor que tiene ese don divino.
Quienes aún disfruten de algo de paz, tienen el deber de orar para ayudar espiritualmente a los que sufren los rigores y calamidades de la guerra.
Voy a proponer nuevamente la paz a los hombres, confiándoles un tiempo más para que alcancen ese supremo bien del espíritu. Mas si desaprovechan esta ocasión, sus dolores y amarguras aumentarán.
¿Estáis esperando que el mundo forje su paz? ¿Con qué simiente podrá formarla, si en el espíritu ahora pesa más la ley de los hombres, que la de Dios?
Mi paz dejo entre vosotros, saboreadla, disfrutad de ella hasta el punto en que vuestra vida os lo permita, porque el reino de paz no ha descendido aún entre los hombres. Hoy vivís un tiempo de caos, de perturbaciones, mas Yo he venido a traeros el antídoto de todo mal y os prometo en cumplimiento a mi palabra de los tiempos pasados, que la paz vendrá como aurora radiante a iluminar vuestro espíritu y que de este tiempo de dolores no quedará huella.
La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (Juan 14:27)
Sólo Yo puedo daros la verdadera paz, porque sólo en Mí existe.
¿Reconocéis ahora que verdaderamente no habéis logrado vivir como hermanos en mi ley? ¿Comprenderéis por qué os dije desde aquel tiempo que mi mandamiento supremo es: Amaos los unos a los otros?
No he venido en este tiempo a borrar de vuestro corazón aquella máxima ni a sustituirla por otra. Ella es inconmovible e inmutable, sólo os la explico para que comprendáis todo su alcance y conozcáis su contenido que es mi sabiduría.
Aun cuando en el presente os parezca imposible cimentar la paz entre la humanidad, Yo os digo que la paz se hará y aún más, que el hombre practicará la espiritualidad.