¿Qué es la Espiritualidad?
¿Qué es la espiritualidad?
La finalidad de mi palabra es la de mostraros el camino certero por donde debéis transitar para alcanzar la verdadera espiritualidad, por la cual lograréis no solamente la tranquilidad del corazón, sino la paz de vuestro espíritu. Ya que a los valores materiales les habéis dado mayor importancia de la que poseen y en cambio de la vida espiritual ya nada queréis saber y ha llegado a tanto vuestro amor al mundo, que hasta lucháis cuanto es posible por ignorar todo lo que se refiere a la espiritualidad, por creer que este conocimiento es contrario a vuestro progreso en el mundo.
Sólo la luz de la vida espiritual, os revela la verdad, con ella podéis comprender cuanto deseáis y necesitáis saber.
La verdadera espiritualidad no puede admitir ninguna especie de idolatría o prejuicios. Espiritualidad quiere decir armonía del espíritu y de la materia, observancia de las leyes divinas y humanas, sencillez y pureza en la vida, fe absoluta y profunda en el Dios verdadero, alegría de servir a Dios en vuestros semejantes.
Espiritualidad es claridad, es sencillez, es culto al amor, es lucha por alcanzar la perfección del espíritu, es elevación de los sentimientos, bondad del corazón, rectitud en los actos. Es limpieza en las obras y en las palabras, vida elevada y generosa.
Espiritualidad es libertad, es la armonía con todo cuanto os rodea. Todo esto, significa desarrollo de todas las facultades del hombre, tanto las que corresponden a su parte humana, como las que vibran más allá de los sentidos del cuerpo y que son las potencias, atributos, facultades y sentidos del espíritu.
Quienes vivan y sientan la espiritualidad bien entendida, les dará fuerza y salud, por lo que nunca dejarán de sentir la verdadera paz y hasta cuando duerman su sueño será tranquilo y reparador.
¿Cómo podéis lograr la espiritualidad? Yo os digo, procurando ser justos en todos vuestros actos, practicando la caridad con vuestros hermanos, amando y perdonando.
¿No deseáis sanar las enfermedades del espíritu así como las del cuerpo? De cierto os digo, que podéis y debéis hacerlo, y esto es posible, practicando la verdadera espiritualidad, entonces veréis realizarse verdaderas maravillas y prodigios.
Vuestro camino ya no será pesado, las tentaciones ya no os harán caer en las profundidades del abismo, ya sabréis tomar de este mundo lo estrictamente justo, lo lícito e indispensable, dando con ello libertad a vuestro espíritu para lograr un mundo mejor.
Cuando despertéis a la espiritualidad, comprenderéis que las tinieblas son débiles ante la luz, el odio es un átomo frente a la fuerza irresistible del amor, y el materialismo se empequeñece ante los dones del espíritu. Por medio de ella, se logra un grado de elevación que permite al hombre concebir ideas elevadas, más allá de lo que puede su mente presentir.
La semilla de la espiritualidad, que siempre he sembrado en el mundo, es la que una vez más os recuerdo en este tiempo. Esa semilla encierra el secreto de una vida mejor. Imaginad el adelanto de una humanidad cuya moral proceda de la espiritualidad; una humanidad sin limites ni fronteras, compartiendo fraternalmente todos los medios de vida que la Tierra ofrece a sus hijos. Tratad de imaginar lo que será la ciencia humana, cuando ella tenga por ideal el amor de los unos a los otros.
Pensad en lo grato que será para Mí recibir de los hombres el culto del amor, de la fe, de la obediencia y de la humildad, a través de su vida sin que tengan que recurrir a ritos ni a cultos externos.
¡Ah, si en toda vuestra vida supieseis conservar pureza en la verdadera espiritualidad sin caer en fanatismo; cuán grande sería vuestra evolución!
Yo no os aparto de vuestro cumplimiento en el mundo, porque también ahí tenéis deberes sagrados, pero os digo que no deis al mundo más importancia que a vuestro desarrollo espiritual.
Espiritualidad es cuanto os pido en este tiempo a los hombres, y dentro de lo lícito, verán cumplidos sus más grandes ideales y resueltos sus más grandes conflictos.
Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual. (Colosenses 1:9)
La humanidad comprenderá que los bienes espirituales son indispensables en la vida del hombre, bienes que no se pueden adquirir con monedas, sino preparación espiritual. ¡Hoy es el dolor, el que os purifica, mañana será vuestra espiritualidad!