Dejad que vuestra fe hable
Dejad que vuestra fe hable, y el cielo os contestará
Quiero que sepáis lo que es la fe, para que comprendas que quien la posee, es dueño de un tesoro incomparable.
El que vive iluminado por esa luz interior, por pobre que le considere el mundo, nunca se sentirá paria, abandonado, débil, ni perdido; su fe en Dios, en la vida, en su destino, y aún en el mismo, jamás lo dejarán caer en la lucha.
Cuántos se engañan a sí mismos con una falsa fe, porque jamás han sabido mirar ni sentir con el espíritu y se han conformado con creer que tienen fe, y éstos son los que en la primera prueba dudan, se desconciertan o se confunden y muchas veces concluyen negando.
Ahora estáis ante un tiempo en el que no sólo creeréis por fe, por esa vista superior del espíritu, sino que también tendréis una comprensión que será superior a la de vuestro humano entendimiento, porque será el espíritu el que se ilumine con la sabiduría espiritual.
No quiero que viváis engañados con un escaso conocimiento de lo que es la verdadera fe, por eso Yo repruebo a quienes predican una fe ciega, una fe sin conocimiento, adquirida por temores y supersticiones.
…para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. (1ª de Corintios 2:5)
La verdadera fe es la mirada espiritual que ve más allá del corazón y de la mente. Yo he sorprendido muchas veces a los hombres abatidos y tristes, creyéndose impotentes para librarse del yugo que para ellos significa en este tiempo la vida. Y por eso he venido a sorprenderos gratamente con mi palabra que viene a infundiros fe, valor, alegría y esperanza.
Para los seres humanos, sobre todo cuando viven horas dolorosas, hay instantes que les parecen siglos, porque no saben revestirse de esperanza, de fe y de paciencia. ¿Por qué hay ocasiones en que me llamáis con desesperación creyendo que no os escucho? Si alguno se sintiera fatigado o que su fe es débil, llámeme, ore, y Yo estaré a su lado al instante.
Dije a los hombres que en Mí creyeron en aquel Tiempo: «Tu fe te ha salvado». Así lo declaré porque la fe es una potencia curativa, es una fuerza que transforma y su luz destruye las tinieblas.
Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? (Santiago 2:14-20)
Tened fe del tamaño del grano de la mostaza y veréis realizarse grandes prodigios. Hoy busco a los que no han comprendido el sentido de la vida, a los que se debilitan en cada empresa, y en cada propósito y les digo: La fe os dará una fuerza invencible y una luz que no se extinguirá jamás.
Vosotros sólo poseéis el presente, mas Yo sé por dónde cruzaréis el mañana, por lo tanto confiad en mí. Bendito sea el que tiene fe, mas también bendigo al que viene a Mí, pidiéndome ese precioso don. La fe os salvará, os he dicho siempre. En los trances difíciles, en las grandes pruebas, todo el que ore y confíe será salvo.
¿Por qué caéis a veces en el abismo de la desesperación y de la desconfianza, sabiendo que os amo y que tenéis toda mi protección? En mi camino nadie sucumbe y aunque hay ocasiones en que el hombre cae doblegado por el peso de la cruz, una fuerza superior le levanta y le da ánimos, esa fuerza proviene de la fe.
¿Acaso no vive dentro de vosotros la esperanza que os anima para aguardar un mañana mejor? Existen quienes olvidando a su espíritu, solamente piden para su materia pan, salud o trabajo y en todos obro un prodigio, porque ésos también serán testimonios que mañana enciendan la fe y esperanza en el corazón de vuestros hermanos. Mas no me pidáis tan poco, eso que os parece mucho, pronto termina; mejor pedidme beneficios eternos, bienes espirituales. Yo, por añadidura, os daré lo del mundo. Más tengo que daros que vosotros que pedirme, por lo tanto no os conforméis con tan poco. Recordad que os he dicho: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de Dios».
Deducid de mis palabras que lo que quiero de vosotros es confianza, fe, optimismo, calma y fortaleza, que a pesar de vuestras penalidades no haya amargura en vuestro corazón.
No privéis a vuestro corazón de todas aquellas alegrías sanas que aunque fugaces, las podéis disfrutar. Comed en paz vuestro humilde pan y de cierto os digo que lo encontraréis más dulce y sustancioso.
A pesar de cuanto os hablo, existen quienes hoy creen y mañana no, porque tienen sus horas para creer y sus horas para dudar. Mientras existan la duda y la debilidad que lucha por venceros, no podrá haber verdadera fe en vosotros. La fe se siente, es el impulso que os hace poner en práctica una idea sin temor a fracasar. Es la mirada espiritual que alcanza a contemplar la verdad.
Aprended de Mí que jamás he dudado de vosotros. Yo veo que dudáis del poder del amor, que dudáis de la fuerza de la fe; que dudáis hasta de vosotros mismos. ¿Qué podéis hacer con tanta duda? Yo sí creo en vosotros, conozco la simiente que hay en cada hijo mío, porque Yo lo formé, porque le di vida con mi amor.
Cuando carecéis de fe, o ésta es muy débil, sin daros cuenta a cada paso me vais negando, y en muchas de vuestras obras vais dando testimonio en contra mía; os digo esto para que observéis bien vuestros actos y midáis sus efectos, no sólo materiales sino también espirituales.
Considerad que si en vez de dudas y desconfianzas, llegáis a depositar toda vuestra fe en vuestro Padre, Él os iluminará a cada instante y os fortalecerá en cada una de vuestras pruebas.
No queráis que repita mis palabras del Segundo Tiempo y que os diga, que sois hombres de poca fe.
Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. (Mateo 8:26)
¿Qué os falta entonces, para poder obrar prodigios? Que crezca vuestra fe, que aumente, que se desborde, y entonces no serán miserias las que vengáis a presentarme, ni lágrimas las que me ofrezcáis, sino acción de gracias, satisfacción, conformidad, confianza, alegría, fortaleza y esperanza.