El Templo espiritual

El verdadero Templo de Dios

En aquel Segundo Tiempo dije a mis discípulos. ¿Veis cuán grande, majestuoso y opulento es el templo de Jerusalén? pues de él no quedará ni piedra sobre piedra. Mi palabra se cumplió, porque toda la idolatría y profanación que en él se hacían, las borré con mi doctrina. Yo prometí reedificarlo en tres días, que precisamente se cumplen en este Tercer Tiempo, en que vengo a levantar en el corazón de la humanidad el nuevo Templo, el nuevo santuario construido en lo más puro del espíritu del hombre.

…que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo (Mateo 26:61)

Por eso os digo que vosotros sois mi Templo, ese santuario que existe en vuestro espíritu y que es donde busco vuestra adoración, donde quiero que mi voz encuentre eco, donde quiero que se levante mi altar y donde Yo pueda habitar por siempre.

Abrid las puertas de vuestro santuario para que Yo penetre a lo más puro de vuestro ser. No vengo a buscar los templos de cantera, vengo en pos del Templo en vuestro espíritu y corazón para morar en él, cuando en vosotros exista la espiritualidad.

Cada quien lleva en su interior un Templo y también vuestro hogar es santuario, porque en él mora la familia humana que es semejante a la familia espiritual. Ahí en el seno del hogar está mi mejor Templo.

El verdadero Templo interior, en el que se levante un altar de amor a mi Divinidad, es un santuario que no será construido con piedras, sino con oraciones, obras de caridad y testimonios verdaderos. No busquéis un lugar determinado para rendirme culto, basta vuestra presencia en cualquier sitio para que sea sagrado, porque en vosotros estoy Yo.

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. (Hechos 17:24-25)

Vuestro planeta, siendo un átomo en medio de la inmensidad del Universo, tiene por misión ser una imagen de aquel templo armonioso.

Mirad que mi enseñanza, a la vez que es profunda, es sencilla y clara. Ahora estoy levantando un santuario en el corazón de mis hijos, pero en esta edificación he de contar con la ayuda de todos vosotros.

¿A qué santuario se refiere Dios vuestro Padre? Al de vuestro espíritu, que en este tiempo le contemplo en ruinas, mas Yo os ayudaré en su restauración.

¿Quiénes formarán los cimientos de este santuario? Con vuestra unión, formaréis el Templo: Unos por su firmeza, serán cimientos; los que alcancen mayor elevación, serán los muros, otros con su caridad serán escalinatas; y otros más, con su don de palabra, se asemejarán a las campanas que con sus voces llaman a las multitudes. Habrá quienes, por su inspiración, simbolizarán altas torres y cúpulas del recinto; y los que por su amor a la humanidad sean como puertas siempre abiertas al necesitado, al sediento, al enfermo, al incomprendido.

Nadie debe profanar este Templo, ni permitir que en él penetren la idolatría, la codicia, el egoísmo ni la hipocresía.

Mas Yo llegaré a mi Templo para arrojar de allí a los mercaderes como lo hice en el Segundo Tiempo en el templo de Jerusalén y les diré una vez más: «No hagáis de la casa de oración una casa de mercado». ¿Dónde está la mentira? Donde han convertido mi Obra en mercadería, donde han interpretado mal mi palabra dada en todos los tiempos.

Si consideráis que la Creación es un templo donde Yo habito, ¿no teméis que Jesús se presente ahí empuñando el látigo y arroje a los mercaderes y a los que la profanen? ¿De qué os servirían cánticos, oraciones y ritos, si en vuestro interior sólo ocultaseis bajas pasiones? Tengo sed de vuestro amor, no del incienso. Menos lágrimas y más luz, es lo que deseo que haya en vuestra existencia.

Comprended ahora por qué mis apóstoles de aquel tiempo no construyeron templos materiales y sí levantaron templos de fe, de virtud y amor en los corazones, lo hicieron con sus palabras y obras. Cuando, hablaban de la Doctrina de Cristo, levantaban santuarios en el espíritu de las multitudes.

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? (1ª Corintios 3:16)

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