De la Doctrina Cristiana

De la Doctrina Cristiana

Han pasado cerca de dos mil años, desde que vine a entregaros mi Doctrina, y a pesar del tiempo transcurrido, aún no ha sido conocida por toda la humanidad, pero a su tiempo habrá de surgir llena de esplendor desde el fondo de los mismos corazones, que antes fueron para ella como un sepulcro. La Doctrina que vengo a enseñaros no es nueva, no digáis que con mi advenimiento, ha surgido una nueva religión en la Tierra. Si os parece extraña mi Doctrina, os digo qué vosotros sois los extraños.

He aquí una página más del Libro de la Vida, escrita por mi caridad; he venido a hablarle a vuestro espíritu porque en todos los tiempos me he comunicado con la humanidad.

Porque tanto Yo como mi Ley, somos inmutables y eternos. Cada vez que vengo a vosotros os encuentro más distantes, más manchados y por lo tanto, más extraviados del camino.

En torno a mi Doctrina, se han creado misterios y dogmas y Yo os digo que el misterio no existe y la ignorancia sí. Esta es mi Doctrina de todos los tiempos. Mirad que teniendo la verdad delante de vuestros ojos, no la habéis comprendido. ¿Cómo podréis vivirla si no la conocéis?

Cuando la humanidad comprenda la verdad de esta enseñanza, su justicia y los infinitos conocimientos que revela, desechará de su corazón todo temor, todo perjuicio y la tomará como norma de su vida.

Yo no he venido a infundiros temor; he venido a inspiraros amor.

Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad. (Lucas 4:32)

No deseo esclavizaros con mi enseñanza, porque en ella no existen dogmas, sentencias ni anatemas; quiero que lleguéis a Mí por amor, por méritos, por fe, por convencimiento.

Si verdaderamente penetráis en el sentido de Mi Doctrina, veréis cómo mi palabra de ahora es la explicación y aclaración de cuanto dije en aquel Segundo Tiempo, a través de Jesús.

Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber. (Juan 16:14-15)

¿Por ventura creéis que venga Yo a negarle poder a la Doctrina que en el Segundo Tiempo os traje como mensaje de amor? No, os la vengo a traer nuevamente, porque la habéis encerrado en libros y no la lleváis en el corazón.

Hay quienes juzgan fuera de época mi Doctrina, y esto es porque su materialidad no les permite descubrir el sentido eterno de mis lecciones. Para muchos hombres, Jesús es el personaje de una hermosa y antigua leyenda; cuyos ejemplos no pueden imitarse y ser llevados a la práctica en estos tiempos de materialismo; a lo que Yo os digo, que la palabra y las obras de Jesús el Cristo, no han pasado ni pasarán jamás, porque no pertenecen a una época ni a una nación, ya que la esencia de su Obra en el mundo es el verdadero amor y la humildad y sus enseñanzas, las que necesita la humanidad para su adelanto espiritual.

Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. (Juan 7:16)

Ya veréis cómo este mundo de ahora, materialista, hostil y egoísta, se transformará, porque mi Doctrina, a veces fuerte como la tempestad y en ocasiones suave como la brisa, arrasará lo impuro y dará vida a la buena simiente para que, los hombres establezcan su futuro sobre cimientos de amor y de armonía.

Sin embargo, no será comprendida al instante; el mundo volverá a juzgarme, esta humanidad volverá a poner la cruz sobre mis hombros; mas ya sé que deberá pasar mi Doctrina por sobre todas estas ingratitudes, para que sea reconocida y amada.

De todo os prevengo porque ya os he dicho que habrá lucha y que mi Doctrina será combatida en muchas formas. Muchos serán los que traten de hacerla desaparecer, mas para que mi Doctrina desaparezca antes tendrá que dejar de existir el último de los espíritus, o sea, el último de los hombres sobre este mundo. Ciertamente mi Doctrina conmoverá al mundo, mas cuando la lucha haya cesado, se sentirá en la Tierra la verdadera paz, aquella que viene de mi Espíritu. Sólo seguirán sufriendo los necios, los reacios de entendimiento y duros de corazón.

La Ley y Doctrina que legué a la humanidad en tiempos pasados, se encuentran ocultas y han sido sustituidas por ritos, cultos exteriores, tradiciones y ceremonias. Mi palabra es como un libro, ha abierto ante vosotros sus páginas para mostraros la sencillez del más allá. Los tiempos en que los hombres cumplían en forma religiosa, olvidándose de la Ley, pasarán porque eso es prevaricar. Mi Doctrina pierde todo su sentido si no la lleváis a la práctica, y por lo tanto, quien la lleve tan sólo en la memoria o en los labios, sin aplicarla a sus obras, está prevaricando.

Veía a los prevaricadores, y me disgustaba, porque no guardaban tus palabras. (Salmos 119:158)

Con cuánta dulzura y amor enseñaron a la humanidad los primeros maestros del Cristianismo. La fuerza de su palabra estuvo en la verdad de sus obras, con las cuales convertían e invitaban a la espiritualidad. Los llamo maestros, porque enseñaron según mi ejemplo. Si alguien ha querido enseñaros obligándoos a creer sin comprender el sentido de mis enseñanzas, ése no es un buen maestro, menos si hace uso de la fuerza privando a sus hermanos de la libertad de pensar, de creer y razonar.

¡Cuánto temor veo en muchos corazones cuando se trata de renunciar a esos hábitos, que habéis creado dentro de mi Doctrina! Y cómo sentís lastimado vuestro corazón cuando se os habla de ellos, sin que queráis comprender que por cumplir con esas tradiciones, abandonáis el verdadero cumplimiento de mi Ley. ¡Cuántos ritos le habéis mezclado, cuántas impurezas, hasta haber llegado a deformarla!

Qué equivocados se encuentran los hombres cuando piensan en Dios a través de la liturgia y las ceremonias. Dios no es ni puede ser lo que el hombre ha edificado en la Tierra.

Mi palabra no detiene la evolución de vuestro espíritu, por el contrario, lo liberta de temores y de prejuicios y le hace contemplar el camino de luz que le espera. Son los hombres los que provocan tempestades. El materialismo, el egoísmo, el orgullo y el amor al mundo, son las fuerzas que se levantan en contra de esta revelación, que no es nueva ni distinta a la que os he traído en los tiempos pasados. La Doctrina que ahora he venido a revelaros, y a la que dais el nombre de Espiritualismo, es la esencia de la Ley y de la Doctrina que en el Primero y Segundo Tiempos os fueron reveladas.

Mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios. (Hechos 5:39)

El sentido y finalidad de mi Doctrina es la salvación moral y espiritual de la humanidad. Esta palabra, sencilla y humilde en su forma, pero profunda en su sentido espiritual, volverá a confundir a los sabios en su soberbia y en su vanidad, y les demostrará que a la Doctrina de Cristo, el Salvador, nadie podrá extinguirla, porque Él es la Vida.

¿Veis cómo mi semilla no está perdida? A vosotros que dudáis de ello, os digo que busquéis con la meditación esa semilla, sin esperar a que sea el dolor el que os ponga frente a la verdad.

Cuando la Humanidad conozca mi Enseñanza y penetre en su sentido, depositará en ella su confianza y se afirmará su fe en este certero camino, que es guía para todo ser que quiera vivir en la justicia, en el amor y en el respeto hacia sus semejantes. Cuando Mi Doctrina se asiente en el corazón de los hombres, se iluminará la vida del hogar, fortaleciendo a los padres en la virtud, a los matrimonios en la fidelidad, a los hijos en la obediencia y colmará de sabiduría a los maestros, hará magnánimos a los gobernantes e inspirará a los jueces, para que hagan verdadera justicia; los científicos se verán iluminados y esta luz les revelará grandes secretos para el bien de la humanidad y para su evolución espiritual. Así empezará una nueva era de paz y de progreso.

Muchos aún tendrán que andar de religión en religión, hasta que su espíritu se eleve en conocimientos y lleguen a comprender que la Ley única, la Doctrina Universal y eterna del espíritu, es la del amor, a la cual todos llegarán. Yo los esperaré con los brazos abiertos, tal como estuve en la cruz.

Comed el pan espiritual según lo ofrecen las diferentes religiones; conoced lo que es la ciencia; y escuchad diferentes teorías humanas; pero ahora oídme a Mí: si después de escuchar mi última palabra mi Doctrina no os satisface, id y buscad la verdad en otro sendero. Aquí debe convenceros la luz, el amor, la elevación de mi enseñanza, porque Yo no quiero esclavos del espíritu.

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. (Galatas 5:1)

La religión cristiana que conocéis en estos tiempos, no es siquiera un reflejo de la Doctrina que mis apóstoles practicaron y enseñaron.

Nuevamente os digo que en aquellos discípulos podéis encontrar modelos perfectos de humildad, de amor, de caridad y elevación. Ellos sellaron con sangre la verdad que pronunciaron sus bocas. De vosotros no pedirá ya sangre la humanidad, para creer en vuestro testimonio; pero os pedirá verdad.

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