Significado del verdadero perdón

Significado del verdadero perdón

En verdad os digo, que esta humanidad no conoce aún la fuerza del perdón y los milagros que él obra. Cuando tenga fe en mi palabra, se convencerá de esta verdad.

¿No quisierais al menos una vez en vuestra existencia, llevar a la práctica este sublime mandamiento, a fin de que os deis cuenta de los milagros que él opera, tanto en el que entrega el perdón, como el que lo recibe?

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. (Mateo 5:23)

Cuando al ser ofendido devolvéis el golpe y ambos se arrepienten, no retengáis por orgullo vuestra mano, sed el primero en tenderla como prueba de humildad, y no temáis humillaros, porque Yo os digo que el que se humillare en el mundo, será ensalzado en el más allá.

Destruid vuestro orgullo, la humildad es el triunfo, la vanidad es la derrota, aunque en el mundo lo apreciéis de diferente manera. Daos la mano unos a otros en prueba de amistad, mas hacedlo con sinceridad. ¿Cómo queréis ser hermanos si aún no sabéis ser amigos? Aprended a perdonar los defectos de vuestros hermanos y si no podéis corregirlos por lo menos tended sobre ellos un velo de indulgencia.

De cierto os digo que si los hombres se perdonaran, ¡cuánta paz habría entre la humanidad! ¡Cuántos seres han pasado por este mundo llamándose cristianos y no fueron capaces de otorgar durante toda su vida un sólo perdón!

Os habla aquél que en la cruz, agonizante, maltrecho y torturado por la turba, elevó sus ojos al infinito, diciendo: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen».

Habéis perdido el derecho de repetir aquella frase, por eso ahora vengo con nuevas lecciones, para que no sean palabras ni oraciones las que se graben en vuestro entendimiento, sino la esencia de mi enseñanza la que penetre en vuestro corazón y espíritu. Cuando sepáis recibir el golpe en la mejilla derecha y en señal de perdón, de amor y de humildad, presentéis la izquierda a vuestro ofensor, ya podéis confiar en que comenzáis a ser mis discípulos.

Hasta que surja el perdón entre los hombres, cesarán sus guerras fratricidas y surgirá la unión de todas las naciones. Mi palabra la tomáis siempre en su sentido material, sin deteneros a comprenderla en su significado espiritual. Yo os digo que, así como podéis ser tocados en la mejilla, lo podréis ser en el corazón. En vuestra parte moral o también podréis ser tocados en vuestro espíritu.

Cuando conozcáis vuestras manchas y errores, comprenderéis el amor con que os perdono y os espero, entonces no tendréis más que decir: «Si mi Padre me ha perdonado, después de ofenderlo tanto, obligado estoy a perdonar a mis hermanos».

Vosotros solicitáis mi perdón constantemente, porque a cada paso me ofendéis, y Yo os perdono. En cambio: ¿Vosotros habéis perdonado a quien os ha ofendido? Yo consuelo al que se arrepiente sinceramente, perdono sus faltas y le ayudo a restituir el mal causado. Sabed que el que no se arrepiente no llega a Mí, porque sólo del arrepentimiento puede surgir la regeneración, la enmienda y la purificación.

El perdón que proviene del amor verdadero, sólo mi Doctrina lo enseña y él posee una fuerza poderosa para convertir, regenerar y transformar al malo en bueno y al pecador en virtuoso.

Pero no porque de antemano os sintáis perdonados, vayáis a hacer mal uso de este perdón. Aprended a perdonar a quien os haya herido. Yo dije a Pedro que si setenta veces siete era ofendido por su hermano, el mismo número de veces debería perdonarlo; dándole a entender con ello, que debería hacerlo siempre, lo mismo con los pequeños que con los grandes agravios.

Si Cristo volviese en este tiempo a la Tierra, hecho hombre, ya no diría como en el Calvario: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen», porque ahora recibís en pleno la luz de la conciencia y el espíritu ha evolucionado mucho. ¿Quién ignora que Yo soy el dador de la vida, que por lo tanto, nadie puede tomar la de su hermano? Si el hombre no puede dar la existencia, tampoco está autorizado para tomar lo que no puede devolver. He aquí, que cuando os doy mi palabra de perdón, se hace luz en las tinieblas.

Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé. (Isaías 42:16)

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