¿Qué es el espíritu?

¿Qué es el espíritu?

He aquí el Libro de la Vida abierto ante vosotros, para que no vayáis entre tinieblas. Hoy vengo a mostraros una página más profunda de ese conocimiento. Si Yo os doté de espíritu lo más natural y justo es que le muestre algo más de lo que pueda enseñarle la Naturaleza.

¿Creéis que eternamente va a ser un enigma para el hombre la vida del espíritu? Existen quienes sienten temor, desconfianza, confusión y no ha faltado quien sienta horror por la palabra espíritu, sin recordar que dentro de sí lleva uno que le ha dado su Creador, quien también es Espíritu.

Decidme: ¿Quiénes sois? ¿Qué sois? ¿Quién creéis ser? ¿Qué sentís ser? ¿Acaso la materia que desciende al sepulcro o el espíritu que se eleva hacia la eternidad? Vuestro espíritu es una chispa brotada del Espíritu Divino, es chispa de luz, semilla de amor, germen de vida.

El cuerpo es sólo un estuche, pero en su interior existe una esencia, como un agradable perfume, y, ¿no creéis que sea injusto que este perfume o esencia pura esté encerrada, cuando su aroma puede embalsamar toda una estancia? La cual debe ser vuestro hogar, mañana será el mundo, después el espacio sin fin.

El espíritu del hombre es mi obra maestra. Nada existe en la creación material que sea mayor que vuestro espíritu, ni el astro rey con su luz, ni la Tierra con todas sus maravillas, porque él es partícula divina, que ha brotado del Espíritu Divino.

Mirad cómo los hombres de Ciencia, escudriñando el cuerpo humano, se han maravillado de su perfección; y si ese cuerpo, que es un ser pasajero en esta vida, encierra tan prodigiosa perfección, ¿imagináis la grandeza del espíritu, cuya naturaleza es inmortal?

Cuando habéis tenido un instante de meditación, sin daros cuenta habéis penetrado en comunión con la vida espiritual y sentís la sensación de lo eterno y de que algo de aquella eternidad vive y palpita en vuestro ser. Así fue como en los primeros tiempos la humanidad descubrió que en sí llevaba un ser, una naturaleza que no era de este mundo, sino que pertenecía a otra morada; y eso no la atemorizó, por el contrario, la llenó de esperanza, porque vio que su vida no se limitaba a la breve existencia en esta Tierra; presintió que su espíritu, al desprenderse del cuerpo, se elevaría hacia una mansión en la que hallaría un goce que en este mundo no había encontrado, una satisfacción justa para su ideal elevado.

El espíritu es antes que el cuerpo, como el cuerpo es antes que el vestido. Esa materia que poseéis es tan sólo una vestidura pasajera del espíritu. No sólo sois mentes que hoy piensan y mañana no; no sólo sois materias que hoy palpitan y pronto dejan de existir; para Mí, ante todos sois espíritus eternos, hijos de Dios.

¿Qué es la materia sin el espíritu? Un conjunto de células inanimadas. El espíritu es la vida de la materia, pero uno y otro proceden de Dios. Yo soy como un sol, vosotros sois como una chispa de él. Fuisteis creados pequeños para que crecieseis por vuestros méritos desarrollando vuestros dones. Fuisteis puros en un principio, pureza que más tarde manchasteis con vuestros errores.

Todos sois semejantes al brillante en su origen, al cual hay que pulir con cuidado y con mucho amor, para que dé hermosos destellos. ¿Acaso os creéis indignos de ser comparados con el brillante?

No sólo sois sustancia sin también esencia, porque debéis saber que donde termina el hombre, no es el final en el camino del espíritu. Si el hombre careciese de espíritu y fuese un ser absolutamente material, su misión y su destino terminarían con su último aliento de vida.

Muchas son las verdades que el hombre se ha atrevido a negar, sin embargo, la creencia de la existencia de su espíritu, no ha sido de las que haya combatido más, porque el hombre ha sentido y ha llegado a comprender que negar a su espíritu, sería tanto como negarse a sí mismo.

El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. (Juan 6:63)

Qué hermoso será para vuestro espíritu, si al llegar su último instante en la Tierra, su conciencia, llena de paz, pueda hablarle a su Padre y decirle: «Señor, todo está consumado».

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