Camino a la Espiritualidad II
EL CAMINO A LA ESPIRITUALIDAD – II
Construid vuestra paz, vuestro mundo de felicidad, estudiando y practicando la esencia de mis Enseñanzas.
La felicidad no está en lo que materialmente se posee, sino en lo que espiritualmente se conoce. Conocer es poseer.
Debo deciros que no es preciso llorar y padecer, para merecer la paz en el Más Allá. Debéis luchar por hacer más amable vuestra existencia. Benditos aquéllos que callan sus penas y en cambio, hacen que sus hermanos participen de sus alegrías, aunque éstas sean muy pequeñas.
Si pudieseis transformar este planeta de valle de dolor, en un mundo en el que se practicara el bien, en verdad os digo que esa existencia sería más meritoria y elevada que una vida de vicisitudes y sufrimientos.
Si los hombres se levantan en guerra, no es porque ésa sea mi Voluntad, es que no han comprendido mi Ley y, al alejarse de ella, hacen obra destructora. En esta Era de preparación os estoy haciendo pasar por un crisol para que, cuando salgáis de él, podáis ser el sabor del mundo, la luz que ilumine su camino.
Vuestra misión es la de velar, orar e interceder por vuestros hermanos, tanto presentes como ausentes, visibles e invisibles. ¿Cuándo amaréis a los que forman vuestra familia espiritual, como lo hacéis con los que llevan vuestra sangre? Ciertamente sois más hermanos por el espíritu que por el cuerpo que lleváis, porque el espíritu pertenece a la eternidad y la materia es pasajera. Las familias en la Tierra, hoy se forman y mañana se desintegran, mientras que la familia espiritual existe por siempre.
Daos la mano unos a otros en prueba de amistad, mas hacedlo con sinceridad, ¿cómo queréis ser hermanos si aún no sabéis ser amigos? Mas llegará el tiempo en que miréis en cada hermano una imagen de mi Divinidad. Cuando hagáis desaparecer las diferencias entre vosotros, la vida será risueña y agradable. Entonces estaréis en los albores de la Nueva Era.
En muchas sociedades, órdenes y congregaciones, suelen los hombres llamarse hermanos. Sus labios pronuncian esa dulce palabra, sin que la sienta el corazón. Quiero que cuando llaméis hermano a uno de vuestros semejantes, comprendáis su significado y procuréis sentir su verdad. Cuando lo hagáis, será muy grande vuestra fuerza.
Combatid todo brote de desunión, de falsedad o mistificación que surgiere en vuestro seno. No os descuidéis, porque la mala yerba puede crecer y echar raíces en los cimientos de vuestro santuario. Guardad esta lección, discípulos. Amaos estando reunidos, amaos estando distantes y a esa fraternidad, descenderá la bendición de vuestro Padre.
Yo me manifiesto en Espíritu. Soy la Verdad. Quien quiera entenderme, deberá seguir el dictado de mi Palabra. Esta comunicación por el entendimiento del hombre, es un testimonio del inmenso amor que os tengo, de mi Sabiduría.
La arcilla, que sois vosotros, no puede modelarse por si sola, necesita para ello de una inteligencia superior, clara, diáfana, que es la Divina idea del Creador.
El pensamiento del Padre, es el constructor del Universo. Él formó todo lo que existe. También el hombre tiene el poder de formar y crear, pero al no ser perfecto como el Padre, deberá perfeccionarse para convenirse en su digno colaborador.
Para que aparezca en la Tierra el NUEVO HOMBRE, es menester borrar toda mancha, destruir todo pecado y dejar que sólo germine la buena simiente. Haced que lo impuro se volatilice y los malos hábitos se pierdan en medio de la bruma, que vuestra mente se limpie y las ideas nuevas que broten de ella sean como avecillas que canten la gloria del Padre.
En el camino que vengo a trazaros, sólo tienen valor la luz de la verdad, las obras de amor y el perdón. Renunciad al mal carácter, para que no seáis prisioneros de vosotros. Nunca pretendáis imponeros con dureza ni altanería, ni aun revestidos de autoridad. El que ocupa un cargo delante de sus hermanos, no ordena, trabaja; no se irrita ni humilla a nadie, habla de manera tan dulce, que más parece que suplica.
El más grande debe cuidar de los demás como si fueran criaturas pequeñas, debe amarlos y velar por ellos, sanarlos, dirigirlos y enseñarlos con amor. El mayor entre los suyos, debe sentirse más responsable.
Educad vuestra mente, para que las palabras que salgan de vuestros labios sean constructivas. Así habréis dado un gran paso de adelanto en el camino. Cuando destruyáis el poder maléfico de herir con la palabra, habréis aprendido la primera lección.
Haced todo el bien que podáis. Apartad las malas costumbres, las bajas pasiones, y entonces, habréis lavado con el agua del manantial de la gracia, a vuestro espíritu. Quiero remover desde el fondo de vuestro ser la bondad, para avivar los buenos sentimientos.
¡Levantaos, cambiad de modo de pensar, de ser y de obrar! Educad vuestra voluntad, para que no toméis atribuciones que no os corresponden y no juzguéis a nadie, para que no seáis juzgados.
¿Creéis que mi Cátedra, mi Amor manifestado en palabra, no sea capaz de haceros hombres nuevos? ¿Acaso mi Verbo no puede penetrar en vuestro corazón y hacer una Divina renovación?
Cuando tengáis el suficiente valor para renunciar a todo lo equivocado de vuestra vida y la fuerza de voluntad necesaria para no volver a cometer errores, entonces podréis reconocerme, amarme, seguirme, y seréis ese hombre transformado de que os hablo, mi vehículo de manifestación, y seremos uno, como Yo soy Uno con mi Padre Celestial.
Yo bendigo a todos los pueblos, a los que me aman y a los que me desconocen; lo mismo a los que me siguen, como a los que se han alejado del camino. Todos están señalados para llegar a mi Presencia y tarde o temprano, hallarán el camino que los conducirá a Mí.
Entre los que han endurecido su corazón en el vicio y la maldad, veréis surgir a muchos buscando la regeneración y la espiritualidad; mas para que tomen con firmeza esa decisión, tenéis que darles ejemplo y dejar en ellos una verdadera prueba de fraternidad, que sea como un rayo de luz en las tinieblas de su espíritu.
¿Queréis lavar vuestras manchas? Dejad que os toque con mi Justicia sabia y perfecta.
Yo no os exijo ningún sacrificio, ni os pido la suprema perfección, sólo espero el propósito firme de que obedezcáis mis Mandatos y un poco de caridad a vosotros y a vuestros hermanos.
He llamado hombres de buena voluntad a los que saben imitarme y cuando sufren, elevan su espíritu en demanda de perdón y de paz. Ellos saben que para purificarse es necesario el dolor y por eso lo apuran con paciencia.
Si la brisa y el sol os acarician, haced lo mismo con vuestros hermanos. Éste es el tiempo en que los necesitados y los menesterosos abundan. Comprended que quien os pide un favor, os está concediendo la gracia de que seáis útiles y de que trabajéis por vuestra salvación.
No dudéis en el momento de la prueba; no digáis que no os he escuchado en el trance más difícil. Mientras haya aliento de vida en vuestro ser, mientras piense vuestra mente y necesite mi fuerza vuestro espíritu, Yo estaré con vosotros, porque soy la vida que vibra y palpita en todos los seres.
Debéis conoceros. Haced uso de vuestras facultades y potencias, porque hoy necesitáis conocerlo y abarcarlo todo con el espíritu, para que dejéis concluida vuestra obra en la Tierra.
El sendero es estrecho y debéis caminar con cuidado para no tocar ningún extremo: que no os familiaricéis con lo que es espiritual ni caigáis en fanatismo.
Sabed que esta vida es un combate, pero que estáis predestinados al triunfo, porque mi Luz, que está en cada uno de vosotros, jamás podrá ser opacada. Yo os digo que donde la lucha os llame, os presentéis con la confianza absoluta de que la sabiduría y la fe, siempre vencerán a las debilidades y pasiones.
Mi Palabra es un remanso de paz. Cuando os sintáis fatigados, tristes o enfermos, buscadla y en ella encontraréis fortaleza y salud para vivir. Bebed de esta fuente, ¡oh, espíritus sedientos que habéis buscado la luz sin encontrarla! Sentid esta dulce paz que no ha conocido vuestro corazón y cuando la hayáis saboreado, sabréis Quién os está hablando. Ya no tendréis necesidad de preguntar por qué he venido nuevamente a los hombres, porque la respuesta la llevaréis en vosotros.
Vuestro espíritu se ha ausentado de la materia para escuchar mi Enseñanza y me ha hablado sin palabras. El espíritu sabe que la palabra humana empobrece y empequeñece la expresión del pensamiento espiritual, por eso hace enmudecer vuestros labios y se eleva para confiarme, en el lenguaje que sólo Yo conozco, el secreto que lleva oculto en lo más íntimo de su ser.
Bendito el que busca estar en paz con su conciencia. Bendito el que siembra de paz su camino, porque dejará a su paso bienestar y confianza. Benditos los que han luchado y trabajado por la paz, los que han creído en mi Voz y se han levantado por los caminos, sembrando mi Enseñanza. Bienaventurados los que comprenden lo oculto y lo grande de las frases sencillas, porque de ellos es la sabiduría.
Todas las potencias de vuestro ser, hallarán en mi Palabra la senda luminosa, por donde podrán evolucionar y perfeccionarse.
No sólo vuestro espíritu ha encontrado en mi Obra motivos para su adelanto, también vuestras facultades mentales han tenido desarrollo y, todo lo que ayer mirabais confuso y misterioso, hoy podéis comprenderlo. Pero no aspiréis a llegar a las altas cimas del saber tan solo por el desarrollo de la mente, sino buscad siempre la forma de armonizar la inteligencia con los sentimientos.
El pensamiento es voz y oído, es arma y escudo. Lo mismo crea que destruye. Conoced vuestras armas antes de que la lucha de ideas comience. El que sepa prepararse será fuerte e invencible. Ahora os digo: No uséis la mente como arma homicida. Nunca penséis mal de aquéllos que no os comprenden, porque hasta el más íntimo sentimiento que tengáis hacia vuestros hermanos, ellos lo percibirán.
Vuestra espada será el pensamiento limpio y bien intencionado y vuestro escudo la fe y la caridad. He aquí por qué os he dicho que no conocéis todavía la fuerza de la mente.
En este momento de oración, consagrado a la comunión con el Padre, olvidad preocupaciones y tentaciones que puedan apartar a vuestro espíritu del recogimiento y libradlo de toda inquietud. Dejad que vuestra voluntad sea la mía y abandonaos en el amor del Padre. Cuando esto sea, contemplaréis realizarse, como en el Segundo Tiempo, las grandes obras.
Era menester que viniera en este tiempo de dolor, a recordaros enseñanzas olvidadas y a revelaros nuevas lecciones. No será necesario que lleguéis a hacer milagros, aunque os digo que muchas veces los hacéis sin daros cuenta y sólo Yo los contemplo; bastará que vuestra fe sea grande, que practiquéis la oración espiritual y perseveréis en el bien y vuestros ojos serán testigos de grandes prodigios.
Os habéis maravillado con las obras que hice a través de Jesús y, si meditáis, veréis que éstas no han cesado de realizarse en el mundo. Hoy nuevamente los sordos oyen. Son los que habían acallado la voz de su conciencia y han dado oído a mis Palabras, que los han llevado al arrepentimiento. El paralítico ha sanado y hoy me sigue. Es el hijo que habiéndose apartado de la senda espiritual, se encontraba entorpecido para venir a Mí, y hoy ha quedado libre de las cadenas que lo ataban. Los ciegos han visto. He venido a despertarlos de su letargo y mi luz ha apartado de sus ojos la venda de oscuridad que los cubría.
Ayer sólo creíais en el prodigio material, hoy creeréis en las obras del espíritu. Todos los milagros volverán, pero los veréis realizados en otra forma, y os repito: ¡Cuántos de ellos ya los habéis tenido entre vosotros! Mis lecciones tienen siempre un principio y una razón. No existe milagro que no tenga una explicación lógica y natural: nada se produce sin causa.
Lo que llamáis milagro, no es sino la materialización de un mensaje Divino, cuya voz habla incansablemente de algo que está más allá de vuestra razón y brota de mi Espíritu hacia el vuestro.
En la Escala que vio Jacob hay muchos peldaños, en el Valle Espiritual y en los espacios sin fin, hay muchos mundos. En verdad os digo que siempre me he comunicado con todos y según es la escala espiritual en que se encuentran mis hijos, así me he manifestado.
Éste es el tiempo en que ya vuestro espíritu, desde la Tierra, puede comenzar a soñar en moradas más altas y en conocimientos más grandes. Al partir al Más Allá, pasará por muchos mundos sin detenerse en ellos, hasta llegar a aquél que por sus méritos le corresponde habitar. Estará consciente de su estado espiritual, sabrá desempeñar su misión doquiera se encuentre, conocerá el idioma del amor, de la armonía y la justicia y sabrá comunicarse con la pureza del lenguaje espiritual.
No digáis más que hay un Cielo y una Tierra y que éstos son lugares determinados: existen millares de mundos. No es éste el único que sabe de la huella de mi paso: doquiera que ha sido menester de un Redentor, ahí ha estado mi Presencia.
Llego como antaño a deciros que más allá de esta existencia tenéis una vida superior: “en la casa de mi Padre hay muchas moradas”. Todo está preparado con sabiduría en el Universo. Estoy hablando a todos mis hijos, en la forma que corresponde a cada uno, para llevarlos a la comunicación perfecta Conmigo.
¿Acaso espiritualmente sois los más adelantados en el Universo? Yo sólo os digo: No sólo en este mundo tengo discípulos. Hoy estáis aislados porque vuestro egoísmo sólo os ha hecho vivir para la materia sin ambicionar la libertad del espíritu. ¿Qué sería de vosotros si antes de despojaros de vuestras imperfecciones humanas, os fuese concedido llegar a otros mundos? ¿Cuál sería la semilla que iríais a sembrar? En lugar de amor, llevaríais soberbia y vanidad.
Aquí me he comunicado a través de materias, allá lo he hecho directamente con los espíritus elevados. Vosotros no tenéis todavía la evolución necesaria para comprender estas cosas, ni la espiritualidad para armonizar con otras moradas.
Yo envío a cada uno un rayo de mi Luz: a vosotros en forma de palabra humana, a otras moradas, por medio de inspiración. Cuando la vida de los hombres tenga un principio de espiritualidad, no será necesario que se esfuercen en buscar a quienes habitan moradas más altas, porque al mismo tiempo serán buscados por ellos. El bien y el amor serán las llaves que abran las puertas del Arcano.
Vuestra Tierra se ha iluminado con mi Presencia, pronto penetraréis en una Era de renacimiento espiritual, que ha de llevaros al florecimiento de todas las virtudes y a colocaros en planos superiores. Así como he venido a vosotros, he llegado a otros mundos, en donde el espíritu lucha y se perfecciona. Entre esos mundos y el vuestro, estableceré alianza y amistad. Quiero que enlacéis vuestro pensamiento con ellos.
Yo os conduzco hacia la comunicación de unos y otros. Muchos balbuceos habrá, grandes manifestaciones que serán creídas por unos y desmentidas por otros, pero el espíritu se manifestará y finalmente se impondrá. Sabed que el hombre está hecho a semejanza del Universo y éste a semejanza del hombre.
Mi Obra irá creciendo hasta que al fin, todos los espíritus se unifiquen en el cumplimiento de mi Ley y los que en este tiempo habiten este planeta, sentirán palpitar mi Amor en toda la creación y se irán preparando para llegar a moradas superiores. A las generaciones del mañana, les será dado contemplar abiertas las puertas que les aproximen a otros mundos y tendrán motivo para maravillarse de mi Obra.
Cada escala, cada peldaño, cada morada, ofrece al espíritu una luz mayor y un gozo más perfecto, pero la paz suprema, la felicidad del espíritu, está más allá de todas las moradas pasajeras.
Tomad ejemplo de mis apóstoles, quienes con obras de amor, con palabras de luz y con escritos que reflejaban la verdad, hicieron llegar a todos los pueblos de la Tierra el testimonio de que Cristo, el Maestro Divino, había estado con ellos.
No pregonéis que sois mi apóstol. Aunque seáis maestros, diréis que sois discípulos. No llevaréis vestidura que os distinga de los demás ni libro en vuestras manos. No edificaréis recintos ni tendréis en la Tierra la sede o cimiento de mi Obra, ni habrá hombre alguno que me represente.
Vosotros quedaréis para enseñar a vuestros hermanos lo que aprendisteis de Mí y no habrá pregunta, por profunda que sea, que no contestéis con acierto, pero sed humildes, para que no os despojéis de mi Gracia. Los que hoy me rodeáis no sois justos, pero llegaréis a serlo.
Hablad cuando debáis hacerlo, callad cuando sea conveniente, huid de la adulación y no publiquéis la caridad que hagáis; trabajad en silencio y testificaréis con obras de amor la verdad de mi Doctrina.
Si para dar ejemplo a los hombres Yo enviase santos y seres perfectos a la humanidad, les parecería imposible siquiera semejarse a ellos. Yo quiero enviar a la humanidad a pecadores convertidos que, sin llegar a ser justos, sepan dar ejemplo de regeneración, de arrepentimiento y fortaleza, inspirados en mi Enseñanza.
Ved que el Maestro no os pide imposibles, ni siquiera os digo que transforméis vuestra vida en un instante. Desmaterializad vuestro corazón, despojadlo de egoísmo y estaréis dando pasos de adelanto en el camino que os tracé con amor. El día en que sepáis penetrar en vosotros os será fácil llegar al corazón de vuestros hermanos.
Quiero que entre mis discípulos haya siempre verdad, porque Yo estoy y estaré siempre en vuestra verdad. Quiero que haya amor entre vosotros y mi amor siempre estará en vuestro ser. Una sola verdad existe y un solo amor verdadero.
No penséis que sólo vengo a buscar a los limpios de corazón. Vengo buscando a los perdidos, a los manchados, que son los que más necesitan de mi Caridad. Tampoco creáis que tengo preferencias, ni por los que viven en la opulencia ni por los que habitan en la pobreza. Yo busco al espíritu necesitado de luz, al enfermo, al triste, al hambriento, y esas necesidades espirituales lo mismo las encuentro en unos que en otros.
Siempre os he entregado mis beneficios por gracia, sin mirar si sois merecedores. Yo respondo lo mismo a un pensamiento puro, que al triste lamento de quien se acerca manchado, aunque de él brote sólo un pequeño destello de humildad y amor.
Soy el defensor de los débiles que lloran en medio de su impotencia e ignorancia. Soy la esperanza que llama y consuela, que acaricia suavemente al que gime en su dolor: Soy la Verdad al alcance del hombre.
Mi plan de redención Universal no podéis abarcarlo, mas os doy a conocer una parte de él, con el fin de que toméis un lugar en mi Obra. Ya sabéis la tarea que me he impuesto. En la eternidad os espero, mas tenéis que luchar para llegar a Mí, por eso vengo a alumbrar vuestro camino, para que marchéis siempre adelante.
No os detengáis más. No volváis vuestros ojos al pasado. Lo que dejasteis atrás fue dolor y lágrimas. Os alejasteis de Sodoma y os digo: no volváis vuestro rostro a ella. Era la ciudad del pecado; id en pos de una nueva tierra, cuyos manantiales de aguas cristalinas y fértiles campiñas, hagan amable y feliz vuestra existencia.
La humanidad es hoy campo fecundo para trabajar. Son muy extensas las tierras y escasos los labriegos. Tenéis un tiempo limitado y es mucho lo que debéis hacer. ¡La hora es propicia! ¡Reedificad los templos que se han derrumbado en el interior de los corazones! ¡Ayudad a reconstruir hogares, predicad espiritualidad a vuestro paso! ¡Testificad con obras!
Os dejo mi Palabra como simiente de amor. Cuando vayáis a sembrarla, pensad que la semilla no nace en el instante de sembrarse, mucho menos puede florecer y fructificar de inmediato. Todo ello requiere paciencia, amor y abnegación.
La tierra que os concedo es el corazón de la humanidad, la simiente es mi revelación como Espíritu Santo. Consagraos a su cultivo. Días, años y siglos transcurrirán, en los que esta humanidad será testigo de maravillosas luces y revelaciones espirituales, jamás antes conocidas por el espíritu.
El principio de esos tiempos ya se acerca. Vosotros debéis preparar el camino a quienes vendrán a ocupar vuestros lugares. Debéis bendecir la senda con buenas obras, entonces habréis iniciado la construcción del templo espiritual.
Si he permitido que en vuestro mundo existan la perversidad y el pecado, vuelvo a deciros que el mal no tiene en Mí su origen sino en vosotros, mas os ha servido para que vuestro espíritu adquiera experiencia y distinga lo perfecto de lo imperfecto.
No olvidéis que el mérito no consiste en sufrir, sino en saber sufrir con amor al Padre, con fe y paciencia, a fin de extraer del sufrimiento el mayor provecho. Pero si no hubiere amor en vuestras pruebas, tendréis que volver a pasar por ellas, hasta que aprendáis la lección.
La idea del juicio final ha sido mal interpretada. Mi juicio no será de una hora ni de un día, hace tiempo que él pesa sobre vosotros. Os digo también: los cuerpos no resucitarán, ellos han ido a confundirse con su propia naturaleza, porque lo que es de la tierra a la tierra volverá, así como el espíritu buscará su morada que es mi Seno.
Vuestro espíritu ha sido creado para alcanzar el más alto grado de elevación y perfeccionamiento, a través de su evolución. Todo en mi Creación es movimiento, armonía y orden, que conducen al progreso de vuestro ser.
La capacidad para comprender y discernir, proviene del desarrollo y la experiencia acumulada por el espíritu. Sobre cimientos de verdadero saber, amor y justicia, levantarán los hombres del mañana un mundo de paz y de luz. Un nuevo mundo en lo espiritual, moral e intelectual, surgirá de los escombros del actual y se manifestará en la transformación de la vida de los pueblos.
Pero no creáis que se acerca el fin de este mundo. La desintegración de este planeta no está próxima. Mis Palabras del Segundo Tiempo se referían al fin del mundo de errores y pecados, de tinieblas y ciencia al servicio del mal, sobre cuyos escombros levantaré una nueva humanidad.
Si os digo que la expiación eterna no existe, mucho menos podría existir la muerte. Muere sólo lo que es superfluo, lo inútil, lo malo, y la expiación debe cesar cuando se ha alcanzado la purificación.
La muerte es sólo un símbolo, pero para muchos sigue siendo un espectro tras el cual están el misterio o la nada. A vosotros os digo: abrid vuestros ojos y comprended que no moriréis, sólo os separaréis de la materia. Vosotros, como vuestro Maestro, tenéis Vida eterna. Yo no creé la muerte, porque al concebir mi Espíritu la idea de la creación, sólo sentí amor y de mi seno brotó vida.
Mirad que mi Palabra viene de un Padre que os busca, os ama y corrige, que os levanta cuando tropezáis y os sana cuando estáis enfermos. Ni siquiera he venido en este día a ordenaros, simplemente a doctrinaros.
Así os preparo, os conforto y hago que contempléis los horizontes infinitos de mi Obra, para que llevéis este mensaje de esperanza y de luz a la humanidad. Un instante dejaré que el mundo haga todavía su voluntad, mas después se hará la mía en el Universo.
Hombres y mujeres con quienes formaré mi nuevo pueblo: descansad en Mí, os limpio de vuestras manchas para que miréis una existencia nueva. La Obra que os confío, es delicada. No dejéis que manos profanas roben este tesoro, para decir después que es el fruto de su inspiración y con ello se engrandezcan y humillen a los inocentes. Si hoy sois ignorados, mañana seréis reconocidos. La misión de mis nuevos apóstoles, será reconstruir la moral entre la humanidad.
Después de mi partida, pero antes de que os diseminéis por el mundo, vendré a daros la luz que os hará comprender, todo lo que os inspiré con mis Lecciones y la fuerza indispensable para cumplir vuestra misión. En esos instantes será la luz de mi Espíritu Santo en cada entendimiento: unos me verán, otros me escucharán y todos sentiréis espiritualmente mi Presencia.
Hay pueblos enteros que se obstinan en apartarse de mi Ley, juzgándola impropia de este tiempo; mas para cada pueblo y raza están preparadas mi Justicia y las pruebas. Como si fuesen tierras laborables, las prepararé y depositaré en ellas mi semilla de Amor y Sabiduría.
La revelación de mi discípulo Juan habla del anticristo y habéis atribuido esa personalidad a muchos de vuestros hermanos, tanto del mañana como del presente. Hoy os digo: ese anticristo, como lo ha concebido la humanidad, ni ha existido ni existirá: anticristo es todo aquél que no ame y Cristo es el amor del Padre. Ved entonces cómo vuestro mundo se encuentra lleno de anticristos cegados por el materialismo.
Aún tendrá el hombre que saborear los frutos del árbol de la ciencia que con tanto interés ha cultivado, mas al final de los tiempos, reconocerá la pequeñez de sus obras que antes le parecieron grandes, y a través de la vida espiritual admirará como nunca la obra del Creador, recibirá por inspiración las grandes revelaciones y su vida retornará a la sencillez, a la naturalidad. Falta tiempo para que ese día llegue, mas todos mis hijos lo verán. Por ahora debéis dar un paso hacia adelante, a fin de que vuestro espíritu no tenga que lamentar haber llevado en la Tierra una vida estéril. Yo llamaré bienaventurados a los que sepan sobrellevar las pruebas de esos tiempos y les daré un galardón por su perseverancia y su fe, dejándoles como padres de una nueva humanidad.
Los pecados de los hombres se habrán borrado y todo parecerá como nuevo. Una luz de pureza y virginidad iluminará a todas las criaturas y entonces, comenzará a elevarse del espíritu del hombre hacia su Señor, un himno de amor que por tanto tiempo he esperado.
La madre Tierra, que desde los primeros tiempos ha sido profanada por sus hijos, volverá a ataviarse con sus más hermosas galas y los hombres no volverán a llamarla valle de lágrimas, ni la convertirán en campo de sangre y de muerte. Este mundo será como un pequeño santuario en medio del Universo, desde el cual los hombres elevarán su espíritu al infinito, en una comunión llena de humildad y amor a su Padre y Señor.
Mi camino queda trazado en vuestra conciencia. Pronto no tendréis pastor alguno sobre la Tierra, ni ministros que celebren ritos delante de vuestros ojos, ni recintos que simbolicen el templo Universal de Dios. Tendréis por templo al Universo y delante de vuestro espíritu al Maestro, lleno de sabiduría y amor. No tendréis otro altar que vuestro corazón ni otro guía que vuestra propia conciencia.
Yo soy la vida, el calor y la luz. Yo soy el pan y el agua cristalina y he venido nuevamente a resucitaros a la vida de la gracia y a despertar a los que vivían en tinieblas.
¡Mi paz sea con vosotros!