Camino a la Espiritualidad I

EL CAMINO A LA ESPIRITUALIDAD – I

Cuántos caminos habéis recorrido buscando la verdad. Ni las ciencias ni las filosofías respondieron a vuestras interrogaciones y después de esa búsqueda, termináis comprendiendo que la verdad radica en Mí.

Yo he iluminado al hombre, para que viva su verdadera vida y conozca el destino que le he señalado. Es la criatura hecha a mi imagen y semejanza y, por lo tanto, la más próxima a Mí, porque posee el soplo Divino y está capacitada para hacer obras semejantes a las mías.

¿Queréis llamaros dignamente hijos míos? Amad, porque estáis formados por mi Amor y vuestro destino es proteger y bendecir, al igual que vuestro Padre.

He dotado de inteligencia al hombre, para que escudriñe la naturaleza y sus manifestaciones, le he permitido contemplar parte del Universo y sentir la vida espiritual. Mi Doctrina no estanca a los espíritus ni detiene la evolución del hombre, por el contrario, lo libera e ilumina, para que analice, razone, investigue y trabaje.

En Mí no puede existir egoísmo, por eso, siendo grande en mi Amor, he querido que también vosotros lo seáis. Si sois pequeños y débiles, no podréis comprenderme ni amarme. Yo daré a todos las mismas oportunidades para llegar a Mí. Los engrandecidos, vencidos por las pruebas, descenderán a los que consideraban inferiores, y los que se creían pequeños, ascenderán para colocarse a la altura de los que se sentían superiores. Os amo y quiero sentiros cerca. Nunca podrá un Padre ser feliz, sabiendo que sus hijos sufren o están ausentes.

Quiero igualdad entre mis hijos, como lo prediqué en el Segundo Tiempo, pero no como la conciben los hombres. Yo os inspiro igualdad por el amor, haciéndoos comprender que sois hermanos, hijos de un mismo Padre: todos los espíritus poseen los mismos atributos. No he venido a distinguiros por razas, clases o religiones. Doquiera que vayáis debéis sentiros como en vuestra patria, y a todo aquel que encontréis, sea del país que fuere, debéis considerarlo como vuestro hermano.

Llevad la paz a todos y veréis cómo las razas volverán a fundirse en una sola. Las lenguas que os dividieron, ahora os unirán; las castas y linajes desaparecerán y el género humano practicará la humildad y la comprensión.

Si hoy la humanidad está dividida y los hombres no se aman ni se comprenden, es porque en su corazón no ha germinado mi semilla de Amor. La nueva torre de Babel ha crecido en soberbia y división, pero Yo levanto frente a ella la torre de Israel, con bases de humildad y de amor.

La lucha será grande, pero al fin, la virtud abatirá al pecado y la paz se establecerá. Entonces, los que habían sido débiles serán fuertes, los lazos rotos se unirán y las diferencias de razas desaparecerán ante la espiritualidad, porque el culto a Dios será uno solo. Así empezaréis a formar una sola familia que estará iluminada por mi Espíritu.

Si los pueblos de la Tierra, aunque fuere sólo para poner a prueba mi Doctrina, compartieran su pan fraternalmente, cuánto bien recibirían y qué maravillosas manifestaciones contemplarían. Pero no se aman, unos a otros se miran como extraños, alimentan la envidia y se hacen la guerra. Por eso os digo que la altura de esta civilización es sólo aparente, porque los mismos hombres con sus obras la destruyen. Mientras la humanidad no esté cimentada en mi Ley de Justicia y Amor, no podrá tener la paz y la luz del espíritu, que la llevará a crear un mundo de verdadero desarrollo.

Mi Presencia sorprende a los hombres, impreparados para recibirme. Mi manifestación en espíritu en este Tiempo, coincide con el mayor materialismo de la ciencia. Veo las armas con que los hombres se preparan para combatir mi Doctrina: su filosofía, sus teorías, su egoísmo, su ambición y su soberbia. Mas Yo poseo una espada de luz, que es la Verdad, cuyo resplandor nadie puede resistir, porque pone al descubierto toda mentira y falsedad.

Si preguntaseis a vuestros hermanos que no me han escuchado, si desearían oír mis Enseñanzas, contestarían que son indignos y Yo os digo, que ninguno es indigno de escucharme. Todos necesitan de mi Palabra: los que me siguen, para recrearse con ella, escuchando a su Dios, los ignorantes, para aprender y alcanzar la evolución de su espíritu, los pecadores para regenerarse.

Todas mis Obras están escritas por Mí en un libro que se llama VIDA, el número de sus páginas es incontable y en cada una, existe un resumen en que el Padre ha limitado sus Enseñanzas, para ponerlas al alcance de todo entendimiento.

También el hombre está escribiendo el libro de su vida, en el cual quedarán escritas todas sus obras a lo largo del camino de evolución. Allí estarán la luz del saber y la experiencia, con que mañana iluminarán la senda de sus hermanos. De la memoria podrá borrarse el pasado, en el espíritu irán quedando distantes las existencias anteriores, pero del Libro de la Vida, donde queda anotado todo por Mí, nada se borra ni se olvida: ahí todo está presente y vivo eternamente.

El camino principia en Mí y en Mí termina. Para que recorráis esta jornada os concedo el tiempo suficiente. Yo estoy dando oportunidad a todos para despertar a la verdadera vida y ser instrumentos de mis altos designios.

El Espíritu Santo es mi propia sabiduría, en Él me conoceréis como Inteligencia Infinita, como gracia espiritual que a la vez que os ilumina, os consuela y salva.

El Reino del Padre se ha acercado a vosotros, pero un Rey sin súbditos no puede ser Rey, y Él ha venido con sus huestes espirituales, los seres revestidos de luz que me rodean, los grandes espíritus que hoy también se han manifestado.

Quiero que vengáis a habitar en esa mansión infinita y lleguéis a un alto grado de elevación espiritual, para que sintáis en todo lugar la beatitud de lo Divino, disfrutéis de la vida eterna y experimentéis mi Presencia.

Tened siempre presente que el espíritu que alcanza un alto grado de bondad, de sabiduría y de pureza, está más allá del tiempo, del dolor y las distancias. No está ya limitado a habitar en un sitio: puede estar en todas partes y encontrar en cada lugar el supremo deleite de existir, de amar y sentirse amado. ¡Ése es el Cielo del espíritu!

El hombre está necesitado de sabiduría espiritual y vengo a dársela, como en el tiempo pasado en que, viendo a la humanidad necesitada de amor, vine a enseñárselo. Os estoy esperando, buscadme, todo lo que necesitáis está en Mí.

Entre vosotros no encuentro justos ni perfectos, mas Yo sé que os transformaréis a través de mi Enseñanza. No vengo a salvar a unos cuantos, sino a todo espíritu necesitado de luz. Vengo también a preparar a unos, para que salven a otros y éstos a otros más.

Amad y dad con desinterés y veréis pronto la recompensa. Llamad a mis puertas y mi Voz responderá. Todos podéis levantaros, aun cuando hayáis caído muy bajo. Los hombres perdidos de hoy, ya convertidos, serán los fuertes del mañana. Sobre vuestras ruinas levantaré mi Templo, mas vosotros me ayudaréis en su reconstrucción.

¡Ah, si pudieseis venir Conmigo en espíritu y contemplar desde aquí toda la miseria de la humanidad! Si los poderosos, los que viven rodeados de comodidades quisiesen venir, Yo les llevaría en espíritu a los lugares de dolor y pobreza que ellos no quieren ver.

Entonces les diría: Dejad por un momento vuestra fiesta y recorramos juntos los sitios donde viven vuestros hermanos los abandonados. Les llevaría de sitio en sitio y haría que las puertas de las cárceles les dieran paso, para que contemplaran los millares de seres que han caído en las tinieblas del cautiverio por falta de amor, de caridad y justicia. En el silencio de las celdas haría escuchar mi Voz, y a esos hombres y mujeres sin esperanza, les diría: Aquí estoy con vosotros, ¿Acaso creíais que os había abandonado? No vengo a preguntaros si sois homicidas o si habéis hurtado, vengo a redimiros con mi Amor, a fortalecer al que ha caído y a salvar al inocente que ha sido víctima de una injusticia o de un error.

Luego, les llevaría hasta aquellos lugares donde se ahogan los ayes y lamentos del enfermo, del que ha visto doblarse su cuerpo, como se quiebra una rama cuando azota un huracán. Son los enfermos, los vencidos. Un manto de paz y consuelo, tendería sobre el dolor de los que sufren olvidados de sus hermanos y mi Amor como un bálsamo Divino, lo derramaría sobre sus males, levantándoles a la vida, para que den testimonio de mi Presencia espiritual.

Iríamos después al corazón de los niños, aquéllos a quienes todo les falta. Son ángeles en la Tierra, porque en su sonrisa sin maldad, se refleja algo de la pureza de los cielos. Yo haría que los hombres escuchasen sus interrogaciones profundas: el porqué de tanta injusticia, de tanto odio, egoísmo y crueldad. ¡Oh, mis pequeños! ¡Cubridles con vuestro fino manto, porque de ellos es el Reino de los Cielos! Y así, de sitio en sitio, les presentaría toda la miseria y el dolor que han causado la codicia, la falta de amor y la ambición desmedida de los que no dejan que cada quien posea lo que en justicia le pertenece.

Os hablo desde la cumbre del Nuevo Monte. Ahí os espero y en verdad os digo: el día de vuestra llegada habrá alegría en mi Espíritu. Venís por el camino del dolor lavando vuestras faltas, camino que Yo no tracé y que el hombre ha labrado. Por ese sendero me hicisteis caminar y desde entonces, el camino del sacrificio y del dolor fue bendecido con mi sangre.

Es en vano que los hombres busquen el placer perfecto en el materialismo. Todo es triste y vacío sin la fe en la presencia del Padre. Él es la alegría verdadera.

Si queréis ser grandes ante Mí, no busquéis la grandeza en las vanidades del mundo que son perecederas, sino en el cumplimiento de mi Ley que os lleva a planos superiores.

Vivid con pureza, con humildad, sencillamente. Cumplid con todo lo que sea justo en el mundo y no olvidéis vuestros deberes espirituales. Apartad lo superfluo, lo artificioso, lo nocivo, y recreaos sólo con lo bueno que os ofrece la vida.

No toméis lo ajeno. El que toma lo que no le pertenece, tiene que restituir con dolor y vergüenza. A nadie señalo, cada uno de vosotros reciba la parte que le corresponda. Si otros pueblos hurtasen vuestro pan, perdonadles, para que Yo os perdone a todos.

Respetad la vida del semejante y no dispongáis de la propia, porque no sois dueños de vosotros: el Dueño de todo soy Yo.

Vuestros días están contados por el Padre. Sólo Yo sé recibir con misericordia y justicia perfectas, a quienes atentan contra su propia vida. ¡Si supiesen que la soledad del espíritu es más grande que el desamparo y el dolor en este mundo, esperarían con paciencia y fortaleza hasta el día postrero de su existencia!

Después de daros esta lección, comprenderéis el juicio de los que se quitan la vida, de los que dan muerte a su hermano y de los que fomentan las guerras. Orad por todos ellos, desde Caín hasta el último homicida, para que su juicio sea atenuado.

Perdonad a vuestros enemigos como os enseñé a través de Jesús. Huid de la mentira y amad la verdad. Respetad a vuestros semejantes. Cumplid con las leyes que rigen al país en que vivís y respetad las de los demás pueblos. Honrad con vuestra vida el nombre de vuestros padres, para que a su vez seáis honrados por vuestros hijos.

Haced uso de vuestra razón y comprended que en el destino de todas las criaturas, existe mi Justicia que es perfecta. No creáis que vivís inútilmente: aun las más pequeñas y extrañas pruebas, encierran una finalidad que Yo he determinado.

Haced que se alejen de vosotros los malos pensamientos y atraed los que son nobles. Trabajad en la Tierra con ahínco y entregaos con fe a vuestros deberes. Buscad siempre el provecho para el espíritu, a fin de que vuestra vida material no sea estéril. No desperdiciéis el tiempo que os concedo. Amad y tendréis alegría, labrad la paz y sentiréis que la vida en el mundo es un reflejo de la mansión eterna.

Yo alimento a todos los seres, ¿por qué vos, que sois el hijo predilecto, dudáis de mi Poder? En medio de la lucha por el sustento diario, no olvidéis que el Padre vela por vosotros y que no os dejará perecer. También os digo que sí observáis mis Preceptos, vuestra lucha será menos dolorosa, no será preciso tanto afán por subsistir y en la hora de la prueba veréis prodigios.

No seáis fatalistas afirmándoos en la creencia de que si sufrís, es porque ya estaba escrito, y sí gozáis, es porque así estaba destinado. Yo os he repetido que si sembráis amor, ese será el fruto que tendréis que recoger. Unas veces cosecharéis de inmediato y otras, vendréis en una nueva existencia a saborear el fruto. Analizad esto y destruiréis muchas confusiones y malos juicios que habéis formado sobre mi Justicia.

También os digo: Los hombres deben creer en los hombres, tener fe y confianza unos en otros, porque debéis convenceros de que en la Tierra todos necesitáis de los demás.

Dad con desinterés absoluto lo que Yo os he proporcionado y abriréis muchos ojos a la verdad. Enseñad que quien sirve a la humanidad me sirve a Mí. Hay tentaciones en el sendero, mas Yo os he dado las armas necesarias para luchar contra ellas.

Quiero que convirtáis en amigos a vuestros enemigos. Os hablo así para que vayáis modelando el corazón, porque el destino que os he trazado es el de amar y perdonar.

En el Segundo Tiempo os dije: “Muchos son los llamados y poco los escogidos”. Ahora os digo: No soy Yo el que escoge. Yo llamo a todos y conmigo se quedan los que me aman y quieren seguirme. Pero todos llegaréis a Mí.

Si escuchando estas lecciones empezáis a renovar el pequeño mundo de vuestros pensamientos, palabras y obras, con ello ayudaréis a la renovación de la humanidad. Que no pase el día sin que hayáis realizado una buena obra: así estaréis trabajando por la elevación de vuestro espíritu. Para fortaleceros, vuelvo a deciros: comed de este pan y no moriréis. Bebed de esta agua cristalina y sed no volveréis a tener.

Yo no os digo: Venid al Padre para que le conozcáis, sino: Conoced al Padre, para que vengáis a Él. Quien no le conozca, no podrá amarlo, y quien no le ame, no sabrá ir a Él.

Penetro hasta la intimidad de vuestro ser, para probaros que para Mí, no existen barreras ni obstáculos que impidan que mi Luz llegue al fondo de vuestro espíritu. Soy vuestro Amigo, el que todo lo da por vosotros, a quien podéis confiar vuestros secretos.

No os conforméis con decir: Creo en el Señor. Mostrad vuestra fe en lo que hagáis, someteos a la prueba para que sepáis si en verdad me amáis. Las puertas del Reino están abiertas para todo aquel que quiera recibir sus beneficios.

¿Cuándo os convertiréis en pescadores de corazones y libertadores de espíritus? Quien ha conocido la escoria y el bajo mundo y de ahí ha logrado liberarse, está preparado para ir en busca de los que aún permanecen perdidos. Nadie mejor que él para persuadir con su palabra, plena de experiencia. En verdad os digo, que hay más amor en los pecadores arrepentidos, que en los que siempre se han tenido por buenos.

En los momentos de prueba, depositad toda vuestra confianza en Mí y no temáis: no es el peso de la cruz superior a vuestras fuerzas. Cuando la humanidad practique mi Enseñanza, apartará de su camino la purificación dolorosa que se ha labrado. Quiero que me imitéis: ¡No estéis inciertos de poder hacerlo!

Elevad vuestra mirada espiritual al Padre, para que os llenéis de pensamientos puros. Las oportunidades para cumplir y hacer méritos las encontraréis cada día, cada hora: no dejéis que pasen, porque después no las podréis alcanzar. Vivid una vida virtuosa y vuestro desarrollo será firme.

La misión que os he encomendado está de acuerdo con vuestra capacidad, sólo necesitáis comprenderla y amarla.

Orad en cada día para que recibáis la luz necesaria para el desarrollo de vuestros trabajos; después, permaneced preparados, atentos, para que podáis oír las voces de los que os llaman, de los que os necesitan y también para que sepáis hacer frente a las pruebas. Cada día está señalado con una prueba y cada una de ellas tiene un significado y una razón. Preparaos para un buen día y os digo que al anochecer, vuestro sueño será tranquilo y apacible.

Sed lámpara entre tanta tiniebla que reina en este tiempo. Sed manantial de agua cristalina y maná, bálsamo y caricia. Entonces estaréis armonizando con los seres que me aman en los diferentes planos, con los espíritus que me rinden culto.

Escalad la montaña y llegad a la cumbre de la espiritualidad. No echáis raíces en este mundo. Si Yo os he dicho que este no es mi Reino, vosotros como mis discípulos, tampoco lo encontraréis aquí. Haced mi Voluntad y no lloraréis. Vivid mi Doctrina y conoceréis la felicidad. Amaos los unos a los otros y viviréis en perfecta paz. Sed los humildes hombres del saber. Sed hombres de paz.

De la mente Divina se desprende un torrente de mensajes, guardad de ellos cuanto agrade a vuestro corazón.

Muchas veces seguís pecando, porque creéis que no tenéis perdón, sin saber que mi Espíritu es una puerta eternamente abierta para el que se arrepiente y persevera en el bien. No dejéis que vuestro ánimo se altere en las pruebas, porque en un instante de violencia, podéis cegaros y perder cuanto de bien habíais logrado en vuestro espíritu. Cuando el mundo ha llegado a creer que lo he olvidado, que lo he abandonado en su abismo de dolor y de pecado, Yo he venido a darle una prueba de mi Amor infinito.

Vosotros no llegáis a comprender por qué en mi Enseñanza a los pecadores, empleo palabras llenas de ternura, cuando debiera usar algún rigor para tratarlos. Es que olvidáis que Yo a todos amo por igual. Si a vosotros os parece imposible la regeneración y salvación de la humanidad, Yo os digo que para Mí no lo es: la redención del hombre es obra Divina. No os extrañe que venga a salvar a los delincuentes, porque el que infringe, es también mi hijo a quien amo y busco para salvarlo. Mi Amor hará de los pecadores empedernidos, hombres de bien, de paz y buena voluntad.

En verdad os digo: no existe en la Tierra maestro alguno, que pueda enseñaros un camino más corto para alcanzar la espiritualidad, que éste que vengo a mostraros. Mi Doctrina es clara y no os impone dogma alguno: según vuestra capacidad espiritual asimilaréis mi Enseñanza. Pero no caigáis en vanidad: el que crea poder abarcar mi Obra con su mente y saberlo todo, está confundido. En cambio, el que se abisma en mi Sabiduría y en mi Grandeza, a tal grado que dice: Nada sé y nada soy ante mi Señor, ése, está en el principio del camino que lo conducirá a Mí.

Todo lo que os rodea y envuelve en este mundo, es una imagen de la vida espiritual, es una profunda lección explicada en formas y objetos materiales, para que pueda ser comprendida. Aún no habéis llegado al fondo de esa maravillosa lección. El hombre ha vuelto a equivocarse, porque ha tomado la vida en la Tierra como si fuese eterna; se ha conformado con tomar de ella las formas, renunciando a la esencia y verdad de la revelación Divina que se encuentra en toda la creación.

Si observáis y estudiáis los diferentes reinos de la naturaleza, hallaréis en ellos un número infinito de ejemplos, lecciones y parábolas dignas de que las imitéis. No quiero deciros que los seres inferiores sean vuestros maestros, pero si os digo que la naturaleza es un libro de sabiduría cuyo autor es el Padre. Ese libro lo he dejado abierto delante de los hombres, para que en él contemplen mi Perfección.

Estoy edificando en vosotros la NUEVA JERUSALÉN. Sois los cimientos de la blanca Ciudad anunciada por Mí a través de los profetas. Esa Ciudad no tendrá raíces en este mundo, pues la estoy edificando en vuestro espíritu y ella alcanzará a dar albergue a todos los hombres, cuando llegue su redención.

Cuando este pueblo crezca en número y sea fuerte por su espiritualidad, penetrará a la Ciudad espiritual, cuyas puertas de amor estarán abiertas, para dar acceso a las caravanas que vayan en su busca. De cierto os digo que todo aquel que penetrare a su interior, formará parte del pueblo de Dios.

En el Primer Tiempo llegasteis a la tierra de Canaán, quiero que ahora os encaminéis hacia la Tierra Prometida del espíritu. Ya habéis dado los primeros pasos para escalar la montaña en cuya cima está la gran Ciudad esperándoos.

Ahora os digo: Yo soy la puerta de la blanca Ciudad, bendito aquel que penetre, porque encontrará la vida eterna. Este jirón de tierra donde me he manifestado en este tiempo, será un reflejo de aquella Ciudad espiritual, cuando abra sus doce puertas para recibir a los forasteros que llegarán preguntando dónde estuvo el Maestro y cuáles son los testimonios de las obras que realizó.

Así como en el Segundo Tiempo mis discípulos fueron los precursores de una Era, vosotros habréis de serlo del tiempo de la Espiritualidad, en el que habrá armonía entre espíritu y materia, observancia de las Leyes Divinas y humanas, sencillez y pureza en la vida, fe profunda en el Padre, confianza y alegría de servirlo en vuestros semejantes. En la espiritualidad está el desarrollo de las facultades humanas, y de las que vibran más allá de los sentidos del cuerpo.

Yo sólo os enseño verdad, ¿por qué muchos dudan de mis Revelaciones? Vosotros sois también una verdad, ¿cómo es que si creéis en vuestra verdad y vuestra existencia, no aceptáis la mía? ¿No sabéis que la Verdad es una sola? Buscad la Verdad, ella es la vida; pero hacedlo con amor, humildad y fe.

No penséis que me sienta ofendido si alguien no cree en mi Presencia dentro de esta manifestación, porque su duda en nada afecta mi Verdad. ¡Cuántos hombres han dudado de que exista un Ser Divino que ha creado todas las maravillas del Universo, y no por eso el Sol ha dejado de darles su luz!

Para que vosotros reveléis el significado de cualquier acontecimiento de la naturaleza o de vuestra vida, preparad vuestro entendimiento y limpiad vuestro corazón, para que de vuestros labios fluya la inspiración, ya que en el fondo de cada hombre he depositado una semilla de la eterna Verdad. Por eso os digo que mi Enseñanza os da el conocimiento superior, que impedirá que vuestro corazón flaquee en presencia de los sabios de este mundo.

Bendito el que busca la Verdad, porque es un sediento de amor. Buscad y encontraréis. Buscad la Verdad y ella os saldrá al encuentro. Seguid meditando, preguntad al Arcano y él os contestará, porque nunca el Padre ha permanecido callado o indiferente ante aquél que le interroga.

No hay prisa en mis pasos. Sé que en medio de la eternidad, llegará el momento en que me buscarán mis hijos con el anhelo de salvarse. La prisa sólo debe existir en los hombres, porque mientras más retarden su regeneración, más prolongarán su expiación y su retorno a Mí. Yo siempre os estoy esperando.

¡Mi paz sea con vosotros!

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