Los templos del espíritu
Cada hijo de Dios vive y se manifiesta «dentro» de su Espíritu Divino. No sólo cada hijo, toda la Creación. Nada existe fuera de su Espíritu, todo lo envuelve, todo es manifestación de Su poder, de la vida que es Él.
Donde quiera se encuentra la manifestación de la vida. Ni si acaso la Creación material muere, no es posible porque ella procede de la manifestación de la vida de su Creador. Existe la desintegración como un medio de lo que «muere» en el Universo, lo que es en él al desintegrarse, de nuevo regrese a la Creación que lo sustento. Así ella se multiplica una y otra vez. Su energía, su vitalidad, sus elementos se multiplican por medio de la desintegración.
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Cuántas veces el espíritu ha contemplado desintegrarse en la madre Naturaleza los cuerpos que se le ha confiado. Cuántas veces de la Madre Naturaleza, él ha obtenido otro cuerpo, para manifestarse otra vez en el plano de las formas.
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Mas el espíritu ha manchado la Madre de donde procede los elementos de su cuerpo, de donde toma vitalidad. Ha adulterado con su libre albedrío la armonía que existe en ella. La ha ensuciado, la ha menospreciado, la ha profanado una y otra vez al paso del tiempo. ¿Será necesario decir que si la madre Naturaleza se encuentra corrompida, los cuerpos de donde toman los espíritus para manifestarse en este plano, no se hallen corrompidos?
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No hay carne sana en este plano. El espíritu ha manchado su Naturaleza terrenal, y él recibe las consecuencias de su libre albedrío. ¿Cómo quieren gozar los espíritus de salud en su carne, si su templo terrenal se encuentra adulterado? ¿Cómo quieren gozar de salud, cuando incesantemente adúltera y corrompe las leyes de la Naturaleza?
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Nadie se salva de esa corrupción. Ni los poderosos lo harán, ni quienes se nombran los grandes genios de la ciencia. ¿Acaso no vendrán nuevamente a este mundo en otra carne? Sí, como todos. Y como todos recibirán las consecuencias de su libre albedrío al haber adulterado, corrompido la armonía de su templo terrenal.
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Si los espíritus de esta morada y otras que existen en la Creación, no pueden armonizar con el orden establecido de sus moradas donde habitan, ¿podrán armonizar con algo mucho mayor, como lo es con el orden establecido en el Universo? No. Es necesario que el espíritu comprenda su responsabilidad que le corresponde en la Creación, sólo así podrá obtener mayores méritos y por ellos cargos más sublimes.
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El espíritu debe armonizar con cada templo que le pertenece. No solamente tiene por templo el Universo, sino también su morada. Su carne, su hogar con quienes convive y llama familia. Su corazón también es templo.
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Cuando los hombres en sus religiones van a sus templos para adorar a Dios. Esos templos son respetados lo más posible por los hombres. Cuidan el espacio, lo respetan, entre unos y otros existe amabilidad y concordia. El instante llegará en que el espíritu de la humanidad en su conjunto, no sólo vea espacios como templos, sino todo. Su comprensión espiritual le dirá con mucha razón,… todo es Templo del Creador.
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