La reencarnación
LA REENCARNACIÓN
Yo soy luz, sencillez y verdad. No veáis misterios donde todo es claridad. Voy revelando mi Sabiduría al espíritu, a medida que avanza y se espiritualiza.
Os digo que no existe un solo ser que haya venido al mundo, sin haber vivido antes en otras moradas. El espíritu no nace al mismo tiempo que la envoltura, ni el principio de la humanidad fue el del espíritu.
La existencia del hombre en la Tierra es sólo un instante en la eternidad, un soplo de vida que alienta por un tiempo al ser humano y luego se aparta, para después volver y poseer un nuevo cuerpo.
Para vuestro desarrollo y perfeccionamiento, tenéis que habitar este mundo cuantas veces os sea necesario. Para que el espíritu sea grande, sabio y virtuoso, es menester que viva muchas experiencias.
Una sola existencia en el mundo no es suficiente para conocer todo lo que tengo que revelaros. Si la ciencia humana no la podéis asimilar sin recorrer un extenso camino, menos podréis poseer el conocimiento espiritual sin una completa evolución.
Así podréis conocer, en diferentes etapas, la riqueza y la pobreza, la salud y la enfermedad; el egoísmo y la soberbia y también el perdón, la nobleza y la generosidad.
Habéis tenido existencias de bienestar y complacencias, de esplendor y placeres, otras de vicisitudes y fracasos. Unas os han servido de experiencia, otras de expiación; algunas para el desarrollo de la mente, otras para el de los sentimientos, y ésta que ahora tenéis, para la elevación del espíritu.
Todo lo habéis conocido y poseído, por eso, si muchos de vosotros miráis que no tenéis riquezas ni esplendores, ni títulos, no lo lamentéis, porque era necesario que perdieseis lo superfluo. Si os hubiera dado todo en esta vida, ya no estaríais deseando ascender un escalón más. En esa forma, lo que no habéis alcanzado en una existencia, lo buscáis en la siguiente y lo que no obtenéis en aquélla, os lo ofrecerá otra más elevada, y así hasta el infinito en el camino sin fin del espíritu. Ésta es la razón de vuestras reencarnaciones. Nacisteis de la mente paterna y materna de Dios, inocentes y limpios; pero no es lo mismo ser puros y sencillos, que grandes y perfectos; como si comparáis a un niño que acaba de nacer, con un hombre experimentado.
La idea de la muerte o del castigo eterno, queda destruida ante esta revelación y tanto el espíritu como el corazón humano, se elevan para glorificar la bondad Divina, cuando comprenden esta verdad.
La carne es de este mundo y en él queda, mientras el espíritu se levanta libre de sus ataduras y vuelve a la vida de donde brotó. Lo que habéis llamado la resurrección de la carne, es la reencarnación del espíritu y si unos creen que es una teoría humana y otros que es una nueva revelación, Yo os digo que este conocimiento principié a darlo al mundo desde los orígenes de la humanidad, pruebas de ello podréis encontrarlas en el texto de las Escrituras, que son un testimonio de mis Obras.
También os digo que éste es el tiempo de la resurrección de los muertos, porque mi Luz viene a encender la fe de los que perecen entre tinieblas de remordimientos, desesperación y amargura.
En aquel tiempo dije a Nicodemo, que me había buscado de buena fe: Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo nacido del espíritu, espíritu es. No os sorprendáis si os digo que os es necesario nacer otra vez. ¿Quién comprendió aquellas palabras? Yo os di a conocer en ellas que una vida humana no es suficiente para entender una sola de mis lecciones, ni para apreciar la sabiduría que encierra la existencia, que es una enseñanza constante de belleza, armonía y perfección.
El hombre era pequeño en un principio. Su inteligencia estaba de acuerdo con la vida primitiva que llevaba, pero Yo quise que se desarrollara por sí mismo, que conociera el camino del bien y el del mal, y descubriese dentro de él su esencia espiritual, que supiera de dónde viene y a dónde va y que reconociera las facultades y potencias que le habrían de conducir al estado perfecto.
Sólo al cuerpo le corresponde desintegrarse después de que ha cumplido su misión, pero la luz de la inteligencia, la razón, la voluntad, los sentimientos, no mueren jamás, porque forman parte del espíritu que tiene vida inmortal.
He principado por haceros saber quiénes habéis sido y quiénes sois ahora, para después daros una idea de quiénes seréis el mañana.
En todos los tiempos, aun en los más remotos de la historia de la humanidad, habéis tenido grandes ejemplos de hombres de espíritu elevado. ¿Cómo podríais explicaros esto, si antes no hubiesen ellos pasado por diferentes reencarnaciones que les ayudasen a evolucionar? Por eso veis que el adelanto del hombre de este tiempo es mayor que en las Eras anteriores, porque es el espíritu el que ha recogido un cúmulo de experiencias.
Todo el que ha sido llamado para cumplir una misión, está a tiempo de comprender estas lecciones. No es la primera vez que su espíritu cruza por este planeta o recibe la luz de una revelación Divina; pero su pasado se oculta tras el velo de la materia.
En el Más Allá, los espíritus también gozan de libre albedrío. Algunos se desvían del camino, mientras otros perseveran en el bien y logran elevarse, pero llegado el instante marcado, los que están destinados a encarnar, descienden a la Tierra, unos para cumplir una noble misión, otros para expiar faltas anteriores y pasar por una restitución. Según queráis ver esta vida, así se os presentará: como un paraíso para algunos o un valle de lágrimas para otros. Pero al comprender la misericordia del Padre, sólo veréis una existencia maravillosa sembrada de bendiciones y enseñanzas para el espíritu.
La decadencia, la vejez y la muerte, no pertenecen al espíritu, sino la evolución, la experiencia y el desarrollo, logrados a través de la lucha y las pruebas.
Si observáis vuestra vida a través de los tiempos, encontraréis que la lucha del espíritu ha sido constante desde el principio, necesaria para vuestro adelanto, como indispensable es el fuego para acrisolar el oro. Pero las repetidas reencarnaciones no dan la perfección absoluta al espíritu por muy elevado que se encuentre. Aún estará esperándolo el Valle Espiritual con sus moradas en número infinito, para adquirir nuevas enseñanzas, revelaciones y maravillas.
Cuando hayáis recorrido el camino y lleguéis a los umbrales de lo puro y perfecto, estaréis comprendiendo el porqué de vuestra existencia y habitaréis verdaderamente en la luz.
No hace falta que os diga cuándo fue vuestro nacimiento espiritual, ni cuándo la primera vez que pisasteis el polvo de este mundo, como tampoco es necesario que os revele cuántas veces habéis estado en él, ni quiénes habéis sido en otras encarnaciones. Mi Doctrina no viene a descubriros lo que os está reservado hasta el final del camino. Mi Obra viene sólo a mostraros el sendero por el cual podéis llegar por medio de la elevación a la cumbre del saber espiritual.
A las generaciones venideras si les será dado, por gracia de mi Espíritu, la facultad de recordar sus vidas anteriores, conocer su pasado, porque esto será útil a su espíritu. Si no os lo he concedido a vosotros, es porque todavía descubro vuestra fragilidad.
Mientras evolucionáis en diferentes vidas, miráis que mi Obra permanece inmutable, inalterable, a través de los tiempos. Es que Yo siempre os manifiesto mi Amor de Padre, mi Paciencia sin límites, mis Obras y Ejemplos.
Mi Palabra está revelando al mundo la verdad, la justicia y el amor que existen en el prodigio de la reencarnación, sin embargo, el hombre la combatirá y le dará un cariz de doctrina falsa y extraña. A vosotros os bastará con saber que es verdad, para que una luz se encienda en vuestro corazón y admiréis mi amorosa Justicia. Comparad las teorías y diversas interpretaciones que las religiones han dado a estas enseñanzas e inclinaos por aquélla que sea más clara y encierre mayor justicia. De cierto os digo que ésta es una de las revelaciones que más conmoverá al espíritu en este tiempo.
Sabios y teólogos tendrán que rectificar sus conocimientos ante la verdad que estoy revelándoos. Éste es el tiempo en que la humanidad abrirá sus ojos a la luz de mi Sabiduría, luz que he hecho Doctrina para que a través de ella resucitéis espiritualmente a la vida verdadera.
He dado la oportunidad al espíritu para que no se limite nunca en la pequeñez de la materia a su efímera existencia, porque siempre encontrará una puerta abierta que le presenta el Padre para su salvación. Así el espíritu demuestra su gran superioridad sobre la carne y todo lo terreno, venciendo a la muerte, sobreviviendo a un cuerpo y a cuantos le sean confiados; vencedor del tiempo, de los escollos y las tentaciones. La materia tampoco desaparece: se desintegra y se confunde con los elementos de la naturaleza, de donde la hago surgir nuevamente para dotarla de espíritu.
Mi juicio en cada uno de mis hijos, por medio de la reencarnación, es perfecto e inexorable. Sólo Yo sé juzgaros, porque cada destino es incomprensible para los hombres.
Y después de tantas luchas y vicisitudes y tanto caminar, llegarán los espíritus ante Mí, llenos de sabiduría por la experiencia adquirida, purificados por el dolor, elevados por los méritos, pero sencillos y gozosos como niños.
Antes de daros estas revelaciones, os fueron necesarias muchas vidas, para que al pediros la lección anterior, vuestro espíritu supiese contestar y cuando le hiciese nuevas revelaciones, las comprendiera.
El hombre engendra hijos de su carne, pero Yo soy quien distribuye los espíritus en las familias, en los pueblos, en las naciones, en los mundos y en esa justicia impenetrable para el humano, se manifiesta mi Amor. ¡Por cuántas pruebas tendréis que pasar! ¿Quién puede saber si ese leproso que os ha tendido su mano y del cual os habéis apartado, fue en otra encarnación vuestro padre o vuestro hijo?
Éste es el tiempo en que haré encarnar en la Tierra a todos los espíritus que forman mi pueblo, para que con obras de amor y caridad den a la humanidad testimonio de la verdad sobre la vida espiritual. Vosotros venís a testificar mi Presencia: es una de las misiones que siempre habéis tenido.
Vengo a enseñaros que el amor Divino no tiene limitaciones y que a través de la reencarnación se manifiesta mi Justicia. Por medio de esta ley, no existe falta, por grave que sea, que merezca el castigo eterno.
Mas para llegar a Mí tendréis que reparar todos vuestros errores.
Con cuánto temor escuchan algunos de vosotros mi Palabra. Es que saben que está inspirada por el Espíritu de Verdad y entre los presentes hay quienes supieron del fin de Sodoma y Gomorra y que más tarde vieron la destrucción de Jerusalén. Por eso os he dicho que aquéllos y vosotros sois los mismos.
Sobre esta enseñanza descansará la primera lección que deis a vuestros futuros discípulos. Les haréis escalar paso a paso desde el primer tramo del camino de evolución.
Esta revelación estremecerá al mundo, hará revolución entre los hombres y en ella encontrarán la explicación de muchas dudas y la fuerza espiritual para llegar al fin de la jornada, porque es Ley de Amor.
¡Mi paz sea con vosotros!