La oración

LA ORACIÓN

Me preguntáis en qué consiste la oración y Yo os digo: en permitir que vuestro espíritu se eleve libremente a Mí con plena confianza y fe, para recibir en el corazón y la mente el efluvio Divino. Ése es el medio que he concedido al hombre para acercarse a su Creador.

Aprended a orar y meditar a la vez, para que surja en vosotros el conocimiento de la verdad. Con la oración se adquiere sabiduría y a través de ella descubre el hijo el lenguaje para conversar con su Dios.

Velad siempre, pues no basta un instante de oración para salvarse, sino una vida de perseverancia, paciencia y obras elevadas.

Cuando el espíritu logra armonizar con la mente y alcanza la comunicación con el Padre, se siente inspirado para esparcir el bien, para llevar un destello de luz al necesitado, una gota de bálsamo al enfermo, un hálito de vida al que desfallece.

¡Cuántos hombres han encontrado en medio de la guerra el secreto de la oración, aquélla que nace del corazón como un llamado imperioso, como una imploración, y cuando han visto realizado el milagro, han sabido que la forma de hablar a Dios no requiere de palabras, sino de elevación espiritual!

Cuando oréis, buscadme en el infinito, más allá de todo lo que es material y cuando retornéis a vuestro mundo, miraréis disipadas vuestras dudas y podréis derribar los obstáculos que no os permitían mirar con claridad el futuro. Entonces no seréis ya azotados por las vicisitudes, porque estaréis aprendiendo a comunicaros y a vivir en armonía conmigo.

¿Por qué aprisionáis a vuestro espíritu con pensamientos materiales, cuando él tiene un mundo de luz más allá de todo lo terreno? ¿Por qué sujetáis al espíritu a la vida humana, cuando él tiene un espacio infinito para desenvolverse?

No habéis logrado penetrar todavía en esos mundos del pensamiento y del espíritu, porque os ha faltado elevación. Cuando aprendáis a orar, podréis llegar espiritualmente a los umbrales de la eternidad, donde no pasa el tiempo y todo es paz y beatitud. Yo os digo que entonces seréis semejantes a los ángeles.

La oración no es sólo petición o intercesión, sino elevación y contemplación; si la practicáis así, vuestro espíritu penetrará en el éxtasis, que es el estado más alto que podréis alcanzar, para fundiros en mi Espíritu que es fuente de vida.

¿Qué podéis ocultarme que no conozca? Abridme vuestro corazón y si al elevaros llegáis a perder la noción del tiempo, esa será señal de espiritualidad. Toda la naturaleza eleva un himno de amor a su Creador, mas de cierto os digo que halaga más a mi Espíritu vuestra oración, por sencilla que sea. Todo lo creado tiene una ofrenda para Mí. También Yo tengo un presente de amor para cada una de mis criaturas.

Os estoy enseñando una forma de prepararos que os permita realizar cada día obras inspiradas en nobles sentimientos.

Examinaos diariamente y veréis cómo mejora vuestra forma de pensar, de vivir, de hablar y de sentir.

Yo contemplo los balbuceos del hombre que intuye la verdadera forma de orar. Él siente mi Presencia al elevarse, sabe que escucho su sollozo cuando llora y su alegría interior al darme gracias. Me habla entonces en un lenguaje cuya hermosura no se encuentra en ninguno de vuestros idiomas.

Cuando abráis vuestros ojos a la luz de un nuevo día, aproximaos a Mí a través del pensamiento; inspiraos en mi Doctrina para formular vuestros propósitos y levantaos a luchar llenos de fortaleza y de fe.

La oración verdadera es aquélla que nace espontánea del corazón. Ése es el lenguaje que Yo entiendo, el de la verdad y la sinceridad.

Os estoy enseñando que la oración debe ser breve y sentida, sencilla en la forma y profunda en su fondo: aquélla que brota de lo más puro de vuestro espíritu. En ella hallaréis consuelo, inspiración y fuerza. Yo os daré la dulce satisfacción de hablar íntimamente conmigo, sin testigos ni mediadores: Dios y vuestro espíritu, reunidos en ese momento de confidencias y comunión espiritual.

Todos aquellos que han alcanzado prodigios y han dado pruebas de poder espiritual, así han orado. Así lo hizo Jesús en el Huerto de los Olivos y ante el sepulcro de Lázaro. Ahora os digo: orad en el huerto de la espiritualidad, para que os saturéis de mi Fuerza y podáis resistir el peso de vuestra cruz. Entonces comprenderéis la oración de Jesús en sus horas de agonía y cómo venció a la muerte.

Cuando penetréis espiritualmente en el silencio de vuestro santuario interior, ahí me encontraréis y en ese estado de elevación el espíritu se saturará de conocimientos. A ese santuario sólo tendréis acceso cuando os hayáis preparado.

¿Qué sabéis del poder de la oración y de la fuerza del pensamiento? El espíritu y la mente, unidos al orar, crean en el hombre un poder superior a toda fuerza humana. La oración os hará fuertes e insensibles al dolor.

Se acerca el tiempo en que sabréis dar al espíritu el lugar que le corresponde, porque vendrá a vosotros una Era de verdadera oración, de culto libre de misticismo en el que sabréis velar por la limpidez de mi Doctrina. El discípulo ya no podrá equivocarse, porque antes de emprender una obra interrogará al Maestro para hacer sólo la voluntad Divina. Así podrá descubrir dentro y fuera de él, mundos desconocidos, luces y verdades que rodean su existencia.

Hoy sólo escucha las voces de la naturaleza y del mundo, mañana podrá percibir mensajes del Reino Espiritual; más tarde oirá la voz de su Señor en una comunicación sin limites, de ESPÍRITU A ESPÍRITU.

He visto que para orar buscáis la soledad, y hacéis bien en ello cuando tratéis de lograr la inspiración; mas también os digo que podéis elevaros en cualquier situación en que os encontréis. Invocad mí ayuda en los trances difíciles, sin perder la serenidad y la confianza en vosotros; tened fe en que mi presencia os acompañará.

Practicad la oración, aun cuando ésta dure solamente cinco minutos; pero no sólo os concretéis a orar, sino salid de vuestro santuario interior y dejad en vuestros hermanos una prenda de verdadera fraternidad, un beneficio o un mensaje.

Yo soy poder, por lo tanto, una de vuestras oraciones, uno de vuestros pensamientos, puedo transformarlo en algo tangible y visible ante vuestros hermanos.

De cierto os digo que si ya estuvieseis unidos en espíritu, bastaría vuestra oración para detener a las naciones que se preparan para lanzarse unas contra otras; destruiríais los odios, seríais como espada invisible venciendo a los fuertes y como poderoso escudo defendiendo a los débiles.

Éste es el tiempo en que los hombres van a comenzar a conocerse espiritualmente. Ya se encuentran ante el Arcano, donde hallarán la explicación de los misterios que hasta hoy no han podido descifrar.

Pedid y se os dará. El hijo tiene derecho a pedir a su Padre, y Él, a su vez, tiene el deber de atender al hijo.

Aprended a sentir y a vivir las penas de aquéllos que, por estar distantes, no podéis mirar, de quienes habitan en otras comarcas o naciones, de los que moran en otros mundos o en el Valle Espiritual. No temáis si en vuestra oración os olvidáis de vosotros y sólo pedís por los demás. Sabed que quien ora por sus semejantes, lo hace por él mismo.

Yo entiendo lo que cada uno de vosotros me hace presente, sin necesidad de palabras ni pensamientos. El lenguaje del espíritu está más allá de vuestros idiomas. ¿Cómo va a expresar la materia lo que siente el espíritu? Siempre hablará mejor al Padre una lágrima que nadie ve, un dolor que me ofrecéis en silencio y apuráis con paciencia, o el fruto de vuestras obras calladas.

La pobreza espiritual de los hombres y sus tropiezos en la Tierra, provienen de la forma imperfecta de orar, por eso es necesario que este conocimiento lo llevéis a toda la humanidad.

Tiempo es aún de que meditéis y os preparéis, porque el mundo llegará a interrogaros y no sólo escudriñará mi Palabra, sino los beneficios que ella ha dejado en vosotros.

Cuando enseñéis a orar, debéis probar la verdad, la fuerza y la eficacia de la oración espiritual. Vais a sanar al enfermo con vuestra elevación, a llevar la paz donde impere la discordia, a salvar a quien se encuentre en peligro. Entonces sí seréis creídos y querrán imitaros; vuestra enseñanza despertará la fe en los corazones, maravillados ante la verdad de las pruebas; cuando eso sea, abriré los caminos y haré el llamado a las multitudes.

Trabajad unidos y haced todo lo que os he encomendado, mas velad y orad para que no caigáis en tentación; si no lo hacéis así, vosotros mismos destruiréis vuestra obra.

Educad al entendimiento, enseñándolo a despojarse de toda idea superflua en el instante de vuestra comunión espiritual. Antes de tomar una determinación o si os sentís abatidos, elevaos en oración, para que recibáis de vuestro Padre la iluminación que os permita distinguir con claridad lo que os conviene. En los momentos de dificultad decidme, como os enseñé en el Segundo Tiempo: ¡Padre, hágase tu Voluntad!

Doquiera podréis comunicaros con vuestro Señor, no importa el lugar donde os encontréis, ya sea en la cumbre de una montaña o en la profundidad de un valle; en la inquietud de una ciudad, en la paz del hogar o en medio de la lucha.

Si me buscáis en el interior de vuestro santuario, en el silencio de vuestra elevación, veréis abrirse las puertas del recinto universal e invisible, el cual lleváis en el espíritu.

Uníos en oración todos los que anheláis alcanzar una vida mejor y todos los que vivís atormentados por la confusión que reina en el mundo. Id preparándoos para la llegada de mi Reino entre vosotros: sed precursores y emisarios de mi Paz.

Dejad por unos instantes la Tierra y venid a Mí en espíritu. Por muchos siglos ha equivocado la humanidad la forma de practicar la oración desconociendo los deleites que ella proporciona, como fuente de salud y bienestar.

¡Ah, si los hombres de este tiempo comprendiesen el poder de la oración, cuántas obras sorprendentes realizarían!

Mis siervos de los tiempos pasados, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, dieron pruebas imborrables del poder de la oración, quedando su forma de orar como un ejemplo para todas las generaciones. Ellos sabían que llevaban en el fondo de su ser el templo del Señor. El camino que eligieron para aproximarse a Mí fue el de la fe. Una fe en mi Presencia, en mi Justicia, en mi Providencia y mi Amor.

Sin la fuerza de la oración, no podréis resistir las pruebas ni ayudar a vuestros hermanos.

Dos requisitos tan sólo necesitáis para que vuestra oración os acerque verdaderamente a Mí: Vuestra manera de vivir, recta, útil, inspirada siempre en el bien y una fe, de tal manera grande, que os dé fuerza para libraros de los peligros y elevaros sobre toda miseria humana.

Pedid por la humanidad antes que por vosotros. Ella es como un náufrago en medio de un mar de tinieblas y tribulaciones que, en su confusión, no encuentra el faro que ha de iluminarla para ponerse a salvo. Ese faro lo lleva dentro de sí, es la conciencia.

Habéis elevado vuestro pensamiento a Mí en el silencio de la noche, para pedirme la paz y el bálsamo de curación para la humanidad. Os he visto llorar por el dolor ajeno, benditos seáis. ¡No sabéis cuánto alcanza el mundo por vuestra oración!

Orad no sólo en vuestras horas de congoja, sino también en los momentos de alegría. A Mí nada más me ofrecéis lágrimas, penas y tristezas, pero en vuestras alegrías me olvidáis.

Velad siempre, sed como las aves que anuncian el nuevo día, despertad a los que duermen, para que ellos reciban la luz y escuchen la voz del Creador.

Yo os permitiré penetrar en los lugares de dolor, miseria y confusión, para que en ellos seáis mis emisarios y entreguéis la paz y la concordia. Si en esa labor espiritual lleváis el ideal de armonía y fraternidad que os he enseñado, seréis como un ejército que combatirá por la salvación de la humanidad.

Entrad con paso firme en el tiempo de vuestros hechos, en el tiempo de vuestra lucha, pero hacedlo con la sencillez con que enseñé a las multitudes cuando me siguieron al desierto, al valle o a la montaña.

Cuando veáis desatados los elementos, orad por todos, no penséis sólo en vosotros. Pedid por la paz, pues grandes desastres os amenazan, mas no queráis penetrar en mis altos Juicios. Dejad que Yo, con sabiduría y amor, corte de raíz los malos árboles y toque con rigor a las instituciones que han tomado el camino torcido. Ese tiempo está cercano. Yo os prevengo para que viváis alerta y contempléis el cumplimiento de estas profecías.

¿No os dais cuenta de que algo superior está impidiendo que se desencadene en vuestro mundo la guerra más inhumana de todas las que habéis sufrido? ¿No comprendéis que en ese milagro influyen millones de oraciones de hombres, mujeres y niños que, con su espíritu preparado, combaten la influencia de la guerra? Seguid orando y velando. Poned en ese acto toda la fe de que seáis capaces, y sobre la guerra, el dolor y la miseria, tended un manto de paz y caridad con vuestros pensamientos, como un escudo que proteja a vuestros hermanos.

Todo lo que no esté a vuestro alcance, confiadlo al Mundo Espiritual y los seres de luz completarán vuestra obra: así todo será orden, armonía y espiritualidad.

Estad alerta, la lucha se acerca y el adversario se aproxima. No será el faraón del Primer Tiempo ni el césar del Segundo, los que traten de reduciros a la esclavitud temerosos de vuestro desarrollo y de vuestra luz, serán las tinieblas de todos los siglos las que os amenacen y envuelvan: para esa lucha os he dado una espada de luz.

Yo os he preparado y fortalecido para ese tiempo, os he enseñado a orar de ESPÍRITU A ESPÍRITU, para que uséis la oración como arma y protección.

¿Qué puede deteneros en vuestro camino? ¿Qué temores abrigáis? Orad y destruiréis los obstáculos, tened fe y lo difícil lo haréis posible.

Oración, meditación y elevación, son elementos que deben incorporarse a vuestra vida diaria, como parte esencial de ella, para que alcancéis la serenidad y la paz.

Los velos que os habían impedido comprender el significado de mis Enseñanzas, serán descorridos y contemplaréis en el interior del Tabernáculo Eterno, el Arcano del Señor, de donde brota la verdadera sabiduría: en él está todo el pasado, el presente y el futuro de los seres, ahí está el maná del espíritu, el pan de vida eterna, del cual os dije a través de Jesús: “quien de él comiere, no morirá jamás”.

En el Segundo Tiempo, uno de mis discípulos me preguntó cómo debían orar y les enseñé la manera de elevarse al Padre. Ahora os digo: inspiraos en esa oración, en su sentido, humildad y fe, para que vuestro espíritu se comunique con el mío. En aquella oración os enseñé una forma sencilla de hablarme, de elevar a Mí una plegaria de amor, de respeto, conformidad y confianza.

Yo no borro de vuestro corazón aquella oración modelo, sólo os enseño que en vez de hablarme con los labios lo hagáis con el pensamiento y os inspiréis en ella para formular vuestras propias oraciones: que sea el espíritu el que hable con su propio lenguaje. Si la esencia de esa oración se hubiera practicado en verdad, de generación en generación, los hombres habrían alcanzado mayor espiritualidad, su comunicación espiritual conmigo les hubiera servido para edificar un mundo más justo, más hermoso y elevado que el que han creado con su apego a los bienes del mundo.

Yo os enseñé la palabra poderosa, maestra, aquella que verdaderamente os acerca a Mí al pronunciarla con unción y respeto, con elevación y amor, la palabra PADRE; entonces las distancias desaparecen, los espacios se acortan, porque en ese instante de comunicación de ESPÍRITU A ESPÍRITU, ni Yo estoy lejos de vos, ni vosotros os encontraréis lejos de Mí. Orad así y recibiréis en abundancia el beneficio de mi Amor.

¡Cuán distinta es vuestra forma actual de orar si la comparáis con la que empleabais antes de oír esta palabra! Hoy vivís la Era de la oración espiritual.

Aún sois párvulos y no siempre acertáis a comprender mi Lección, mas por lo pronto habladme con el corazón, con vuestro pensamiento y Yo os responderé en lo más profundo de vuestro ser. Mi mensaje se manifestará en vuestra conciencia con una voz clara, sabía y amorosa, la cual poco a poco iréis percibiendo y a la que más tarde os acostumbraréis.

Bienaventurados los que practican en esa forma la oración, porque ellos sienten mi Presencia. Pero Yo recibo todas las oraciones, sea cual fuere la forma: sólo veo en ellas la necesidad y el amor con que me buscáis.

Mañana, cuando ya vuestra oración no sea para pedir que sane vuestros males, sino para recrearos en vuestra comunión conmigo, el espíritu viajará por regiones desconocidas para la mente. A unas llevaréis la luz, de otras traeréis mensajes, de otras más recibiréis fortaleza y deleites para el espíritu. Ésta es la comunicación que el Padre espera del espíritu de sus hijos: la ofrenda de amor que hasta ahora no habéis querido darle.

Penetrad al éxtasis espiritual y entonces lograréis que despierten los sentidos superiores, que surja la intuición, la inspiración brille, el futuro se presienta y la mirada espiritual palpe lo distante y logre lo que antes os parecía inalcanzable.

Lejos estáis todavía de haber alcanzado la perfección, mas id tras ella sin deteneros, soñad con lo elevado de vuestra misión y haced de la verdad vuestro ideal. En mi Espíritu existen dones y misiones que han estado esperando la hora de vuestra preparación, para fortalecer vuestro espíritu y convertiros en profetas y maestros.

María, vuestra Madre Celestial, es poseedora de dones y gracias que vosotros conocéis. Orad ante ella, buscad su ayuda y su intercesión y en verdad os digo que por ese camino, presto llegarán a Mí vuestras peticiones.

Es tiempo de orar. Los hogares que viven en paz deben orar por los que se encuentran destrozados. Las viudas que han encontrado resignación y consuelo, deben acompañar a las que van sin rumbo soportando su dolor. Bendecid con la oración y enviad pensamientos de luz a vuestros hermanos.

Cuando oréis, consagrad ese momento a la comunión con el Padre, olvidad vuestros cuidados y dejad que vuestra voluntad sea la mía. Abandonaos en el Amor Divino y realizaréis prodigios como mis discípulos en el Segundo Tiempo.

No dejéis pendiente nada en el mundo. Amad a la humanidad como a vuestra propia familia. Orad por todos, por distantes que estén. Sanad a los enfermos. Dejad con vuestra vida una estela de luz. Velad, para que recibáis mi Inspiración y entreguéis el mensaje a vuestros hermanos.

No os dé vergüenza llorar. Todos sois niños delante de Mí. Dejad correr las lágrimas, haced que salga el dolor y penetre la alegría. Esas lágrimas hablan más que todas las palabras y dicen más que todos los pensamientos. En ellas hay sinceridad, humildad, gratitud, contrición y promesas.

Al que sienta el dolor de su semejante, al que viva la aflicción de su hermano, le será concedido que sean mitigadas sus pruebas.

Siempre que necesitéis un confidente, un amigo bondadoso, buscadme y depositad en Mí vuestras penas; Yo os aconsejaré el mejor camino y os daré la solución que buscáis.

Son pocos los que saben orar para gozar y muchos los que oran para llorar; a éstos les digo: haced de vuestras tristezas un canto de fe y esperanza tan grande, que podáis sorprenderos al ver cómo vuestro llanto se convierte en un himno de amor y de paz.

¡Mi Paz sea con vosotros!

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