La Ternura Divina

LA TERNURA DIVINA

Con cuánto gozo me recibe vuestro corazón. Es que antes vuestra Madre Divina os ha preparado con su amor.

El ejemplo de María y el de Jesús, están unidos en la obra de redención, y ya que ahora los hombres no han sabido establecer la alianza con su Señor, el nombre de María será el símbolo de su unificación: en Ella se hará la Nueva Alianza en este tiempo.

Debéis saber que si Cristo es el Verbo de Dios, María es la Ternura Divina y desde el infinito, junto a la cruz que nuevamente me habéis preparado, Ella extiende su amor sobre vosotros y os dirige su mirada maternal plena de perdón.

Sobre María, su concepción, su pureza y su maternidad, ¡cuántas teorías y confusiones han creado los hombres!

María encarnó en el Segundo Tiempo para representar la maternidad Divina; fue ejemplo de humildad, abnegación y amor. Muchos han desconocido su virtud, su virginidad; si estudiaran las escrituras y analizaran su encarnación, llegarían a saber que María es esencialmente Divina, su espíritu es Uno con el Padre y el Hijo. ¿Por qué juzgarla humana si es la hija predilecta, anunciada a la humanidad desde el principio de los tiempos, como la criatura pura en quien encarnaría el Verbo Divino?

Hoy vengo en espíritu y no podrá llamarme la humanidad el hijo del carpintero, ni en aquel tiempo hubo justicia para juzgarme así. José, el patriarca, fue en la senda de la virgen y del niño, sólo un ángel guardián visible a los ojos de los hombres.

Muchos siglos han pasado desde que me hice hombre y habité entre vosotros, y todavía vuestra mente no alcanza a comprender la verdad sobre la concepción de María, sobre mi naturaleza humana y mi Espíritu Divino. Mas cuando dejéis a vuestro espíritu elevarse a las regiones de la luz, iluminados por una sabiduría superior a la de vuestra razón y vuestra ciencia, sabréis por el espíritu toda la verdad.

Yo he venido en este tiempo a descorrer el velo de muchos misterios, mediante el conocimiento de las enseñanzas espirituales.

No sólo Yo me he manifestado ahora, también Ella, vuestra dulce Madre; porque éste es el último tiempo en que Dios se ha materializado a través del entendimiento humano, para ser oído y sentido por el hombre.

Sobre la cima de la montaña, donde se encuentra el Maestro, también está María, la Madre Universal. Buscadla y hallaréis en Ella la escala que os conducirá a la perfección.

Hoy conoceréis su voz de Madre, que es arrullo, calor y protección para todas sus criaturas. María es el arca que encierra muchos dones y gracias no reveladas aún.

El mensaje de María es como un manto de consuelo y de ternura, en este tiempo de tribulaciones que atraviesa la humanidad. En el Segundo Tiempo hubo de venir a la Tierra para dar a conocer la esencia maternal, ofreciendo su seno virginal para que en ella encarnara el Verbo. Mas no terminó allí su misión. Más allá de este mundo está su morada, desde la cual extiende su manto sobre todos sus hijos.

El amor de María es vuestro baluarte; con Ella os reunís como los hijos se congregan en torno a la madre. Oíd su dulce Palabra, conmoveos y arrepentíos, para que penetre en vosotros su luz y su Ternura. Una vez así preparados, prometed ante Cristo, ante María y delante de Elías, que formaréis un solo cuerpo y una sola voluntad, que lucharéis incansablemente por arrancar de vuestro corazón el egoísmo, el odio y fanatismo. Si cumplís esa promesa, ante el Arca de la Nueva Alianza, Yo haré que sea menos doloroso vuestro paso por el mundo.

Desde el principio de los Tiempos os fue profetizada la venida del Mesías; también María os fue anunciada y prometida.

El amor eterno, cuya esencia está en el Padre, encarnó en María, la doncella que era flor de pureza e inocencia.

Los que niegan su maternidad Divina, desconocen una de las más hermosas revelaciones que el hombre ha recibido.

Los que reconocen la divinidad de Cristo y niegan la de María, no saben que se están privando de poseer la esencia más tierna y dulce que existe en mi Espíritu. ¿No consideráis justo que al que crea en Mí y me ame, también deba hacerlo con todo lo que Yo amo?

María sabía quien era y cuál la misión de su Hijo. Y en vez de hacer ostentación de aquella gracia, se declaraba tan solo una sierva del Altísimo, un instrumento de los designios del Señor.

María, mujer, es la representación del amor maternal. María, espíritu, es la Ternura Divina que descendió a la Tierra para dar a los hombres su ejemplo de elevación y humildad. En la eternidad, sus brazos abiertos esperan amorosamente la llegada de sus hijos, ella es ejemplo de pureza, obediencia y humildad. Cada una de esas virtudes, es un peldaño en la escala por donde Yo descendí al mundo para hacerme hombre en el seno de aquella mujer. Esa escala es la misma que os presento ahora, para que a través de ella ascendáis hasta Mí, transformándoos de hombres en espíritu de luz.

Cuando María escuchó las palabras que le anunciaban que en su seno concebiría al Mesías, sólo hubo en su corazón sumisión y gozo, porque sabía que en ella debían cumplirse los designios del Padre: recibir en su seno la semilla Divina.

Su obra fue callada y humilde, por eso fue grande como mujer y como madre: aceptó su gran destino, sin ninguna vacilación, por amor a la humanidad; pasó por el mundo en silencio, llenando de paz los corazones, intercediendo por los necesitados, derramando su perdón y piedad sobre los hombres y orando por todos.

El Maestro le dedicó una de sus ultimas palabras: Madre, ¡he ahí a tu hijo! Y a Juan, el discípulo: Hijo, ¡he ahí a tu madre! Con estas expresiones dejó a Juan en representación de la humanidad y preparó en el corazón de los hombres un santuario de amor y de respeto para María, la Madre amantísima. Ella quedó entre los discípulos por un tiempo, hasta que empezaron a extender la buena nueva por el mundo; fue entonces cuando María volvió al seno del Padre, de donde había venido.

María es parte de mí Espíritu. ¿No habéis reconocido en mi Palabra su ternura y su gracia? En esta Palabra hablan el Padre y la Madre, unidos en una perfecta conjunción Divina.

EI espíritu de María es un ejemplo perfecto de sumisión y mansedumbre. En Ella se cumplieron las profecías que anunciaban que el Mesías nacería de una virgen y, después de cumplida su misión en la Tierra, quedó como Madre espiritual de la humanidad.

Mujeres del mundo: imitad a María, evocad el tiempo en que vivió en la Tierra como mujer y como madre, entonces sentiréis vuestro espíritu lleno de fortaleza.

Ella es el modelo perfecto para vosotras, pues vuestra misión es noble y delicada hasta el sacrificio. La mujer despierta al amor el corazón del niño, encauza los sentimientos del hijo por la senda del bien, enjuga sus lágrimas y lo consuela en sus sufrimientos. Es la madre quien enseña al hombre la primera oración, revelándole la existencia del Creador. La sombra de la madre acompaña al hombre hasta el final de la jornada, como María acompañó al hijo amado hasta el pie de la cruz, donde recibió sus despojos.

El que cree en la pureza de María, reconoce que Ella fue elegida por voluntad Divina para ser un ejemplo de ternura y castidad. Vosotros, los nuevos discípulos ante la cátedra Divina, ¿pensáis que os vaya a dejar solos cuando cese mi Manifestación a través del portavoz? No, hijos míos, vuestra madre os sostendrá en la prueba. En los días en que os sintáis solos y me creáis ausente, aunque esté más cerca que nunca de vosotros, su amor os ayudará a sentiros fuertes y a penetrar en el verdadero sentido de mi Enseñanza.

Yo soy semilla de eternidad, María es el riego Divino. He ahí al Padre y a la Madre velando por su Obra; junto a la Palabra del Maestro está su Palabra de Madre; ante la presencia del Juez, Ella es la intercesora.

Amadla e invocad su nombre y sentiréis su Presencia. En verdad os digo que María vela por vosotros y os acompaña eternamente.

Si la buscáis en la soledad de la noche, allí en el Cosmos, encontraréis su imagen. Si la buscáis en la fragancia de las flores, allí la hallaréis y en el corazón de vuestra madre también la tendréis. María es la esencia femenina Universal que podréis descubrir en todas las obras de la Creación. Ya podréis comprenderme cuando os hablo de mi Amor hecho hombre y de mi Ternura hecha mujer. En verdad os digo que doquiera se manifieste mi Espíritu, ahí estarán presentes el amor y la dulzura de María.

En este tiempo os envío mi Luz, para que levantéis en vuestro corazón un santuario y dediquéis vuestra más tierna ofrenda a vuestra Madre Divina, entonces llevaréis dignamente el nombre de Marianos.

En aquel tiempo, Juan, mi discípulo, vio en forma de símbolos los grandes misterios Divinos. Después de una gran señal, contempló a una mujer vestida de sol y la luna debajo de sus pies y sobre su sien había una corona formada por doce estrellas. Aquella mujer sentía dolores de parto y cuando el dolor era más intenso, vio Juan a la maldad en forma de dragón acechándola, esperando sólo el nacimiento del hijo para devorarlo. Era María en el Tercer Tiempo, próxima a dar a luz al pueblo Mariano y la maldad acechándolo en el momento de su nacimiento.

Hoy os digo: el pueblo Mariano ha surgido ya sobre el haz de la Tierra y se encuentra recibiendo su escudo y su espada de amor, para penetrar en la gran batalla.

¿Veis cómo la misión de María no terminó en el Segundo Tiempo? A Ella le está reservada una nueva Era, en la que hablará de ESPÍRITU A ESPÍRITU a la humanidad.

Habéis reconocido que esta palabra viene de Mí y buscáis también el calor y la ternura del amor maternal. ¿No habéis percibido en esta Enseñanza del Maestro la caricia y el amor de la Madre? Sí buscáis a María, la encontraréis en mi Palabra, la que os bendice y acaricia a cada instante.

En Mí hablan el Padre y la Madre, en Mí hablan todos los amores. Si me buscáis en mi Verbo que he derramado en todos los tiempos, encontraréis todo lo que ambicionáis. No habrá vacío en vuestro corazón, en Mí encontraréis al Padre, al amigo, al hermano, al maestro, más también a la madre. Yo soy el amor perfecto, el amor de los amores.

Vosotros buscáis a María como intercesora, la invocáis en vuestras penas y su amor desciende sobre todo el género humano.

Amparaos en su ternura. Yo le he confiado a la humanidad como una hija y Ella siempre ha velado por su salvación. Los ojos que se han preparado para mirar desde la Tierra los Valles Espirituales, la ven descender de la escala de perfección a vuestro mundo llena de gracia, y los corazones sensibilizados por mi Palabra sienten su presencia. Doncellas, esposas y madres, que tenéis el corazón traspasado por el dolor, por la ausencia de un ser amado, nombrad a María, vuestra dulce consejera, amadla con el pensamiento, recibidla en el espíritu y seréis consoladas.

Cuando os levantáis por los caminos para predicar mi Enseñanza, tropezaréis con duros corazones que han cerrado su puerta, para no dejar penetrar ni el amor de María ni su nombre. Para muchos esa esencia sublime no existe. ¿Qué haréis? ¿Vais por la fuerza a derribar aquella puerta para hacer penetrar la Enseñanza Mariana en ellos? ¡No!

Os he dicho que solamente vais a exponer mi Obra, a presentar mi Lección, pero hablaréis en una forma tan elevada, con tanto corazón y tanta verdad, que muchos de aquellos espíritus reacios se convertirán y dirán: En verdad, el espíritu de la Madre flota en el universo, la Doctrina es clara y comprensible, como una fuente de vida que invita a beber, pero nadie está obligado a tomar de ella.

María, a los pies de Jesús en el madero, estuvo sin exhalar una sola queja ni un reproche para esta humanidad. Por eso ante el Padre fue grande como mujer y como Espíritu, porque es la esencia de la maternidad Universal que existe en Dios. En esta hora bendita dejo ese amor impreso en vosotros, porque sois el pueblo Mariano del Tercer Tiempo, que hará reconocer a la humanidad presente y de los tiempos futuros, la existencia de ese amor, de esa fragancia, de esa ternura infinita, de esa intercesión y de esa virginidad incomprendida por los hombres.

A Ella, que está en Mí y en toda la creación, mi Voz le dice: ¡Quedad siempre como Madre Universal! Y a vosotros, que representáis a la humanidad de éste y de otros tiempos, os digo: ¡He ahí a vuestra Madre!

¡Mi paz sea con vosotros!

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