El espíritu

EL ESPÍRITU

Mi Palabra os señala el camino espiritual al que debéis penetrar con todo vuestro amor.

Antes de haber sido creados, estabais en Mí, en donde todo vibra en perfecta armonía, donde se encuentra la esencia de la vida y la fuente de la sabiduría. Por eso os he dicho que este planeta no es vuestra verdadera morada.

Vengo a estremeceros con los recuerdos de vuestro pasado espiritual, cuando no habitabais aún en ese cuerpo que ahora tenéis, que es crisol y lección para el espíritu.

Os hago meditar en la vida espiritual, oculta tras el velo de la materia, para deciros: esa vida os espera nuevamente para que la gocéis en plenitud después de vuestro peregrinaje, experiencias y evolución.

Y os preguntáis: ¿Qué es el espíritu? ¿Cómo debe prepararse para penetrar en la morada en que habrá de habitar eternamente? ¿Qué evolución debe alcanzar y qué relación tiene con los demás seres y aun con la misma Divinidad?

El espíritu es chispa de luz, semilla de amor y germen de vida; tiene sentidos superiores por medio de los cuales puede sentir, ver y comprender lo elevado para alcanzar su perfeccionamiento; posee la conciencia, la inteligencia y la voluntad, la razón y los sentimientos. Por eso el espíritu es, entre las criaturas del mundo, un ser superior que posee todo lo necesario para su progreso. A través de la mente, es como un espejo que refleja la Luz y el Poder de mi Divinidad. Cuanto más elevado es el espíritu y más evolucionada la mente, tendrá que reflejar mayores revelaciones.

El amor, la verdad y la sabiduría, corresponden al espíritu, porque éste fue creado para amar y conocer a su Padre. Sois parte de Él y estáis revestidos de su gracia. Fuisteis puros en el principio y así debéis retornar al Creador.

Yo soy como un sol y vosotros como un reflejo de él. Os formé pequeños para que crecieseis mediante el desarrollo de vuestros dones. La formación de todos ha sido la misma, por lo que sois hermanos en éste y en los demás mundos: todos habéis sido ungidos y lleváis mi bendición.

No sólo sois mentes que hoy piensan y mañana desaparecen; no sois sólo cuerpos que hoy palpitan y luego dejan de existir. Para Mí sois espíritus eternos. Las potencias, sentidos y virtudes que poseéis, hablan de la esencia superior a la que pertenecéis y son un testimonio viviente de la Perfección Divina.

Sólo a la materia corresponde desintegrarse después de cumplir su misión, pero el espíritu que estuvo en aquel ser, la luz de su inteligencia, la razón, la voluntad y los sentimientos, no mueren jamás, porque todo ello forma parte del espíritu inmortal.

Si por un momento pudieseis contemplaros interiormente, quedaríais asombrados de saber quiénes sois y sentiríais un profundo respeto hacia vosotros. Mas si no podéis ver al espíritu, tened fe en él por sus manifestaciones y así, no seguirá siendo ya vuestra materia prisión ni obstáculo para su elevación.

Os he hablado del fuego del Espíritu Santo. De Él nacieron todos los espíritus, limpios y puros: mas si en su camino han llegado a mancharse con la desobediencia, viene de nuevo mi Fuego Divino, mi Amor sobre ellos, a borrar sus manchas y devolverles su pureza original.

Estoy revelando lo que estaba oculto a vuestra interpretación, porque no quiero que ignoréis lo que es fundamental: la inmortalidad del espíritu, su camino ascendente y su final en Mí. Todo lo creado volverá a la fuente de donde procede.

Así como os dije en aquel tiempo, mi Reino no es de este mundo, a vosotros os digo: vuestro reino tampoco está en la Tierra, está más allá de todo lo que muere, de todo lo que cambia, más allá de vuestra mente, en vuestro espíritu.

Las puertas del Reino están abiertas para todo aquel que quiera recibir sus beneficios.

Qué hermoso es el despertar del hombre cuando se pregunta: ¿Quién vibra dentro de mí? ¿De dónde nace la inspiración y quién me impulsa a hacer el bien?

Hoy vengo a deciros quiénes sois, porque aún no os conocéis. Estoy iluminando vuestro espíritu para que penetre en lo insondable por medio de la elevación y la inspiración.

Si los hombres de ciencia que han escudriñado el cuerpo humano, se maravillan de su perfección, ¿imagináis su asombro cuando conozcan la grandeza del espíritu cuya naturaleza es inmortal?

Os asombráis de la inmensidad del mar, de las dimensiones de vuestro planeta y de todo el Universo, pero considerad que sois más que todas esas maravillas, porque poseéis un espíritu que puede transportarse en un instante más allá de esos límites y que, cuando se encuentre purificado y habite en el Reino del Padre, le serán mostradas todas las moradas.

Nadie como el hombre podrá representar mejor a mi Espíritu: su mente es un reflejo de la razón Divina, su corazón es la fuente donde guardo el amor, en su conciencia está mi Luz.

Sois como piedras preciosas que en este tiempo brillarán para hacer luz en el mundo. Para Mí tenéis un inmenso valor. Despertad y dejad que mi cincel os pulimente para que, ya preparados, podáis trabajar diligentemente dando testimonio de mi Enseñanza con verdaderas obras de amor.

Yo seré quien descubra ante vosotros las virtudes, dones, bellezas y poderes que se encuentran ocultos en vuestro ser, ya que estáis recogiendo los últimos frutos de una Era.

Admiráis la inocencia de un ave o la fragancia de una flor, pero no observáis vuestro propio espíritu, ese ser dotado de belleza y gracia que es luz y vida eterna, inteligencia y amor; y de todo esto carecen las aves y las flores. Buscad la belleza del espíritu, ella será en vosotros como un espejo que refleja fielmente la faz del Creador. Con esto no os digo que descuidéis vuestro cuerpo, pero no os afanéis tanto por vuestra imagen exterior.

Quiero que conozcáis vuestras facultades, para que sepáis amarme y vuestro culto sea digno de Mí, así me sentiréis dentro y fuera de vosotros.

Es necesario que os purifiquéis para que los frutos de vuestro corazón sean limpios y agradables, que obedezcáis mis inspiraciones y vuestro trabajo espiritual sea desinteresado.

Para rescataros he tenido que acercarme a vosotros: hoy tendréis que elevaros por la virtud para llegar a Mí.

Los hombres han preparado muchos caminos para llegar al Padre. Yo lo he permitido para que prueben los frutos de su materialidad y sepan que llevan dentro de sí un ser que es parte del Creador. Elevaos y traspasad los umbrales de lo mundano para que os acerquéis a Mí.

No seáis más el verdugo del espíritu, no sea la materia quien lo gobierne. Dejadle que se libere, que rechace las inclinaciones insanas, como quien ahuyenta al lobo que le persigue.

Destruid las barreras que os separan de Mí, los que se aman pueden comunicarse salvando las mayores distancias. Yo os amo y vosotros estáis aprendiendo a amarme, ¿qué os impide acercaros a vuestro Señor?

El espíritu es como las semillas del mundo: nacen, crecen, florecen y fructifican. Pero no todos los seres germinan al mismo tiempo, aun cuando hayan sido sembrados en el mismo instante. Comprended y aplicad este conocimiento al pasado, presente y futuro de la humanidad, de ello obtendréis grandes conclusiones, revelaciones y respuestas a las preguntas y dudas de los hombres.

Tiempos llegarán en que la mente y el corazón humano, purificados en las pruebas y acrisolados en la espiritualidad, perciban por intuición la voz del espíritu.

El libro del saber se abre para revelaros cuántos dones y atributos poseéis, muchos todavía desconocidos para vosotros. Tenéis sentidos superiores que os permiten comprender la esencia de mis Enseñanzas, que os hacen sensibles para percibir mi Presencia.

Si sólo fuese el instinto el que guiase los actos de vuestra vida, no tendría por qué haberos revelado mi Ley y mi Enseñanza, ni hubiese tenido que venir como Redentor a salvaros. Pero no dependéis del instinto, dones propios del espíritu gobiernan vuestros actos.

A muchas fases de la vida material les habéis concedido mayor importancia que a vuestro adelanto y perfeccionamiento espiritual y con ello habéis creado un mundo falso y vacío. Mas ha llegado la hora en que debéis interesaros por lo esencial y cuando eso sea, habréis dado vida y verdadero sentido a vuestra existencia.

Quienes buscan la verdad utilizando sus ojos materiales o su mente, no dan tres pasos sin que hayan tropezado o encontrado un abismo. El camino certero sólo con espiritualidad puede recorrerse. Pero debéis dar su justo lugar en la vida a los elementos que forman vuestro ser, comprendiendo que lo más importante es el espíritu y después de él, ocupando un lugar digno, se encuentran los sentimientos y la mente. El cuerpo es simplemente un punto de apoyo mientras habitáis la Tierra, pero no debe ser el timón de vuestra vida. ¿Acaso un ciego puede guiar al que no lo es?

No creáis que es indispensable al espíritu para su evolución, el cuerpo humano y el mundo material. Yo sólo le he proporcionado esos elementos para su perfeccionamiento. Observad que todo está relacionado con la vida que os espera. El espíritu es semilla de eternidad.

Cuando el hombre se encuentra espiritualmente a sí mismo, siente la presencia de su Padre. Sólo el espíritu despierto y elevado puede penetrar al Reino de la verdad; el humano, por sus conocimientos no lo logrará. Cuando lleguéis a convertiros en hombres de buena voluntad, vuestra vida armonizará con todo lo creado y el fruto de vuestras obras os dará la paz.

Tengo hambre de vuestra espiritualidad. Ciertamente quiero despertar vuestro interés por lograr una vida superior, mas para alcanzar ésta se requiere de la evolución espiritual, no sólo de la mente.

Cuando se unan al espíritu la inteligencia, los sentimientos y todas vuestras potencias, alcanzaréis la elevación necesaria para cumplir vuestra misión. El hombre está llamado a engrandecer su espíritu y buscar la perfección. Esa materia que poseéis, también alcanzará espiritualidad; cuando eso sea, las condiciones de vida de la humanidad cambiarán y de ella brotarán facultades espirituales hasta hoy desconocidas para vosotros.

Toda la existencia humana ha evolucionado, su ciencia, su forma de pensar y de vivir, sus conquistas y ambiciones; sólo ha descuidado la parte espiritual. Es muy poco el trigo que ha germinado y mucha la mala hierba que ha dejado crecer.

Educad vuestro espíritu de tal manera, que se convierta en un buen observador y analizador; acostumbrad vuestra mente a la meditación; elevaos por medio de la oración sensibilizando vuestro corazón para que podáis recibir mis Mensajes y aprendáis el lenguaje espiritual de la vida que os rodea.

El reino del espíritu es infinito y para alcanzar la elevación que os permita vivirlo y gozarlo, es menester conocer el camino y tener luz para ascender por él, sin menospreciar la vida material.

Cuando el hombre sepa que es más esencia espiritual que materia, la ofrenda que presentará a su Señor emanará de la parte eterna de su ser.

Y me preguntáis: ¿Cómo son las mansiones espirituales y la vida de los seres perfectos? Y Yo os digo: no preguntéis lo que no podéis comprender por ahora. Practicad mis Leyes, esto os hará ascender por la escala de perfección desde la cual podréis ir contemplando, conociendo y admirando cuanto tiene reservado el Padre para vuestra felicidad.

Vuestro espíritu, habiendo sido morador del Valle Espiritual, poco ha conservado de su esencia y casi nada sabe de aquella vida.

A veces, admirando las maravillas de la creación, exclamáis asombrados: Señor, cuán grande es tu poder, sin imaginaros que todo lo que os rodea no es sino un pálido reflejo de lo que es la vida luminosa del espíritu.

Los ojos de vuestro cuerpo lo más que han alcanzado a contemplar, son las estrellas más próximas; vuestra ciencia no os ha llevado mucho más lejos y vuestro espíritu, que es el que podría abolir las distancias y descubrir lo invisible al hombre, se deja llevar por el materialismo del mundo y en vez de elevarse, se rebaja, en vez de admirar, duda.

¡Qué grande es vuestra responsabilidad ante Mí! ¿Hasta cuándo vuestros méritos os harán dignos de habitar moradas más perfectas que ésta en que vivís?

Sabed que vuestra felicidad depende de vosotros. Enseñad a los hombres, que en el fondo de su ser, donde creen llevar sólo amarguras, odios y remordimientos, existe una luz que nadie puede apagar: vuestro espíritu.

Si entendéis todas estas lecciones, por reacia que sea vuestra materia y fuertes vuestras pasiones, tendrá que nacer la sumisión hacia el espíritu y ése será el principio para lograr la armonía que debe existir en el hombre para llamarse dignamente hijo mío.

Quiero que en este tiempo alcancéis tal sensibilidad, que baste con que un pensamiento mío se vea reflejado en vuestra mente, para que lo obedezcáis.

No ambicionéis el descanso después de la vida terrenal, porque la dicha perfecta se encuentra sólo en la actividad. La pereza es egoísmo y esa imperfección es de la carne, no del espíritu.

Quienes se empeñen en ignorar una vida superior, morarán en la Tierra caminando sin rumbo, tropezando y cayendo, sin darse cuenta que en el fondo de su ser tienen la llave de la eternidad y la lámpara que puede iluminar el camino que conduce a la sabiduría y a la felicidad.

A veces pensáis que os hablo demasiado del espíritu y que me olvido de vuestras necesidades humanas, a lo cual os digo nuevamente: Buscad el Reino de Dios y su justicia y lo demás se os dará por añadidura.

Cuando eso sea, vendrá a vosotros la paz, la serenidad y el deseo de amar y perdonar.

Salid de vuestro estancamiento, vuestra misión es renovaros constantemente. Nunca se detendrá en la eternidad vuestro desarrollo, porque estáis sujetos a la Ley de perfeccionamiento.

La vida es una constante lección, una lucha incesante, no un goce absoluto. La paz está en la perfección espiritual. El Universo no tiene otra misión que la de enseñar.

Penetrad en la luz de la eterna aurora para que no volváis a vivir en la oscuridad. A semejanza de la noche es la vida del espíritu materializado.

Semejante a la aurora es la existencia de aquél que busca lo perfecto.

Todos al brotar de Mí, fuisteis dotados de una vestidura limpia y pura. ¿Quién ha logrado conservar intacta esa gracia hasta su retorno?

¿Quién ha salido victorioso de todos los combates y tentaciones? Muy pocos; la mayoría viste andrajos y muchos están desnudos. Procurad ataviaros con la vestidura blanca de la virtud aunque a vuestra materia la vistáis modestamente.

Sólo con la práctica de mis Enseñanzas podréis conservar limpia esa vestidura hecha de luz; es tan delicada, que hasta una mirada que refleje maldad hacia vuestros semejantes, puede imprimir en ella una mancha. Ya podéis comprender que si cometéis faltas mayores, no serán sólo manchas las que dejéis, sino jirones los que le arranquéis.

Ahora he venido a vestiros nuevamente, derramando mi Luz sobre todos como un inmenso manto. Por esa Luz el mundo os reconocerá.

Siempre estoy con mis hijos, mas vosotros no siempre estáis Conmigo. Por eso cuando llegáis ante la manifestación de mi Palabra, os digo, sed bienvenidos.

Venid al festín que vuestro Padre os tiene preparado, para que de Él toméis las lecciones que os corresponden y forméis vuestra heredad.

Aquí, en esta mesa os espero a todos. Ante mi Presencia desaparecen razas, castas y linajes: todos me pertenecéis por igual, todos lleváis un espíritu como joya de valor incalculable y es a él a quien vengo buscando. Al final os fundiréis con mi Espíritu, porque de Él habéis brotado y a Él tendréis que volver, puros y dignos. ¡Este es vuestro tiempo! ¡Despertad, levantaos, venid a Mí!

¡Mi paz sea con vosotros!

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