El Creador
EL CREADOR
Percibid el silencio con que el universo saluda y rinde culto a su Señor. Todo entra en dulce sumisión, en profunda adoración, en grata contemplación.
Desde que el hombre estuvo consciente de que poseía facultades que lo diferenciaban de las demás criaturas, tuvo la idea de que le estaba reservado un destino más alto; fue naciendo dentro de su ser la intuición de un Dios, un Ser Supremo y, al mismo tiempo, la existencia de su propio espíritu y la necesidad de elevar un culto o tributo a aquel Ser de quien se sentía proceder.
A través de los tiempos fue formando en su mente una imagen de ese Dios, según su grado de evolución. Así llegó a ver en cada elemento de la naturaleza una divinidad y cuando se desencadenaban sus fuerzas, creía ver en ellas la venganza de los dioses.
Pasado el tiempo fue comprendiendo que Dios es el origen de la vida, de la verdad y del bien; el principio de la fuerza, de la luz y la esencia de las cosas. Entendió entonces que en la fuerza, está la chispa creadora y vivificante, en la luz la razón de ser y el conocimiento de la verdad, y en la esencia el fluido que une las cosas entre sí y les transmite su valor real.
Os habla el Creador, Aquél que no tiene ante quién inclinarse, os digo que si sobre Mí existiese alguien más grande, ante él lo haría, porque en mi Espíritu habita la humildad que siempre os he enseñado.
Yo soy la fuerza que todo lo rige, la potencia y sabiduría que se manifiestan en la naturaleza, como un reflejo de mi Perfección.
El hombre es un destello Divino, una imagen de Dios.
Necesariamente los hijos tendrán que parecerse al Padre, del que brotaron; esa semejanza está en el espíritu, el cual está dotado de los atributos Divinos y tiene vida eterna. El cuerpo humano sólo es una vestidura fugaz.
Hoy vengo a vosotros para que me reconozcáis como el Dios único, Creador de todos los seres; a deciros que quiero hacer de cada uno de vosotros un discípulo y heredero mío.
Éste es el tiempo en que el hombre me buscará espiritualmente, porque reconocerá que Dios es Espíritu Universal. Yo soy el amor, y quien me busque deberá inspirarse en él. El amor es principio y fin en el destino de toda criatura. Ante esa fuerza que todo lo mueve, lo ilumina y vivifica, desaparece la muerte, se esfuma el pecado, se desvanecen las pasiones, se lavan las impurezas y se perfecciona todo.
Soy la Luz, la Verdad y la Vida. Soy el Libro abierto. Desde el principio de la humanidad los hombres han buscado el origen de la vida y el porqué de cuanto les rodea; para ello han empleado la inteligencia. De ahí han surgido sus ciencias y filosofías, pero como la mente humana es limitada para abarcar la verdad que sólo el espíritu puede comprender, ha sido poco lo que la ciencia ha logrado descubrir acerca del origen de la vida. Y es que los hombres no han buscado esa luz en la esencia espiritual, y Yo soy Espíritu. El que quiera encontrar la fuente de la vida, la luz de la verdad y el origen de todo lo creado, habrá de buscarme con el espíritu a través de la oración. El que eso haga, le serán reveladas las enseñanzas que otros no han descubierto en el transcurso de los siglos.
Cuando vuestra inteligencia os lleve al principio, y descubráis cómo nacen y se transforman las criaturas, os maravillaréis al encontrar la explicación de muchas de mis lecciones. Ahí encontraréis que Dios se manifiesta en todo, desde los seres imperceptibles a vuestra mirada hasta los astros mayores. ¿Quién si no Yo puede mantener la armonía en el Universo?
De ese modo comprenderéis que el hombre no es creador de vida, que él tan solo emplea y transforma lo que le he dado para su conservación y recreo.
Yo soy la vida y estoy en todo, por eso nada muere. Analizad, para que no quedéis atados a la forma; preparad vuestro espíritu y me encontraréis en la esencia.
La verdad absoluta no la posee ningún hombre ni está contenida en libro alguno. Esa Divina claridad y esa fuerza omnipotente, están en Mí. Yo soy la verdad.
No pretendáis conocer mis íntimos designios, porque ahí no podéis penetrar. Yo no tengo límite, soy esencia infinita y omnipotencia. Mi Espíritu llena el Universo y al mismo tiempo habita en cada espíritu; para reconocerme y sentirme, es menester identificarse conmigo practicando el bien, amándoos y siendo justos.
Mientras los hombres han querido ver en Mí a un Dios distante, remoto, Yo me he propuesto demostrarles que estoy más cerca de ellos que las pestañas de sus ojos, que conozco hasta lo más íntimo de sus pensamientos. Soy la Luz que ilumina vuestra mente con inspiraciones e ideas elevadas, el espíritu que os anima, la conciencia que os juzga.
Doquiera que os encontréis, ahí estoy.
Así lograréis comprender que mi fuerza se manifiesta en todo lo que es vida, y veréis cómo el concepto de ese Dios que los hombres habían creído distante, inaccesible e incomprensible, desaparecerá, para que en su lugar surja el Dios verdadero, presente en todo sitio y en todo instante. Yo tengo mi santuario en vuestro corazón y os he dado la llave para que podáis abrirlo.
Ha pasado el tiempo en que el hombre adorara a Dios en diversas formas como fueron los astros, los elementos y los ídolos hechos por sus manos. Ahora se siente grande y enaltece de tal manera su personalidad, que se avergüenza de proclamar a Dios y lo designa con otros nombres para no comprometer su vanidad, para no descender del pedestal en que se ha colocado. Por eso me llama Inteligencia Cósmica, Arquitecto del Universo; pero a vosotros os he enseñado a que me digáis Padre. ¿Por qué siendo mis hijos, creen rebajarse al nombrarme Padre?
Si creéis en Mí, si me amáis y queréis seguirme, no importa el nombre que me deis, entre los muchos que tenéis para designarme. Lo esencial es que me sintáis en vuestro ser en la medida que vuestra capacidad espiritual lo permita.
Cuando me conozcáis verdaderamente, me amaréis con más perfección y me diréis humildemente: Dios mío, Padre mío. Al brotar ese nombre del fondo del espíritu, en el cielo se escuchará vuestra voz y le arrancaréis sus secretos al Arcano.
A través de las Eras habéis querido humanizar el amor de Dios dándole diversas formas, pero Yo os digo: no le busquéis tan pequeño, tratad de encontrarlo en la grandeza del Espíritu Santo, dueño de todo lo que ha sido, de lo que es y será. Yo, vuestro Dios, no tengo forma, porque si la tuviera, sería un ser limitado como lo sois vosotros. ¿Qué forma puede tener el Espíritu universal, que no tiene principio ni fin?
Dejad lo insondable en la intimidad de mi Arcano y cuando la muerte corpórea deje en libertad a vuestro espíritu, descorreré un velo más del libro infinito de revelaciones, para que conozcáis al Padre y a vosotros y os extasiéis ante la contemplación de un mundo maravilloso que no será el último que habitéis.
Vosotros no podéis representar ni definir lo infinito, porque es imposible abarcarlo todo con una mente limitada; tampoco vuestro lenguaje puede expresar lo Divino ni definir mi Grandeza con términos humanos. Por eso os digo que no tratéis de encerrar a Dios en palabras y alegorías que nunca podrán daros una idea de la verdad.
Con imágenes, símbolos o vagas definiciones de Dios, sólo lograréis hacer que vuestros hermanos me nieguen o permanezcan en la ignorancia.
A medida que comprendáis el sentido de vuestra vida, el destino del espíritu y el porqué de la evolución, iréis penetrando en el camino espiritual; iréis olvidando las formas que me atribuisteis y de vosotros se irán borrando las falsas creencias y conceptos erróneos, que por tantos siglos ha alimentado la humanidad.
Buscadme en lo infinito con la sensibilidad de vuestro espíritu, mas no pretendáis mirarme. Juan mi discípulo del Segundo Tiempo, no contempló en su visión a mi Espíritu en toda su magnitud. Sólo presenté a su pupila espiritual figuras que encerraban un profundo simbolismo que él no alcanzó a interpretar.
¿Quién podrá analizar la esencia de mi Ser? Mi Espíritu es infinito y no habita en un lugar determinado, está en todas partes, en lo espiritual, en lo Divino y en lo material. Aún os falta mucho para que alcancéis a concebirme en mi Verdad absoluta, ya no a través de fantasías forjadas por vuestra mente.
No tratéis de imaginar el cielo, porque nunca podréis concebirlo en toda su perfección. Cuando os libertéis de todo lo material, sentiréis como si rompieseis las cadenas que os ataban, como si una gran muralla se derrumbase ante vuestra vista, como si una espesa bruma se disipase. Entonces contemplaréis un horizonte sin límites y un firmamento desconocido, profundo y luminoso, que será una de tantas moradas que vosotros habitaréis.
Unos decís: Dios está en los cielos; otros: Dios habita en el Más Allá; pero no sabéis lo que decís ni comprendéis lo que creéis. Ciertamente Yo habito en los cielos, mas no en el lugar que habéis imaginado. Yo me encuentro en los cielos de la luz, del poder, del amor, del saber; en los cielos de la justicia, de la felicidad y la perfección.
Estoy en el Más Allá, sí, pero más allá del pecado humano, más allá del materialismo, de la soberbia y la ignorancia; por eso os digo que voy a vosotros, hacia vuestra pequeñez, porque os hablo en tal forma, que vuestros sentidos puedan percibirme y vuestra mente comprenderme; no es que llegue de otros mundos o moradas: mi Espíritu habita en toda la creación.
Tenéis que esforzaros para alcanzar la meta espiritual que os he trazado: la de conocer a vuestro Padre, amarle y rendirle culto a través de vuestro espíritu; hasta entonces comenzaréis a presentir la verdadera gloria, el estado de elevación, armonía y paz, que son el paraíso a donde habréis de llegar todos.
Yo estoy en todo lo creado, por encima de todas las sabidurías, soy la verdad, nada hay contradictorio en Mí.
Soy actividad inagotable, y ante ese ejemplo, debéis ser incansables en el cumplimiento de vuestra labor. Comprended que el trabajo es una bendición y que por medio de él os acercaréis más a Mí. Os digo que no tengo un sitio determinado en el infinito, porque mi presencia está en todo lo que existe, por eso cuando elevéis vuestra mirada, hacedlo como algo simbólico, porque vuestro planeta gira sin cesar y en cada movimiento os presenta nuevos cielos y alturas. Ese infinito del que os hablo no lo podréis medir jamás con vuestra mente.
Vuestro espíritu es mi templo, mi morada. Vuestra conciencia es la intérprete de mi Voz de Justicia. Eso os demuestra que no sois absolutos, sino que procedéis de un Ser omnipotente y debéis de someteros a su Voluntad.
Los hombres que estudian a Dios no están de acuerdo con los científicos. ¿Quiénes están en la verdad? La religión y la ciencia han estado siempre en pugna, sin comprender que una y otra deben vivir en perfecta armonía. Científicos y religiosos tienen diferente misión entre la humanidad, mas debieran imitar la obra Divina, armonizando unos con otros, como los demás seres de la creación. Yo soy la ciencia, el principio y fin de todas las cosas, el Alfa y la Omega, la Luz que lo ilumina todo.
Mientras las criaturas humanas discuten mi Divinidad y mi Doctrina, existen mundos en donde soy amado con perfección. Todavía no os he revelado todo cuanto tengo reservado a vuestro espíritu.
Si todos los hombres rindiesen culto a la verdad, al amor y a la justicia, que son atributos de mi Espíritu. ¿Creéis que en el mundo podría existir el dolor, la guerra, el hambre y la muerte? Nada de ello amenazaría vuestra vida y sí en cambio habría paz y salud en el espíritu y el cuerpo. Soy para vosotros maestro, amigo, doctor y consejero.
Depositad en Mí vuestras penas, secad vuestras lágrimas y confiadme vuestras esperanzas y anhelos: hacedme vuestro confidente.
Nadie puede ocultarse a mi mirada, puesto que soy omnipresente. Yo os seguiré por doquiera que vayáis, como vuestra sombra; ningún pensamiento escapa a mi Divinidad ni existe obra oculta o ignorada por Mí. Lo mismo estoy en los espíritus justos que habitan mansiones elevadas, que en aquéllos cuya turbación espiritual les hace crear y habitar mundos de oscuridad.
Soy perfecto y espero de vosotros perfección, para ello os doy el tiempo necesario.
Os di la Ley en el Primer Tiempo sobre el monte Sinaí a través de Moisés; en la Segunda Era me transfiguré en el monte Tabor para mostraros mis planes Divinos. Ahora me presento sobre la montaña de la elevación espiritual para invitaros a llegar hasta Mí, en donde encontraréis sabiduría y amor.
¿Quién se manifiesta en este tiempo entre vosotros, el Padre, el Hijo o el Espíritu Santo? Yo os contesto: vuestro Dios. Si en el Segundo Tiempo os dije: Quien conoce al Hijo, conoce al Padre, hoy en Espíritu os digo: Quien escuchó a Jesús, recibió a Jehová y al Espíritu Santo. No miréis tres dioses, sino un solo Espíritu que se manifiesta en plenitud. En esta palabra encontraréis al Maestro, descubriréis al Padre y sentiréis la presencia del Espíritu Santo.
Así como es una sola la verdad, una sola es la esencia que os he entregado a través de los tiempos, así la llaméis Ley, Doctrina o Revelación.
En mi Espíritu existe un número infinito de fases y atributos, mas por haberme manifestado en tres formas a través de tres tiempos, os he llamado trinitarios. Ahora ya sabéis unir esas tres revelaciones en una sola, mirando en ella a un solo Dios, que lo mismo puede manifestarse hoy como Juez, mañana como Maestro y más tarde como Padre.
Yo estoy sobre el tiempo, sobre todo lo creado. Mi Divino Espíritu no está sujeto a evolución. Los tiempos me pertenecen. Vosotros sí tenéis principio, sí estáis sujetos a leyes de evolución y sentís sobre vuestro ser el paso del tiempo. No digáis entonces que el Padre pertenece a una era, Cristo a otra y el Espíritu Santo a otra.
El Padre, es el poder absoluto, el Creador universal, el Increado, el Eterno, que no pertenece a ninguna era, sino los tiempos pertenecen a Él. Cristo, es la manifestación del amor de Dios. Y el Espíritu Santo es la sabiduría que se está derramando en vosotros, porque ya estáis capacitados para comprender sus revelaciones.
Ved en mis manifestaciones, a través de los tiempos, a un solo Dios que os ha doctrinado por medio de múltiples lecciones.
Todo esto puede resumirse así: Tres potencias y un solo Dios, una sola voluntad.
Si el Espíritu Divino fue en Jesús, éste fue hombre y Dios: hombre por su naturaleza material y Dios por su naturaleza espiritual. En cuanto hombre, tuvo manifestaciones propias del ser humano: sentía y sufría como hombre; mas el conocimiento que tenía de su misión le hacía sobreponerse a sus necesidades materiales y a las tentaciones. Todo lo que no estaba en armonía con su misión, era evitado por Él. Así, a través de aquel varón justo y puro, se manifestó Dios como hombre.
Cuando Jesús concluyó su misión, su Espíritu volvió al Padre, llevando en sí la huella de la vida humana, las pruebas a que se sometió en cuanto hombre. Por eso es que el Hijo, siendo el Amor del Padre, tiene algo de vosotros, por lo cual os sentís comprendidos, sabiendo que vivió en vuestro mundo y pisó el mismo polvo que vosotros.
Os formé a imagen y semejanza mía y si soy trino y uno, en vosotros existe también esa trinidad: un solo ser formado por tres naturalezas: la material, el cuerpo, la espiritual el espíritu y la Divina, la conciencia.
Ved cuánto amor hay en vuestro Dios, que siendo omnipotente no se detiene en limitarse, para que podáis comprenderlo y sentirlo, que se multiplica en vosotros para mostraros que no sólo es Hacedor y Juez, sino al mismo tiempo Padre. Ahora comprenderéis que mientras cada uno de vosotros sufre su propio dolor, el Espíritu Divino siente el de todas sus criaturas.
El verdadero concepto del Amor de Dios no es conocido aún en la Tierra, a pesar del mensaje que os envié a través de Jesús. Pero si Yo supiese que el hombre no habría de salvarse, no vendría a él con el amor con que siempre le he buscado. Es imposible la separación entre el Creador y sus criaturas; no es posible que haya distancia entre Cristo y los hombres, así como no puede existir un cuerpo sin cabeza ni el Sol sin planetas.
El Arcano que os estoy revelando es mi propio Espíritu, el cual se encuentra más allá de la escala de Jacob. Yo no estoy en la escala, porque soy perfecto, en ella sólo están los seres que evolucionan y caminan en pos de la perfección.
No debéis decir que Cristo nació en el mundo, quien nació fue Jesús, el cuerpo que albergó a Cristo. Antes que Jesús, ya era Cristo, porque Él es el Amor de Dios.
¿Quién os está hablando de Cristo, discípulos? Él mismo, el Verbo, quien viene a vosotros nuevamente: no dudéis de mi Presencia por la humildad con que me presento. La ostentación no puede estar conmigo.
El que llama a vuestras puertas no viene con regios atavíos. Llega con vestidura de caminante en busca de albergue.
El espíritu de Dios es como un árbol infinito en el que las ramas son los mundos y las hojas los seres que los habitan. Si es una misma savia la que pasa del tronco a las ramas y de éstas a las hojas, ¿no pensáis que hay algo de eterno que os une a todos entre sí y os funde con el Creador?
De esta manera os muestro que entre Dios y el hombre existe una relación íntima. Amadme, aun cuando no podáis imaginar cómo soy. Yo no tengo forma, soy simplemente el amor, la sabiduría, la belleza, la fuerza…
No me limitéis en la forma de Jesús. Si queréis recordarme o meditar sobre mi manifestación en cuanto hombre, hacedlo, practicando mis Enseñanzas. Concebidme infinito, para que reconozcáis la prueba de amor que os di, haciéndome semejante a vosotros; después, mediante la práctica de las virtudes, haceos semejantes a Mí.
Ved que no hay forma precisa bajo la cual podáis imaginar a vuestro Dios. Estoy en todo, lo mismo en lo espiritual y eterno que en la naturaleza material.
Mi Doctrina hará evolucionar el concepto que de mi Espíritu ha tenido la humanidad.
Escuchad la voz de la sabiduría que torna la ignorancia en luz; oíd ese dulce coloquio de amor que hace grata la existencia del hombre en el conocimiento de la vida y la eternidad.
Si creéis que me semejo a un rico avaro que todo lo quiere para sí, porque todo lo cuido y lo guardo celosamente, en verdad os digo que lo creado no ha sido para Mí, sino para vosotros. Yo sólo quiero vuestra felicidad para que la gocéis cuando entréis en la vida espiritual.
Yo soy quien todo lo hace, sin Mí nada existiría; pero así como he dado vida a los espíritus, les he participado de mi Obra, de mi Trabajo, de mi Creación.
Todavía os sentís distantes de la paz y la armonía, y tenéis razón, porque es tan diferente en cada hombre el concepto sobre la vida eterna, que parece fuesen diversos dioses y existiese uno para cada hombre.
La comunión entre el hombre y Dios puede verificarse también por medio del conocimiento del Universo, en el que se manifiestan mi Grandeza y mi Poder.
El ideal de muchos es llegar a conocer y amar a Dios, pero no han sabido buscarme donde habito verdaderamente. Recordad lo que dije en aquel tiempo a la mujer de Samaria: “Dios es espíritu y es necesario que le adoren en espíritu y en verdad”.
Ha llegado la hora en que me sintáis como Espíritu, dejando atrás vuestro materialismo.
No me imaginéis tocado con corona y ostentando cetro, buscadme en lo infinito, en donde no existen formas, porque como Dios no las tengo.
Soy Luz, Amor y Justicia; todo el que manifieste en su vida estos atributos, estará comprendiéndome y representando a su Señor. No creáis que me presento sólo en los que me buscan con pureza y perfección. Yo vengo a todos. Cada quien me busca según su capacidad y evolución.
No quiero que analicéis mi Espíritu o me estudiéis a la manera de los científicos, porque caeríais en grandes confusiones. Os he enseñado a elevar el espíritu por medio de la oración, para que consultéis con humildad y respeto a vuestro Padre; entonces el Arcano se abrirá y os dejará contemplar cuanto esté reservado a vosotros y sentiréis llegar al entendimiento la Luz Divina que lo explica todo. Yo soy el Dador, aquél que tiene más que daros que vosotros que pedirme, Yo sé de las necesidades de la materia y del espíritu y sé de vuestras aflicciones.
Mi palabra es bálsamo de curación, sanad de vuestros males poniéndola en práctica. Cada palabra es una gota de la fuente de vida.
Siempre que realicéis una buena obra sentiréis mi Paz. Es que en esos instantes os habréis unido a Mí.
Recordad que os ha bastado pronunciar la palabra Padre, para que todo vuestro ser se estremezca y el corazón se sienta invadido por el consuelo que os da mi Amor. Sabed que cuando me llaméis con ternura, también mi Espíritu se estremecerá de gozo.
El destino del hombre no es sufrir. No os he enviado a padecer, sino a perfeccionaros para llegar a Mí.
¡Ah, humanidad, que me tenéis tan cerca y no me sentís! Me percibe el que lleva la paz y pureza en el corazón; aunque de cierto os digo que estoy en todos los hombres por mucho que hayan pecado. El que ha sido, no morirá jamás, y quien existe me lleva en sí por siempre.
Estáis en la consumación de los tiempos. Ya vuestro espíritu no está sujeto a la vida material: él ha penetrado en la eternidad.
No temáis al futuro por no conocerlo, no lo veáis con incertidumbre, pensad que Yo estoy en el tiempo y soy la eternidad.
Entre Dios y sus criaturas existen lazos que nunca podrán romperse, si los hombres se sienten lejos de su Padre, es por su falta de espiritualidad o de fe. Ni la muerte, ni la falta de amor, podrán destruir esos lazos que los unen a Mí.
Nadie puede huir de mi Presencia. No existe morada o sitio alguno donde podáis ocultaros de Mí. Doquiera vayáis, ahí estaré y en donde os encontréis, estaréis conmigo.
Meditad: si estoy en vosotros, ¿a dónde me lleváis cuando pecáis? Os hablo así para remover la ceniza que hay en vuestro corazón, hasta encontrar en él una chispa de luz.
Yo haré oír mi Voz a todos en su conciencia, una voz de Padre, de Maestro y de Juez, que penetrará en los corazones haciéndoles latir de amor.
La obra espiritual constructiva es la que espera a las futuras generaciones. Cuando el hombre viva consagrado a esta noble y elevada misión, sentirá que ha encontrado la armonía con su Creador.
Hoy me complazco en saberos seguros transitando por mi Senda. Mañana será el gozo Universal cuando todos viváis en el hogar espiritual, que hace tiempo espera vuestra llegada.
He aquí mi lección, cristalina como el agua, para que calméis vuestra sed. Discípulos: para las grandes obras se necesitan mentes elevadas y corazones dispuestos: desarrollad vuestros atributos y sed grandes.
Formad un pueblo de paz, un ejército al servicio del bien.
¡Mi paz sea con vosotros!